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A sus 38 años, Dulce María Castillo es de esas personas que no creen en fantasmas y casas malditas. Aun así, buscó un pastor para que bendijera la propiedad que actualmente ocupa.

Antes de mudarse, compartía el mismo inmueble con su suegra y dos hijos. En mayo del 2017, al enterarse que alquilaban un lugar barato, decidió que era momento de tener independencia e intimidad.

La casa es sencilla. Está construida con bloques y consta de una sola ventana. El techo en perfecto estado y el piso está embaldosado. Un cerco construido con láminas de zinc viejo rodea la propiedad.

El terreno es amplio y tiene dos árboles de gran tamaño. El de mangos está a metros del portón principal, en el costado sur. Y el de guayaba, al otro extremo, costado norte.

Por su  ubicación, el guayabo no está a simple vista, pero al caminar en dirección de sur a norte, bordeando el cerco, puede observarse por completo la propiedad.

Todo queda al descubierto y fue precisamente esta situación la que permitió a un vecino observar al joven Isaac Chávez Canales tratando de ocultar los cuerpos de su progenitora, Eymi Canales Pérez, y su padrastro, Denis Medina Pérez.

Este crimen ocurrió semanas antes que Castillo y sus vástagos se mudaran a este lugar, en Ciudad Sandino. Y lo que sucedió, según las autoridades, es que la noche del 17 de febrero del 2017 el joven discutió con su madre porque le tenía retenido su celular.

Isaac Chávez Canales asesinó a su madre y padrastro. Archivo/END

La mujer había hecho esto porque su hijo, tres días antes, le había tomado sin su consentimiento una plancha de cabello. En la discusión, el joven intentó agredirla y su pareja, Medina Pérez, intervino.

Se suscitó un forcejeo y ambos cayeron al piso, esto fue aprovechado por el ahora reo, para tomar un mazo y pegarle en la cabeza a su padrastro. Con el mismo mazo, golpeó a su madre.

Al intentar reincorporarse el padrastro, lo remató y luego le propinó cuchilladas. Al siguiente día, 18 de febrero, sacó los cuerpos al amplio patio y los colocó cerca del árbol de guayaba. Los cubrió con ropa de segunda mano que vendía su madre y los roció con gasolina.

Por casi una hora los cuerpos ardieron. Un vecino se percató del olor y observó la escena detrás del cerco de láminas de zinc. Posterior a esto, la casa quedó en abandono por unas semanas, hasta que llegó un nuevo inquilino, el que no duró mucho tiempo.

“El otro señor se fue porque escuchaba pasos y voces. Le escondían las llaves y le mecían la hamaca cuando dormía. No estaba tranquilo y se fue al mes”, explica Castillo mientras termina de barrer el patio.

La  historia de por qué huyó el otro inquilino, Castillo la escucha con frecuencia de sus vecinos, que no conformes de contar esa historia, buscaban satisfacer su morbo preguntando si a ella no le ocurre lo mismo.

“Todo el que pasa frente a la casa se fija, no sé qué buscan. Otros me dicen que me vaya, que la casa está maldita, pero no creo en eso. Antes de venirme, mi pastor ungió la casa con aceite, hicimos un culto y vigilia”, expresa Castillo.

Caso Nahúm Bravo

En el barrio Los Ángeles, al oriente de Managua, también se registró un crimen que dio suficiente carne para desmenuzar. Nos referimos al triple asesinato planeado y ejecutado por Nahúm Bravo, en marzo del 2015.

El 25 de ese mes, Santos Bravo salió de su casa a comprar cuajadas, como de costumbre. Nahúm, conociendo la rutina de su padre, ingresó a la propiedad y se encontró con su hermana, Leticia Bravo Murillo.

Minutos después, con la complicidad de Jairo Ugarte, alias “El Pelón”, aprovechó el primer descuido de su hermana y la tomó del brazo, le tapó la boca y el “El Pelón”, con una navaja, la hirió 40 veces, provocándole la muerte.

