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Quizás el culpable de la muerte violenta de Walter Concepción Acuña Gahona no sea el vigilante de un centro escolar que le disparó, sino la sociedad y quienes indujeron al muchacho de 28 años a las adicciones de las drogas y del licor


ESTELÍ

La familia de Walter está clara de que el vicio destruyó la vida del joven, pero se preguntan cómo realmente fue su deceso, pues hasta hoy sólo confusión han encontrado por medio de las investigaciones policiales. Juan José Morán, el vigilante que mató al joven a balazos, alegó que lo hizo en defensa propia… era su vida o la del intruso, justificó.

Morán, en su momento, dijo a las autoridades policiales y del Ministerio Público que requirió al extraño, quien se introdujo a los predios del colegio, y luego a un kiosco, pero en vez de alejarse del lugar reaccionó violento con un machete, y por ello en respuesta el vigilante le disparó con una escopeta de balines. La muerte fue instantánea.

Por el lunar de pelo

La viuda, Olivia Gutiérrez Dávila, con quien procreó un niño que ahora tiene dos años, asegura llorando amargamente, que en su memoria todavía están los recuerdos de aquella fatídica madrugada del dos de noviembre de 2008, cuando le llegaron a avisar a la familia que estaba un joven muerto a balazos en los predios del centro escolar, y que por las características, un visible lunar de pelo que tenía en la frente, era casi seguro que se trataba Walter Concepción.

En efecto, sin esperar más tiempo, la familia se movilizó en horas tempranas de la mañana a reconocer el cadáver, y fue cuando comprobaron que se trataba del muchacho. Olivia, una joven humilde que no pasa de los 25 años, todavía resiente la muerte de su esposo a pesar que ya han pasado cuatro meses.

El día anterior al hecho, la familia, con Walter presente, ya había planificado que ese dos de noviembre irían todos en visitar la tumba del padre de éste, pero el destino les jugó una mala pasada, y en vez de ir al cementerio, se quedaron todos en el velorio del muchacho para luego el tres de noviembre darle cristiana sepultura.

La familia resiente el hecho de que el guarda haya argüido en el proceso que se le siguió que todo lo hizo en defensa propia, y por ello las autoridades actuaron con benevolencia para exonerarlo. Son del criterio de que como el muchacho ya está muerto, no puede defenderse, y las autoridades se conformaron con la versión del vigilante, se queja Bertha Catalina Gahona Lovo, madre del difunto.

“Hubo mucha indiferencia en el proceso, porque se trataba de un muchacho que era víctima de la misma sociedad, que no lo apoyó para rescatarlo de las drogas y el licor”, se queja la madre.

Mataron a su padre

La familia de Acuña Gahona ha vivido “las mil dificultades”. Doña Bertha Catalina recuerda que en los años 80, un miembro del entonces Ejército Popular Sandinista y otro del ya fenecido Ministerio del Interior, en circunstancias nunca esclarecidas, mataron al padre de Walter cuando éste era un niño de tres añitos.

“A mi marido lo acusaban de contrabandista y de contra”, relata la adolorida madre, quien cree que todo se debió a la simple envidia, porque tanto antes de 1979 cuando los sandinistas llegaron al poder, como en la década de los 80, el padre de Walter viajaba a Honduras a revelar rollos de película, pues era fotógrafo comercial y se ganaba la vida de forma honrada.

Con el conflicto bélico que vivió Nicaragua hace más de 20 años, y como la familia de Walter vivía en la zona fronteriza con Honduras, en Teotecacinte, Jalapa, departamento de Nueva Segovia, decidieron trasladarse a vivir a Estelí.

Pero la mala suerte siempre les rodeó, a pesar de que la madre, cual gallina con sus polluelos, siempre trabajó para dar a sus hijos alimentos y estudios. Dos de los vástagos de doña Bertha, incluido Walter, se juntaron con “las malas amistades”, que los introdujeron a la vagancia y a las drogas, y con el tiempo abandonaron sus estudios.

Recuerda con sumo dolor que cuando aún tenían quince y dieciséis años sus vástagos eran incapaces hasta de fumarse un cigarrillo, pero de pronto, las malas “gavillas” y el vicio los absorbieron.

La señora Gahona, quien profesa la religión evangélica, asegura que sólo Dios sabe los sinsabores que le ha tocado enfrentar en la vida. Pero considera que gracias a la fortaleza divina es que ha logrado sobreponerse a las vicisitudes, porque prácticamente Walter y su hermano fueron abandonados por la sociedad.

