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JALAPA, NUEVA SEGOVIA

Desde tempranas horas del sábado cuatro de abril, dos hombres tomaban licor en una humilde vivienda de la comarca Teotecacinte. Casi era una costumbre de diario y a veces hasta había “bailongos”.

En la casa vivían, además, la dueña, una mujer de 33 años, los hijos de ésta, una adolescente de 15, una menor de 10 y un infante de dos. De los dos beodos, uno es amigo de la familia y el otro, padrastro de los menores.

Al amigo de la casa le llaman “Melvin”, aunque su verdadero nombre es Holman Méndez Palma, de 30 años, de acuerdo con la cédula 489-210578-000LL. Este hombre, según testimonios brindados a la Policía, estuvo enamorando a la pequeña Yaritza, la de 10 años, y hasta intentaba tocarle la cabeza, lo que fue reprochado por la mamá de ella. Pero él y su anfitrión, Kelvin Matías Rivera Siles, de 24 años, no paraban de tomar licor y hasta se sospecha que también le agregaban marihuana a la tertulia.

La quinceañera Evelenia esperaba la noche para asistir a una fiesta bailable, a la que iría con su novio, bajo la aprobación de su mamá, Dilcia María Aguilar Ramírez. Y así fue.

En tanto, Yaritza y su hermano menor, de dos años, buscaron a Dios y acudieron a un culto evangélico, sin saber que era la última vez que estarían juntos. A eso de las ocho de la noche, la niña regresó a acostarse con su hermanito. En tanto, los dos hombres seguían allí en su parranda casera.

A esa hora, a Dilcia María se le ocurrió ir a buscar a su hija adolescente, y según dijo a la Policía, se hizo acompañar de su consorte, aunque éste aseguró que se había quedado acostado. Una madeja que los investigadores no lograron desenredar.

De cualquier modo, es en ese momento cuando se supone que “Melvin” quedó solo y libre para moverse dentro de la estrecha vivienda, con un patio lleno de ladrillos de adobe en secamiento, y en uno de los cuartitos, Yaritza y su hermanito, profundamente dormidos.

La hora terrorífica

A eso de las nueve de la noche, a una patrulla policial del sector, Dilcia María le avisa que su niña de 10 años, Yaritza, había desaparecido de la casa, y que sospechaba que “Melvin” se la había llevado, lo que asociaba al comportamiento abusivo que le había observado en la mañana.

Poco antes, la mujer también había ido a preguntar por su hija a casa de una tía política. Y a eso de las once y media de la noche, los gendarmes recibieron el espeluznante mensaje, siempre de parte de Dilcia, de que había encontrado a su hija, pero muerta, y en el fondo de la letrina de su casa.

¿Cómo la encontró? Fue la primera pregunta que le formularon los investigadores, y Dilcia María respondió que por el “shorcito” que estaba en la cama.

El subcomisionado Nixon Morán, jefe policial en el municipio, recuerda que en ese instante, la mujer comenzó a culpar a “Melvin”, y así se armó una discusión entre la familia, y por supuesto a tejer las coartadas, frente a los uniformados, que ya estaban sedientos por recabar los datos para capturar a los implicados en el horrible suceso.

Coincidentemente en ese instante, reapareció “Melvin”. Él y Matías fueron retenidos para ser interrogados.

La terrible noticia se “regó” entre el vecindario, y el tumulto por saber detalles no se hizo esperar, mientras voluntarios se disponían a sacar el cuerpo de la menor, apartando la caseta forrada con plástico negro.

El cadáver yacía en el fétido escusado con unos cuantos adobes encima que el asesino tomó de los que endurecían en el patio, quizás para el proyecto de ampliar la pobre vivienda.

El doctor Jorge Calderón Gutiérrez, forense del Instituto de Medicina Legal, IML, estimó que Yaritza había fallecido cerca de las nueve y 10 de la noche del sábado. “Murió por asfixia debido a estrangulación, por las marcas moradas en el área del cuello que el victimario dejó con sus huellas dactilares. Y tenía la lengua prensada con los dientes”, resumió el galeno. Además, explicó que el examen supone que después de muerta la echaron a la letrina. Determinó que hubo penetración vaginal y anal.

Con calzoncillo en bolsa del pantalón

Después de los interrogatorios y la recolecta de evidencias en la cama donde dormía Yaritza y en toda la vivienda, los uniformados despejaron las dudas. Los presuntos autores del asqueroso delito estaban presentes: eran Melvin y Matías, los que fueron esposados y llevados a las celdas preventivas de la ciudad de Jalapa.

Los agentes estaban en la dirección correcta, pues en la requisa corporal que aplicaron al “amigo” invitado de la casa, le hallaron en el bolsillo del pantalón el calzoncillo sucio, el que aparentemente olvidó ponerse tras consumar el hecho.

Además, presentaba en el cuello rasguños, un moretón en la cara y una raspadura en un codo. “Eso indica que la niña, en su desesperación, manoteó para defenderse o en su intento de quitarse al hombre de encima”, supone el subcomisionado Oswaldo Olivas, jefe departamental de la Dirección de Auxilio Judicial, DAJ, quien junto a Morán se puso al frente de la inspección técnica en la escena del crimen.

Sobre esas señas en la piel, Méndez Palma, al que le acumulan más presunción material en el hecho, sólo atinó a decir: “No sé cómo me las hice…”, y luego guardó silencio. Se conoció que el vello de mujer encontrado en sus vestimentas correspondía al cabello de la infortunada menor, según un examen practicado por el IML.

