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La Policía del Distrito Tres de Managua investiga la muerte del joven estudiante del V año de Ingeniería en Sistemas, Carlos Alberto Pomares Espinales, de 21 años, tras recibir un disparo de arma de fuego en la cabeza, la noche del pasado sábado.

Oficiales de Información y Análisis del distrito policial, confirmaron que Pomares Espinales, murió a las 9:40 de la mañana del domingo, en sala de intensivos del Hospital Antonio Lenín Fonseca, a consecuencia del disparo que recibió en la cabeza.

La información policial fue escueta. Sólo se conoció que mientras Pomares Espinales caminaba en una de las calles del barrio Altagracia, un desconocido le disparó en la cabeza. La Policía presume que el móvil del crimen fue el robo de un teléfono celular. Testigos del hecho aseguran que el muchacho hablaba por teléfono, mientras caminaba tranquilamente.

Logró hablar

La testigo detalló a EL NUEVO DIARIO que el joven caminaba de la cooperativa Águila del Sur, dos cuadras hacia el lago y unos sujetos lo seguían a pocos metros. Cuando le dieron alcance uno le puso un arma en la cabeza y disparó.

También relató que Pomares Espinales, quedó bajo un árbol de Nin. Cuando llegaron a auxiliarlo, aún pudo hablar. “El le contó a la Policía que le habían robado su celular y la billetera”, relató la testigo.

Acababa de salir

La señora Ruth Pomares Suárez, madre del joven asesinado, relató que su hijo salió cerca de las 6:30 de la noche, aunque no detalló hacia dónde se dirigía, y que de pronto le llegaron a decir que su hijo estaba herido.

En el hospital el joven fue sometido a una cirugía pero no resistió las lesiones que sufrió por el disparo de arma de fuego. “Fue a quemarropa”, dijo la adolorida madre.

Familiares del fallecido relataron que Carlos Alberto era el único hijo varón de doña Ruth, y que gracias a su entrega a los estudios, estaba a pocos meses de terminar su carrera como ingeniero en Sistemas.

“Nos quedamos paralizados cuando vimos que el hombre le disparó al muchacho”, aseguró una testigo, quien explicó que producto del impacto emocional no pudieron accionar de inmediato. “Estaba ahí, tirado y todavía hablaba”, señaló la mujer que pidió omitir su nombre.