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Un giro de 180 grados tuvo en su comportamiento Wilfredo Segundo Pérez Coronado, quien pasó de energúmeno a llorón. El hombre lloraba e imploraba el perdón de su pareja, quien aparece en segundo plano, de espaldas, luego de que vecinos de la Colonia Esperanza y Reconstrucción le impidieron que la siguiera golpeando en presencia de su hija, una niña de cinco años. En medio de la desesperación, el mal padre y mal marido en un momento en vez de decir a su cónyuge que le diera una última oportunidad le dijo “Arlen, dame un último suspiro”, pero las súplicas no le sirvieron de nada y hoy tendrá que pasar el Día del Padre nicaragüense en la cárcel. FRANK CORTÉS / END