•   LAS MINAS, RAAN  |
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Un Día del Padre horrendo vivió una niña de ocho años, ya que en su presencia, un grupo armado acribilló a tiros a su progenitor, Dionisio Álvarez Hernández, de 30 años, y como éste no moría, usaron un filoso machete para decapitarlo.

La menor a gritos les rogó piedad a los desalmados, a los que les pidió que no le mataran a su padre. “No maten a mi papito, no lo maten, por favor no le hagan nada, no, no, por mi Diosito, ya no le haga daño”, les imploró la pequeña, cuando los criminales disparaban contra la víctima.

El hecho, con una excesiva saña, ocurrió en la mañana del 23 de junio, en el lugar llamado El Rosario, a unos 50 kilómetros al noreste del municipio de Rosita, en la Región Autónoma del Atlántico Norte.

El occiso, según su esposa y ahora viuda, con un machete iba a trabajar a una siembra de arroz en la propiedad de Domingo Antonio Mayorga Jirón, ya que era mozo. Salió de su casa, en compañía de su hijita de ocho años, y luego lo alcanzaría su vástago de 13, que por alistarse se había atrasado.

Pero lamentablemente cuando había avanzado casi cuatro kilómetros sobre un camino de monte, el infortunado fue interceptado por un grupo de unos ocho tipos, que sin mediar palabra alguna apuntaron con sus armas en dirección a la humanidad de Dionisio Álvarez, y le dispararon a quemarropa.

La víctima no murió por las balas que le impactaron en la espalda, costado y pierna derecha, además de otro balazo en la rodilla izquierda, sino que, inmediatamente fue decapitado. La cabeza quedó unida al cuerpo por apenas un hilo de carne.

En la escena del crimen encontraron dos proyectiles percutados de fusil Ak, dos más de rifles calibre 22 y otros dos de un revólver 3. 57.

Tres de los asesinos participaron en ese crimen atroz, utilizando máscaras con gruesas orejas, tipo Mickey Mouse. Los otros actuaron con los rostros descubiertos.

La Policía hasta ayer no fijaba una posición oficial en cuanto al móvil de ese aterrador caso, limitándose a profundizar las investigaciones en el lugar de los hechos.

Aunque por las circunstancias y por tanta saña, parece ser una “pasada de cuentas”. No hay personas detenidas por este caso.

Cabe señalar que en esa zona se vive en una zozobra por los conflictos de la tenencia de la tierra entre indígenas y mestizos. La niña que presenció el salvaje crimen contra su padre está traumatizada, no ha parado de llorar, no ha comido y se encuentra sumamente nerviosa.