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La frase popular que reza “las apariencias engañan” probablemente sea la mejor forma de describir a Francisco Inés Martínez Uriarte, de 61 años, quien la noche del primero de enero asesinó de tres impactos de bala a su esposa, Lea Basilisca Chévez López, de 57 años.

Esto, porque viendo a Martínez, sentado sobre un taburete en la entrada a las celdas preventivas del Complejo Judicial de Nejapa, vestido de camiseta, short y en chinelas, con el abdomen abultado y el pelo canoso, pareciera que se trata de un abuelo bonachón, a quien por alguna equivocación han llevado a la cárcel.

Sin embargo, detrás de esa falsa imagen que este sexagenario vende a primera vista, se esconde un energúmeno que por siempre maltrató a su esposa y mantuvo bajo terror a sus hijos. Pero el clímax fue el asesinato de ella.

“Yo siempre le tuve miedo, porque sabía que siempre (Francisco Martínez) había usado pistola”, relató Salvador Martínez Chévez, uno de los ocho hijos de este matrimonio, que para doña Lea Chévez estuvo marcado por la violencia del machismo que heredó su marido de su padre.

Ana Jarquín, nuera de doña Lea, apesarada por la tragedia que envuelve a esta familia que habita en la Zona 6 de Ciudad Sandino, dijo que en muchas ocasiones que conversó con su suegra, ésta le expresó que el comportamiento violento de Francisco Inés Martínez para con ella, por más de 40 años, probablemente lo “heredó” de su padre, quien también maltrató a la madre del ahora parricida.

Hombre despiadado
Irónicamente, Francisco Martínez Uriarte, quien nunca tuvo piedad con la madre de sus hijos, ahora está conociendo la compasión de su familia: las autoridades policiales no lo tienen encerrado en las celdas comunes, con los otros reos, sino en una prisión diseñada para quienes son encarcelados por accidentes de tránsito.

Ana Jarquín confirmó que su suegro en muchas ocasiones tiró de la silla de ruedas a su suegra, en sus momentos de ira. Doña Lea Chévez vivió los últimos años en una silla de ruedas porque le fue amputada la pierna derecha a consecuencia de la diabetes.

El sexagenario, quien ahora pide compasión y que le perdonen su crimen, fue cruel con la madre de sus hijos hasta el último momento, porque no atendió las súplicas que ésta le hizo cuando desenfundó la pistola Colt 45 milímetros con la que le disparó tres veces.

“No, Chico (Francisco Martínez), yo voy a regresar”, fueron las últimas palabras que expresó doña Lea a su victimario, mientras levantaba las manos en un intento desesperado por impedir la mortal agresión de su esposo, relatan los testigos de la tragedia familiar.

La ira de Martínez contra su víctima era porque doña Lea, cansada de tanto maltrato de su marido, un alcohólico, había decidido quedarse en la casa de su hija, Azucena, y no creer más en las palabras de supuesto arrepentimiento de Martínez, explicó Ana Jarquín.

Francisco Martínez ahora sostiene no recordar nada del crimen que cometió, porque tenía cinco días de andar tomando licor. Aparentemente éste planificó el crimen, porque esperó que la señora estuviera sola con sus nietos y su hija, Gladys, para ingresar a la casa y ejecutar la peor de sus fechorías.

Pero la petición pública de perdón hecha por Martínez, por el momento parece no tener cabida entre sus dolidos hijos, como Raúl Martínez, quien asegura que en innumerables ocasiones perdonaron a su padre los vejámenes a los que sometió a su progenitora, y otras tantas veces, a petición de su difunta madre, y éste no supo apreciar el perdón dado por sus hijos.

“Por mis pistolas”

Raúl Martínez Chévez, el cuarto de los ocho hijos que procreó doña Lea con su victimario, dijo que su padre siempre le infundó temor por su carácter explosivo y porque sabía que éste usaba pistola desde niño.

Los hijos de esta pareja cuentan que Francisco Martínez, quien en sus años mozos trabajó como pintor en una importante firma comercial, en sus momentos de sobriedad se comportaba correctamente, pero cuando se embriagaba se convertía en un hombre capaz de hacer cualquier atrocidad.

Tras el crimen que ha conmocionado a los pobladores de la Zona 6 de Ciudad Sandino, se ha conocido que Francisco Inés Martínez hizo creer a su familia que desde hacía varios años no usaba arma de fuego. Esto porque según el relato de sus hijos, ni ellos ni su difunta madre le vieron usar pistola desde hace mucho tiempo, pero aparentemente la mantenía oculta, en algún lugar de la casa, porque siempre acudía en la fecha correspondiente a la Delegación Policial de Ciudad Sandino a renovar su licencia de portación de armas, confirmó el jefe de esa sede policial, comisionado Horacio Sobalvarro.

¿La peor decisión de su vida?
Probablemente doña Lea Basilisca Chévez López hace cinco o seis meses cometió uno de los peores errores de su vida, como fue retirar la denuncia que interpuso contra su marido. El comisionado Horacio Sobalvarro, jefe de la Policía en Ciudad Sandino, confirmó que a mediados del año pasado doña Lea Chévez López interpuso una denuncia contra su marido por tentativa de homicidio.

En la acusación, que luego fue retirada por la agraviada cuando la misma estaba en el Ministerio Público, lista para ser presentada en los tribunales de justicia, denunciaba a su marido de haberle puesto un cuchillo en el cuello.

“Recuerdo que la acusación decía que el señor (Francisco Martínez) le puso un cuchillo en el cuello a la señora (doña Lea), porque ella no le hizo caso de atender que llegó a la venta que tenían”, subrayó el jefe policial.

La nuera de doña Lea Chévez confirmó la versión del jefe policial de que su suegra fue convencida en aquel entonces por su suegro de que retirara la acusación, lo que de no haber hecho, probablemente hubiera evitado la tragedia.


Mucha violencia contra mujeres
De enero a noviembre del año 2007, las autoridades policiales de Ciudad Sandino recibieron 2 mil 782 denuncias por delitos o faltas. De las 2 mil 782 denuncias conocidas en los 365 días del año recién concluido, 756 víctimas fueron mujeres, lo que significa un 27 por ciento de todos los casos atendidos en esa delegación policial. El jefe de la Policía en Ciudad Sandino dijo que de las 756 denuncias de violencia intrafamiliar presentadas por las mujeres en Ciudad Sandino, 238 constituyeron delitos, y 518 faltas. El comisionado Horacio Sobalvarro, quien tiene un año de estar al frente de esa plaza policial, señaló que las cifras de violencia doméstica en ese municipio se asemejan a las de otros distritos de la capital. En la mayoría de los casos las mujeres fueron agredidas por sus parejas, ex cónyuges o familiares del sexo masculino, estando éstos bajo las influencia del alcohol o las drogas.

“El rey ha muerto. Viva el rey”.

En Ciudad Sandino, la cultura del machismo, al igual que en el resto del país, está muy arraigada, también la de muchas mujeres que dependen económicamente de su pareja, de retirar la denuncia cuando lo miran encarcelado y los hijos comienzan a llorar. “La cultura del machismo heredada por generaciones no va terminar con un tramite de mediación de pocos minutos”, agregó el jefe policial. En 2006 y 2007 en Ciudad Sandino sólo se registró un parricidio por año, revelan las estadísticas policiales. En 2007, de siete crímenes sólo en uno medió la violencia doméstica.