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JALAPA, NEUVA SEGOVIA
Jackson Reynerio Larios Agurcia, de 34 años, murió al instante de recibir un impacto de una bala de arma corta, en la parte superior del cuello. La detonación fue realizada por un agente policial, cuando vio que el primero venía sobre él con una filosa arma blanca.

El hecho sangriento ocurrió a eso de las 5:40 de la tarde del último viernes, en la comarca Chuslí, jurisdicción de este municipio, en la carretera hacia la fronteriza Teotecacinte. El médico forense, doctor Jorge Calderón, determinó que Jackson Reynerio falleció por shock hipovolémico, pues la bala le perforó la yugular
El hombre, al que también se le conocía con el mote de “Cutacha”, se transportaba en una bicicleta, cuando dos policías en motocicleta le dieron la orden de alto, la que fue ignorada por el sospechoso. La patrulla alcanzó a Larios Agurcia, quien rápidamente dejó el biciclo y se lanzó contra el policía Pedro Rafael Larios Valladares.

De acuerdo con el relato del comisionado Héctor Zelaya Zelaya, y de una testigo que se bañaba detrás de unos plásticos al momento de los hechos, el agente y el sospechoso se trenzaron en una lucha a muerte, y el sujeto le decía al uniformado: Te mato o nos vamos los dos”. Fue el momento en que el hombre desplegó una navaja grande con la intención de herir al policía.

Según un compañero de Larios Valladares, fue un momento difícil en que vio que el rebelde le podía herir de muerte e hizo el disparo que tomó la dirección fatal hacia la nuca
La agresividad con que se opuso “Cutacha”, hace indicar que estaba dispuesto a llevar la droga a su destino aun a costa de su vida o de la de los que se le presentaran en el camino.

Tenía un “rosario” de delitos
De acuerdo con el informe que brindó el comisionado Héctor Zelaya, jefe policial en Nueva Segovia, el ahora occiso, traía consigo una mochila cargada con dos paquetes de marihuana que pesaron 882.3 gramos (casi dos libras), los cuales transportaba desde el municipio hondureño de Trojes.

Zelaya dijo que la sección antidrogas de la Policía venía dando seguimiento a las actividades ilícitas del ahora difunto, desde inicios de 2006, y se le consideraba un abastecedor de marihuana a los expendios de Jalapa, Ocotal y Estelí.

Además, le achacaban una serie de delitos, y se le presumía como un ex miembro de la peligrosa banda que lideró Porfirio Monjarrez, supuesta autora del asesinato de un distribuidor de licores en la comarca El Limón, así como sospechosa de la comisión de otros delitos como plagio y robo con intimidación.