La acusación que presentó el Ministerio Público dice que tras colaborar con el asesinato, Nahúm lavó la navaja y dejó el cuerpo de su hermana tirado en el piso.

Aquel día, cuando Santos Bravo regresó de comprar las cuajadas, “El Pelón” y Nahúm lo esperaban. Lo abordaron por la espalda y sometieron con una llave conocida como el popo. Le propinaron botellazos y tubazos en la cabeza, hasta matarlo.

Nahúm Bravo, fue sentenciado a 68 años de prisión. Archivo/END

Horas más tarde, llegó a la casa Rosibel Murillo, la madrastra, quien corrió la misma suerte al ser atacada con tubos y palos.

Al siguiente día, Erick Blandón y Orquídea Orozco Sandoval, pareja de Nahúm, ayudaron al joven tratando de ocultar el crimen. Blandón lavó la sangre del lugar y Orquídea lo acompañó a comprar arena.

En un camión llevaron el pedido y lo descargaron cerca del portón principal del taller. En una fosa colocaron los cuerpos uno sobre otro. En teoría, los cadáveres permanecerían ahí por siempre.

En la práctica lo que sucedió es que al descomponerse, los vecinos se percataron de un fuerte olor. Las autoridades llegaron al sitio y excavaron. A Nahúm y sus tres cómplices los llevaron ante un tribunal.

Nahúm Bravo y Orquídea Orozco. Archivo/END

Blandón está condenado a 18 meses de prisión, mientras que Orquídea Orozco a tres años y seis meses. Jairo Ugarte, alias “El Pelón”, a 71 años y seis meses por ser coautor del triple crimen. En tanto, al protagonista de esta historia, Nahúm Bravo, a 68 años.

No obstante, la ley establece que sólo pueden cumplir 30 años de prisión.

En el inmueble donde ocurrieron estos asesinatos funciona actualmente una comidería. Por meses los herederos de Santos Bravo intentaron venderla en 1.2 millones de dólares, al no lograrlo, decidieron arriesgarse con el negocio familiar.

La espera que desespera

Desde que sus dos hijos están presos, doña Silvia Rodríguez no es la misma. Se le ve pensativa todo el tiempo y tiene clavada la mirada en el horizonte.

Silvia Rodríguez, madre de dos acusados de asesinato. Foto: Bismack Picado/ENDDejó de comer y duerme muy poco. Había un tiempo en el que solía levantarse temprano para atender su negocio, una amplia pulpería en el barrio Milagro de Dios, al noroeste de Managua.

Pero el 27 de noviembre pasado, la vida como la conocía, le cambió. Ese día sus hijos, Pedro Pablo y Francisco Bravo Rodríguez, fueron arrestados por la Policía Nacional.

A sus hijos las autoridades lo señalan de haber cometido un crimen atroz contra un miembro de su misma familia.

Según la acusación presentada por el Ministerio Público, los hermanos Bravo asesinaron y quemaron al joven José Mercedes Hernández Bravo. El crimen lo habrían cometido en el negocio de doña Silvia.

La Fiscalía precisa que el occiso llegó al negocio y pasado unos minutos discutió con un menor de edad. Pedro Pablo Bravo intervino y ocurrió la tragedia.

El menor y los hermanos Bravo envolvieron el cadáver en plástico y lo metieron en una caja de cartón, posteriormente lo trasladaron a un basurero que está cerca al residencial Villa Sol, en Managua.

Basurero donde fue encontrado el cuerpo de José Mercedes Hernández Bravo. Archivo/ENDEsto fue el 25 de noviembre. Al siguiente día, un caponero localizó el cuerpo. Horas después, la Policía allanó la pulpería y detuvo a los implicados.

La Fiscalía ofreció, en la audiencia inicial realizada el nueve de diciembre, unos videos en los que se aprecia el momento en que una camioneta sale del garaje de la casa de doña Silvia. En la tina del vehículo se logra apreciar el cuerpo sin vida.