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Hemos recibido la siguiente carta:

No hay dolor más grande que un ser humano pueda sentir en esta vida que la pérdida del hijo de sus entrañas. Nuestro hijo Carlos Enrique Correa Jiménez, quien murió asesinado impunemente el Lunes Santo seis de abril, ha enlutado nuestros corazones, dejándonos transidos de dolor. Su recuerdo es sagrado, pedimos encarecidamente respeto a su memoria.

Carlos Enrique creció en el seno de nuestra familia con valores cristianos, logrando formarlo como un profesional trabajador y muy humano.

En una época de su vida el amor tocó a su puerta y se casó no de “saco y corbata”, sino con amor y convicción, con una joven que escogió e hizo su esposa con la bendición de Dios. Hicieron su vida muy unidos por ocho años, y los últimos dos años con nosotros, sus padres, en nuestra casa en Estados Unidos; trabajaba llevando una vida familiar correcta y siempre pensando en regresar a ésta, su Nicaragua, a rehacer su matrimonio con su esposa, a quien siempre amó entrañablemente. Testigo de todo esto son sus más íntimos amigos, a quienes manifestó recientemente, a su regreso a este país, este anhelo.

Por razones no de amor, sino de circunstancias, se encontró desafortunadamente en ese lugar el día de su asesinato, el cual no ha sido esclarecido y existen muchas interrogantes e incongruencias acerca de esto. Por lo tanto no podemos asegurar, como ciertas versiones que en EL NUEVO DIARIO aparecieron el domingo 19 del corriente, acerca de su vida y sus últimos momentos, ya que fueron vertidas por personas que trataron de destruir su matrimonio.

Como padres cristianos amamos a todas las personas, pero no transamos con el pecado que se estaba interponiendo en la vida matrimonial de nuestro hijo, inescrupulosamente y por intereses económicos. Somos cristianos, no discriminamos la pobreza y sencillez de las personas que humilde y horradamente se ganan el pan, pero sí rechazamos y rechazaremos fuertemente a personas que no respetaron su vida y matrimonio
Dios, que lo ve todo, juez misericordioso, sea el que conociendo la verdad dicte su sentencia divina en este caso, castigando a los culpables y brindándonos perdón y resignación en medio de nuestra pena, y dé el eterno descanso a nuestro amado hijo, quien en el corto tiempo que pasó por esta vida, fue un ser humano del que uno de sus mayores atributos fue la caridad.


Carlos E. Correa Montiel y Cloty J. de Correa

Nota del redactor:
Con asombro he leído la carta enviada a la Redacción de EL NUEVO DIARIO, donde se pretende deslegitimar la objetividad desplegada en el reportaje publicado el pasado 19 de abril sobre las circunstancias que rodearon la muerte del abogado Carlos Correa Jiménez. Sin pretender polemizar con la familia doliente y sintiendo mucho respeto por la pena que la embarga, eso no significa de manera alguna que tengamos que autocensurarnos o censurar a las otras personas, aduciendo que lo dicho por ellas no es cierto.

Ustedes tienen todo el derecho de no aceptar una u otra versión en torno a la tragedia que los conmueve, pero eso no significa que como medio de comunicación vamos a dejar de plasmar lo que dicen las otras personas, además a ustedes se les consultó para conocer su versión de la tragedia, la cual fue expuesta de forma veraz en el referido artículo.


Ernesto García