Reivindicado por unos días

La madre suplicó a ambos muchachos que dejaran la vagancia y las drogas y que siguieran el camino de Dios, y por lo menos Walter acató su consejo unos días, pero cuando se encontraba con las malas amistades volvía a aquel mundo que provocó que el guarda de seguridad le disparara varios escopetazos de la forma más cruel y fría, dice.

“Yo no digo que mi muchacho era un ángel, pero tampoco era para que me lo matara ese hombre”, refiere con amargura la madre, expresión que es secundada por los seis hermanos del difunto.

Algunos hermanos, resentidos con la muerte de Walter, al inicio advirtieron que aplicarían la Ley del Talión, de “ojo por ojo y diente por diente”, ante lo que consideran una total falta de justicia. Pero luego reconocieron el abordaje objetivo que le dieron los periodistas, a quienes agradecieron por su apoyo, y a la vez condenaron a quienes agraden a los hombres y mujeres de prensa.

Gracias a los consejos de la atormentada madre, que a pesar de su dolor actúa de la forma coherente, racional y constructiva, los hermanos de Walter desistieron de aplicar lo que consideran justicia por sus propias manos.

Doña Bertha detalló que el vigilante sólo hizo disparos letales, a partes del cuerpo vulnerables, como la cabeza, y la región torácica. “Debió al menos dispararle a los pies, porque suponemos que ellos, como vigilantes, no deben ser tan ignorantes y desalmados de disparar en áreas donde con poco pueden causarle la muerte a un individuo”, argumentó.

“Cruelmente le desbarató la cabeza, y son mentiras que haya recibido un balazo en la frente, más bien parecía que se trataba de un machetazo, porque él tenía una tremenda herida en esa parte. Nosotros lo lavamos, ya que nadie fue digno de limpiarlo”, agregó.

Pero además, los parientes de Walter están convencidos de que el cuerpo fue arrastrado, porque presentaba raspones en la cara y los codos, lo que podría indicar que alguien arregló la escena para certificar la versión del vigilante.

Robó, pero no era violento

Rosa Nidia Acuña Gahona, hermana del difunto, aceptó que su hermano estuvo detenido en algunas ocasiones por robo, lo que para ella no era motivo de su homicidio, pues él nunca fue violento. Esta dama, que profesa la religión evangélica, indica que no quiere venganza ni desea que sus demás hermanos “se manchen las manos”.

Mencionó que incluso en una ocasión, meses antes de su muerte, Walter fue baleado por un hombre, y pese a que los vecinos los azuzaban para que denunciaran al agresor, ellos prefirieron dejarle la justicia a Dios.

Rosa Nidia asegura que Walter y su otro muchacho nunca vendieron o expendieron drogas, sí las consumían, sin embargo, sus familiares han sido víctimas de operativos policiales, sin estar inmersos en ese mundo. De hecho, esta familia es tan pobre que para el velorio de Walter y luego para darle cristiana sepultura en el cementerio municipal San Francisco de Asís, de la ciudad de Estelí, hubo que pedir ayuda a los vecinos.

Doña Bertha Catalina reconoce que el medio en donde se criaron sus muchachos los dañó, porque en el barrio La Chiriza hubo en años anteriores varios expendidos de drogas, lo que dejó como “herencia” a varios adictos. Sin embargo, un hermano del difunto, que estaba también metido en ese mundo, se ha regenerado y ahora es hombre de bien.

Los parientes de Walter, aún dolidos, expresan que varias veces pidieron ayuda en la Policía esteliana para tratar de rescatar a Walter, pero en esa institución los oficiales les dijeron que como se trataba de un adulto nada podían hacer, porque si éste no tenía la fuerza de voluntad suficiente para ir a internarse a un centro de rehabilitación para adictos a las drogas, ellos tampoco lo podían hacer.

Los funcionarios de centros de rehabilitación con presencia en Estelí, aunque conocían de la situación de Acuña, tampoco les brindaron su mano amiga, y por ello siempre la tragedia las perseguía, hasta que se dio el desenlace fatal: la muerte del muchacho.

Esta familia y los pobladores de La Chiriza se encuentran también preocupados ante los rumores que han circulado en Estelí, sobre que en los próximos días saldrán en libertad los hermanos Martha Jeaneth, Jovel y Franklin Salgado Amador, quienes de acuerdo con las autoridades policiales, durante quince años tuvieron un expendio de drogas en el sector.

Fue el dos de diciembre de 2007 que los Salgado Amador fueron apresados cuando la Policía les encontró una fuerte cantidad de marihuana que expendían. Purgan condenas en el Sistema Penitenciario Regional de Estelí, sin embargo, podrían ser beneficiados por abogados con grandes influencias en el Poder Judicial.