En el juicio final para determinar quién es responsable del hecho también saldrán a relucir otras pruebas periciales como la contrastación de sudor, entre el victimario y víctima, y la relación hemática, por las piscas halladas en la camiseta de Méndez Palma.

La comunidad ya tiene una sentencia

Casi al unísono, los lugareños demandan justicia, y no eximen de culpa al padrastro y a la misma madre de Yaritza, porque permitía un escenario de riesgo permanente para la niña. “Vamos a pedir apoyo para que nos paguen un bus y estar en Ocotal, para demandar justicia y cárcel para los culpables”, dijeron, para estar presentes en la fecha del juicio oral y público para el único detenido, que es Méndez Palma.

Beto Amador, un respetado líder comunitario en Teotecacinte, expresó que “la justicia debe ser pareja en este caso; el castigo no debe ser solamente para el que quedó preso, sino también para el padrastro e incluso para la mamá de la niña, porque aquí creemos que todos están implicados”, señaló.

Mujeres Oyanka, organismo defensor de los derechos de la mujer y niñez, también se ha pronunciado condenando el crimen y exige una pena severa para los hechores.

El suceso estremecedor ha motivado nuevos compromisos policiales en la comarca, que roza con la línea fronteriza con Honduras. Un policía profesional más, donde sólo había uno; además, dos uniformados voluntarios. “Y haremos patrullajes sorpresivos para confrontar los expendios de licor y los puestos sospechosos de venta de drogas”, dijo Morán.

En la asamblea, con más de un centenar de pobladores, realizada el 15 de abril, salieron nuevas revelaciones sobre las andanzas de los implicados en el asesinato, y documentan otras denuncias para determinar nuevas detenciones.

Mientras llega el día “D” para “Melvin”, el próximo 22 de mayo, su defensa ha solicitado a la judicatura de Ocotal, donde ha radicado la acusación el Ministerio Público, por “violación agravada y concurso real con delito de asesinato”, un examen psiquiátrico para determinar las facultades intelectuales y afectivas del indiciado, además de analizar la sangre extraída del reo para descartar la existencia de alcohol y drogas. Se trata de una “ventana” que el abogado trata de abrir para salvar a “Melvin” de una posible condena con largos años en la prisión.

“Pero, como en todos los casos, nos estamos preparando”, indicó Martha Yelena Shion Tercero, fiscal departamental, con la seguridad de que habrá justicia, tal como lo demandan los teotecacinteños.

Fulminante acusación de abuela

Doña Digna Emérita Aguilar Zamora, de 83 años, es la familiar de la niña victimizada que no ha logrado superar el duelo. Apenas le mencionan el caso, toma su sayal para secar sus lágrimas. “Era mi bordón --bastón-- que me acompañaba a todas partes”, recuerda. Ella estaba en Honduras cuando por una radio nacional de Nicaragua oyó la triste noticia.

Con su Yaritza había cultivado un sentimiento de ternura, con el que ambas se proferían amor, y la viejecita ya venía sufriendo por las condiciones de maltrato y riesgo que según ella vivía la criatura. Y por eso insistió en quitársela a su hija, Dilcia María, y llevarla al vecino país. La madre de la pequeña Yaritza se negó y hasta se enemistó con doña Digna Emérita.

“Ese día que me fui para Honduras, yo la llevé al culto. Yo le dije que iba a orar por ella. ‘Está bien mamita, yo también voy a pedirle a Dios por usted’, cuenta que contestó Yaritza. Las dos se fusionaron en un abrazo y lloraron.

Afirma que cuidó a sus nietas desde los cinco o seis meses de nacidas, cuando Digna se iba a trabajar a Managua, y es así que Yaritza vivió un tiempo dentro de la familia.

No obstante, la anciana poco a poco observó que los principios morales en su hija iban variando. “A ella no le parecía que le reclamara porque los niños miraban muchas cosas. ‘Es cierto que las podés hacer, pero ante la mirada de tus hijos no’, le decía yo. Eso no me gustaba, porque los chigüines le miraban todo el disparate”, relató.

También le reclamaba a su hija por el hombre que tenía a su lado, porque no asumía ninguna responsabilidad de la casa, y que llegaba sólo para quitarle el dinero de los pagos quincenales que ganaba en la industria local del tabaco. Dilcia cada vez fermentaba más odio para ella, hasta el extremo que en un día le sacó de la casa, poniéndole su ropita en la calle.

La abuelita afirmó que Dilcia amenazaba a Yaritza para que no se fuera con ella, y lo peor vino en una ocasión que trataba de llevarse a su nieta. “Ajá, le respondía la niña, yo me voy con mi mamá, (la viejecita)”. Y la mujer le dijo: “Ya te lo dije, la verdad que cuando vuelva esa vieja (refiriéndose a su propia madre) le voy a decir a Matías (su marido) que se embole, que la desnude y que la viole” (palabras textuales de doña Digna Emérita).

Es por ello que la anciana Digna Emérita acusa a su hija, Dilcia María, de complicidad en el asesinato de la niña, “porque siempre las dejaba solas, ella se iba con el hombre y cuando regresaba era emborrachada”, señaló la anciana.

Este periodista visitó la casa de Dilcia María, donde ocurrió el horripilante asesinato, pero la puerta principal estaba sellada con candado. Nuestra intención era obtener su respuesta ante estos graves señalamientos, pero una vecina nos dijo que ella andaba en el trabajo, en un sector rural de la comarca.