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Una mujer acusada de violar junto a su pareja a una menor de 13 años enfrentará un juicio, según decidió hoy un juez en Managua, quien tiene como principal prueba una serie de fotos del delito cometido.

Marjurie Pérez Muñoz es la mujer procesada por supuestamente violar varias veces en el año 2011, junto a Freddy Alguera Arana, a una adolescente de 13 años

Las agresiones  sexuales contra la entonces menor de edad quedaron registradas en fotografías que los acusados hicieron con una cámara digital.

El delito se habría repetido entre julio y diciembre del 2011.

Por estos hechos, calificados como violación a menor de edad, relaciones sexuales con menor de edad mediante pago, explotación sexual en la modalidad de pornografía y lesiones psicológicas graves, ya purga condena Freddy Alguera.

La menor sufrió violaciones entre julio y diciembre de 2011. La imagen es referencial. Archivo/END

El hombre, quien aparentemente es pareja de Marjurie Pérez, ha sido sentenciado a 50 años de prisión, pero por disposición constitucional solo estará 30 años en la cárcel.

En el extenso escrito acusatorio se asegura que Marjurie Pérez, valiéndose de la amistad con los padres de la menor, la pidió prestada para que fueran a su casa en un barrio de Distrito III de la capital.

Estando en la casa, la acusada propuso a la víctima que se bañaran “porque sentía mucho calor”, propuesta que la adolescente aceptó, pero cuando se duchaban ingresó al baño -sin ropa- Freddy Alguera.

Acto seguido, el sentenciado procedió a violar a la menor y después lo hizo la mujer, quien le introdujo un objeto sexual.

Así cayeron

Las agresiones sexuales contra la víctima salieron a relucir cuando Marjurie Pérez llegó a un cyber café cercano a su casa y descargó las fotografías de la cámara digital en la computadora.

Lo que no estaba en los cálculos de los acusados es que el dueño del cyber café empezó a dar mantenimiento a los equipos y encontró las pruebas del delito de violación.

Tras encontrar las imágenes, el dueño del local dio aviso a la Policía.

El sentenciado, para no ser delatado por la víctima, le hacía regalías de calzado, ropa y bisutería pidiéndole que no dijera a nadie de lo ocurrido.