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Carlos Enrique Correa Jiménez, un abogado de Masaya de mucho éxito en su corta carrera profesional, y su “amor prohibido”, Susana Centeno Miranda, una joven de origen campesino, se reencontraron en el apartado valle de San Antonio de la Joya, cuna de la fémina matagalpina, donde el hombre encontró su “tumba”

Pero el rencuentro que prometía terminar con una noche llena de romanticismo fue frustrado por un criminal la tarde lunes seis de abril, justo en el inicio de la Semana Santa.

La pareja regresaba de la única venta que hay en el valle San Antonio de la Joya, jurisdicción de Ciudad Darío, cuando de forma inesperada Correa fue apuñalado por el sujeto Francisco Pravia Martínez, quien sigue prófugo de la justicia.

Los testigos aseguran que Correa fue atacado por Pravia cuando éste reclamó de forma verbal a un “piropo vulgar” dicho por el criminal a Susana Centeno, quien caminaba de la mano junto a su amado y una sobrina. Carlos a su vez cargaba en brazos a otra niña de la familia Centeno.

Acto seguido, el asesino se sacó de la cintura un filoso cuchillo que clavó debajo de la tetilla izquierda a Correa, hasta perforarle el pulmón izquierdo.

No pudo hablar más

Enrique Correa, padre del profesional asesinado, dijo que la estocada propinada a su hijo fue una “cuchillada limpia y mortal”, por la precisión con que fue hecha.

Pedro Pablo Centeno, padre de Susana Centeno, uno de los primeros en auxiliar a su yerno, narró que Carlos Enrique Correa murió casi de forma inmediata, porque no pudo hablar más.

Correa, quien fue trasladado en una camioneta al centro de salud de Ciudad Darío, llegó muerto al lugar, a eso de las siete y 15 minutos de la noche, confirmaron las autoridades médicas.

El crimen aconteció cuando la pareja pasaba frente al pozo de agua del cual se abastecen los habitantes de esa comunidad rural.

Correa, quien años atrás fue procurador departamental de Masaya, no pudo defenderse porque llevaba en brazos a una de las sobrinas de su prometida.

Cuando ocurrió el crimen, apenas tenía una hora de haber llegado al referido caserío, ubicado 20 kilómetros al este de Ciudad Darío.

¿Rechazo de clase social?

El crimen del ex procurador departamental de Masaya, quien hasta el momento de su muerte era casado de “saco y corbata” con una dama de una prominente familia de esa ciudad, ha dejado al descubierto el supuesto rechazo de los Correa para con la nueva pareja de su pariente, por ser de origen campesino.

Epifania Miranda, madre de Susana Centeno, una señora de carácter fácilmente irritable, la arremetió contra la familia Correa, a cuyos miembros acusa de haber tratado con menosprecio a su hija, por ser de origen campesino.

“Sí, ellos se querían, si no fuera así, él (Carlos Correa) no la hubiera llevado a vivir a su casa en Masaya, donde una de sus hermanas la sacó hasta con la Policía”, aseguró Epifania Miranda.

El percance familiar fue confirmado por un pariente de la familia Correa, pero aclaró que Susana Centeno fue sacada de la casa que ocupaba en Masaya, pero porque fue rentada a terceros y no por razones de clase social.

Los progenitores de Susana Centeno aseguran que durante los dos años que Carlos Enrique Correa estuvo en Estados Unidos, los “novios” siguieron comunicándose.

“Él le mandaba dinero para pagar sus estudios universitarios de odontología”, manifestó Pedro Pablo Centeno, quien recuerda a su yerno como un hombre con un “corazón extraordinario”.

De bellas facciones

De Susana Centeno Miranda, una joven espigada, tez blanca, cabello castaño, ojos pequeños, quien en la actualidad tiene 19 años, la única referencia que da su familia es que está recluida en un centro asistencial, bajo cuidados médicos.

Igualmente, los progenitores de la joven Centeno confirmaron que ella ganó hace algunos años un certamen de belleza celebrado en Ciudad Darío.

“Sí, mi hija ganó un concurso de belleza, y por eso la gente dice que son vagas”, confirmó Epifania Miranda, sin esconder su enojo por la revelación hecha por los lugareños.

Sospechan trama

Para los familiares de Carlos Enrique Correa, el crimen de su pariente no es un hecho circunstancial, sino que parece tratarse de una trama.

Por información obtenida posterior al crimen, la familia Correa Miranda se enteró de que por alguna razón desconocida el celular de Carlos Enrique Correa se activó al producirse una llamada telefónica al celular de Susana Centeno.

En esa comunicación telefónica, de la que supuestamente no se percató Correa, Susana Centeno oyó que éste contaba que había regresado al país con la intención de reconciliarse con su esposa, de la que nunca se divorció.

El escenario antes planteado hace suponer a la familia de la víctima que la joven amante entró en celos y planeó “algo malo” contra el hombre con quien tenía una relación extramarital.

Carlos Enrique Correa estuvo dos años y un día en Miami, Estados Unidos, tiempo en el cual supuestamente estuvo tratando de restaurar su relación marital con su esposa.

Los familiares de Carlos Enrique Correa, quien el dos de abril había cumplido 35 años, también fundamentan sus suspicacias en la supuesta indolencia con que Susana Centeno los llamó telefónicamente para comunicarles de la tragedia.

“¿Qué pasó?...” “Nada... Carlos está muerto”... “¿Cómo que está muerto?...” “No entendés que muerto es muerto”, recuerda la hermana mayor de Carlos Correa cómo se desarrolló aquel diálogo telefónico, donde se le comunicaba del deceso de su consanguíneo.



Otras razones
para sospechar

Sobre la afirmación de una de las hermanas de la víctima, Pablo Centeno, padre de Susana, asegura que la comunicación no se desarrolló en los términos arriba narrados.

A la familia Correa Jiménez también le llama la atención el hecho que su pariente, al salir de Masaya, el Lunes Santo, se dirigía hacia Ocotal, atendiendo la invitación de un amigo de la universidad.

Sin embargo, aparentemente recibió una llamada telefónica de Susana Centeno, razón por la cual cambió de destino.

La familia doliente señala que no es posible que Susana Centeno, conociendo al criminal por ser un sujeto con antecedentes delictivos en esa comunidad, no le haya advertido a Carlos Enrique Correa de que el hombre con que estaban tratando es un criminal.

Epifania Miranda, madre de Susana Centeno, rechazó los señalamientos hechos por la familia Correa contra su hija y, por el contrario, sostuvo que “el criminal es un hombre que ha hecho mucho daño a sus hijas”.

Las autoridades policiales de Ciudad Darío únicamente se han limitado a decir que están investigando el paradero del asesino, quien supuestamente huyó hacia Managua.

El valle San Antonio de la Joya se localiza 20 kilómetros al este de Ciudad Darío. Se llega a él recorriendo un camino de tierra bordeado por paredones y vegetación.

Según los lugareños, el crimen de Correa es el primero que sucede en esa comunidad campesina del departamento de Matagalpa en más de 30 años.

El crimen del ex procurador de Masaya, quien por esas paradojas de la vida nació en la víspera de la Semana Santa de 1974 y que falleció de forma violenta en la Semana Mayor de 2009, no sólo trunca la carrera de un valioso profesional, sino también la vida de un extraordinario ser humano, de quien se asegura siempre fue una persona con un corazón bondadoso.