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OCOTAL, NUEVA SEGOVIA
Quizás en su niñez, como la mayoría de las niñas, Lolita acurrucó en su regazo a sus muñecas y muñecos imitando el rol de madre y abuela, pero lo que sí es difícil de imaginar, es que el hijo de tu hija se vuelva contra una anciana de manera tan brutal como le ocurrió a la protagonista de esta tragedia.

Dolores Armas Cardoza, de 72 años, quien era conocida entre sus vecinos cariñosamente como Lolita, vivía en uno de los sectores marginales del barrio Sandino.

Con frecuencia se le veía caminar por los tortuosos e intransitables caminos que comunican las casas construidas de ripios que poco a poco van haciendo más grande la ciudad por el extremo oeste.

La misión de la anciana era visitar a sus hijos y a sus nietos, darles consejos y cariño, a pesar de que todos eran adultos, pero siempre los trataba como niños.

Tratando de reconstruir los hechos que antecedieron a su muerte, doña Jazmina Armas, una de las hijas mayores de la Lolita, recordó que en cada casa que su “mamita” visitaba, la salían a topar a la puerta, y ella acogía a sus nietos e hijos con dulzura en sus brazos.

Un nieto mimado

Pero en su diario caminar, la preocupación más sentida de la anciana era el paradero de Henry Geovanni, de 25 años, a quien siempre --desde que lo vio nacer de las entrañas de una de sus hijas--, le profesó un cariño muy especial y protección permanente.

“Ella sufría mucho por él, porque tomaba licor casi siempre, y a veces se volvía violento, y mi mita (mamita) temía que algo le pudiera pasar en la calle, que peleara con alguien y resultara dañado”, cuenta doña Jazmina.

La viejita siempre estaba pendiente por la salud de su nieto y por la alimentación de éste, pero también velaba --aunque en menor medida--, por los hermanos de él.

Doña Lolita pasaba muchas noches de desvelo pensando en su nieto querido. “Se preocupaba tanto por él, que de repente a la medianoche o de madrugada aparecía, y me tocaba las puertas o la ventana para preguntar si no había llegado Henry a mi casa”, continúa relatando Jazmina.

La anciana era prácticamente “la centinela” de Henry Geovanni, y hasta renunciaba a un bocado para dejárselo a su nieto mimado.

El joven es el hijo menor de cinco que procreó una de las hijas de la Lolita, Reyna Isabel Armas, quien falleció hace unos 12 meses, a los 52 años. Al parecer, esta mujer también sufrió por las bebederas del “descarriado”.

Pero quien en realidad crió al mal nieto fue doña Lolita, porque cuando Reyna Isabel estaba viva y salía a trabajar, era su madre quien cuidaba a los niños. Por eso Jazmina y toda su familia abunda en frases cariñosas y honrosas para su querida madre.

Ataque brutal

Fue el martes 9 de junio, cuando doña Dolores Armas Cardoza se dirigía a su casa de habitación, en compañía de su nieto, quien bajo los efectos del licor, la agredió a puñetazos, puntapiés y pedradas, según relataron tres testigos que declararon en el juicio que tiene pendiente el acusado el próximo 3 de septiembre.

Jazmina no se explica todavía qué terrible razones originaron la despiadada agresión de su sobrino en contra de su progenitora.

“Los testigos que vieron los hechos dicen que la agarró a patadas y le daba con las manos y piedras”, recuerda con dolor.

Lamenta la falta de solidaridad en el vecindario que presenció los hechos, porque si hubieran salido en defensa de su madre, hoy estuviera viva.

Solamente una mujer salió de su casa para gritarle al endemoniado nieto que dejara a la anciana: ¡No te salés, hijito; no te salés…! le gritó, pero Henry Geovanni no paraba de agredir a quien fue la fuente de amor más grande que tuvo en su vida.

Dolorosa agonía

Fue su sobrina, hermana del autor del crimen, quien llegó a avisarle a Jazmina que la mamita estaba muy mal. “Cuando llegué al lugar, ella estaba sangrando y muy golpeada. En un taxi la llevé al Hospital “Alfonso Moncada Guillén”, pero de ahí minutos después nos mandaron al “Lenín Fonseca” de Managua, donde murió el jueves 12 de junio”.

Suponen que su agonía fue dolorosa por las lesiones craneoencefálicas que le dejó la brutal golpiza.

Cuenta que una enfermera les sugería que le hablaran porque ella escuchaba. “Le hablé: ‘Mita, aquí estoy a tu lado’, pero ella no movía la boca, sólo estremeció sus hombros”, recuerda.

Jazmina Armas hace una pausa, respira profundamente y acomoda “el nudo” que tiene en la garganta al recordar los hechos. Ella es fuerte, pero sensible: parece que sus lágrimas gotean hacia dentro de su ser, porque sus ojos brillan, pero están secos. “Es duro, es muy duro… La sueño viva, pienso que llego a su casa y ella me recibe con su sonrisa y su cariño. Despierto, y me doy cuenta de que estaba llorando”, agrega.

Henry Giovanni tiene el reproche de sus tíos, de sus hermanos y de la comunidad, por haber herido a la familia con una tragedia que no cabe en los sentidos de ninguna persona cuerda. Lo que hizo se convertirá en un estigma en sus vidas que pasará de generación en generación.

Inimaginable e imperdonable
Doña Jazmina comenta que sus padres eran personas de valores que lograron inculcar a todos sus hijos parámetros de vida muy altos, pero ocurrió lo inimaginable.

En el barrio que la vio vivir desde que llegó de La Trinidad, departamento de Estelí, hace 38 años, existen los más variados comentarios sobre el deceso de la Lolita, pero todos coinciden en condenar lo que hizo el nieto malvado, por el valor que tienen las abuelitas como “tesoros” de las familias.

En el caso de la familia de la desafortunada ancianita del barrio Sandino, la Comisaría de la Mujer de la Policía no encontró antecedentes de violencia intrafamiliar, por lo que nadie se explica por qué Henry Giovanni se descontroló y manchó sus manos con la sangre de su abuela.

El día de la audiencia inicial, celebrada en el Juzgado de Distrito para lo Penal de Nueva Segovia, el mal nieto estuvo todo el tiempo cabizbajo y no balbuceó ni una palabra, tras escuchar los cargos por el delito de parricidio que le imputó la Fiscalía Departamental.

Allí estaba Jazmina como ofendida, pero dice que dejará todo en manos de la justicia terrenal y divina, porque es Testigo de Jehová.

“Mi mita fue una gran madre y una abuela ejemplar y dulce, muy justa. Le gustaba mucho que le leyéramos pasajes de la Biblia. Yo creo que ella ha tenido la buena mirada de mi Señor y va a resucitar, yo sé que va a resucitar…”, comentó finalmente.