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Francisco Solano Mendoza González tiene 97 años, en los que ha vivido 35 mil 414 días, es decir 849 mil 936 horas, en los que ha visto guerras, terremotos, plagas y demás, pero sólo ahora es que está preocupado por la muerte y
posesiones.

Su preocupación es genuina, porque en julio estuvo ocho días (del tres al once) internado en el Hospital “Antonio Lenín Fonseca“ viendo la muerte de cerca, porque tenía cardiopatía isquémica e hipertensiva, y fibrilación en una de las aurículas del corazón.

Ahora, para vivir y poder completar los cien años, que es el sueño del viejecito y su familia, el longevo tiene que tomar seis pastillas diferentes cada día, de por vida, porque su condición es irreversible.

Sus enfermedades y “achaques” convencieron al anciano de que ahora más que nunca debe recuperar las tierras que compró hace ocho años para venderlas, disponer de dinero y adquirir el terreno de lo que será su última morada: el cementerio.

Mendoza nació en Diriamba el 24 de julio de 1912, pero emigró a La Concepción, municipio de Masaya y finalmente a Managua, donde espera ser enterrado junto a su amada, María de los Santos Parrales Mojica.

Aunque don Francisco casi no escucha y hay que hablarle al oído con decibeles más altos de lo normal, explicó que en su larga vida procreó nueve hijos que “le regalaron” más de 20 nietos.

En su rostro, curtido por el tiempo, el sol y los años, es difícil ver una sonrisa, pero con una mueca picaresca, el anciano reconoció que cuando era joven tuvo algunos amores, pero siempre fue fiel a su mujer y a su familia. No fue ni borracho parrandero ni jugador.

En sus años mozos don Francisco fue agricultor, minero y vigilante, pero fue la primera actividad la que le permitió reunir dinero para darles casa a algunos de sus hijos, comprar y vender uno que otro solar y ahorrar “unos centavos”.

De centavo en centavo logró “amasar” 20 mil córdobas para comprar, según él, tres manzanas de tierra, aunque cuando se hizo la medición se descubrió que lo que adquirió en realidad fue poco más de manzana y media.

La compra se concretó el 25 de enero del 2001 en la ciudad de Jinotepe, frente al notario Manuel Hernández García, ante quien comparecieron José Ceferino y Juana Agustina Cerda Bustos, para venderle a don Francisco Solano Mendoza, por 20 mil córdobas, poco más de manzana y media de terreno en el barrio San Ignacio, en La Concepción.

El anciano construyó una humilde casita en el terreno y estuvo viviendo ahí por algunos años, pero un día se le metieron a robar y se le llevaron todo, hasta la ropa.

Don Francisco cree que el robo fue sólo un ardid para desalojarlo, porque después del atraco tuvo que buscar posada en la casa de uno de sus hijos, lo que fue aprovechado por personas no identificadas, quienes arrancaron desde sus cimientos la humilde casita.

En la vivienda de ese hijo, el anciano no duró mucho y ahora está posando en la casa de su ex nuera, quien es la que ahora le garantiza cuidados, techo, comida y cariño.

La denuncia

Después de ese episodio, el anciano denunció ante la Fiscalía de la Estación Tres de Policía, que su hijo se aprovechó de la confianza que le dio y, supuestamente, sustrajo sus documentos personales, incluyendo su cédula de identidad y la escritura pública de compra-venta de las tierras.

“Una vez que sustrajo los documentos antes dichos, realizó dos escrituras, la primera, la número cinco del cinco de enero del 2008, en donde supuestamente mi persona aparece cediéndole los derechos posesorios a mi hijo, --lo cual no es cierto--, y la segunda, la número seis, en donde supuestamente comparecen José Ceferino y doña Juan Agustina Cerda Bustos vendiéndole la parte indivisa también a mi hijo, --lo cual tampoco es cierto—”, agrega la denuncia del anciano.

“Por lo expuesto vengo ante vosotros, honorables fiscales, a interponer formal denuncia”, escribió el longevo, quien le achaca a su hijo más querido la presunta autoría de falsificación de documentos públicos.

En la denuncia que don Francisco presentó el 12 de mayo de este año, en el Ministerio Público, ofreció como pruebas las dos escrituras supuestamente falsas y los testimonios de cinco personas que saben que él compró las tierras que supuestamente donó.

La abogada Urania Sotelo Amorety explicó que don Francisco no le ha cedido los derechos posesorios sobre la manzana y media a su hijo, como señala la cuestionada escritura número cinco del cinco de enero del 2008.

“La ley establece que cuando hay una escritura de dominio y posesión, estos derechos se transmiten por medio de la misma escritura y no por medio de una cesión de derechos posesorios”, apuntó la abogada.

Aparentemente la persona que quiso despojar a su mandante, se percató de que esa figura no cabía e hizo la escritura número 6 de compra-venta de parte indivisa sobre el mismo bien, con un día de diferencia con respecto de la primera escritura del cinco de enero del 2008.

Sotelo Amorety recalcó que su mandante no ha firmado ni la escritura cinco ni la seis e inclusive el abogado y notario público ante el cual supuestamente se celebraron ambos actos, Dino Sánchez, reportó que su sello estaba extraviado, por lo que no pudo haber celebrado dicho acto.

¿Cómo se enteró?

El nonagenario se dio cuenta del supuesto despojo y falsificación cuando le solicitó a su hijo que le regresara la escritura de compra venta de las tierras, pero éste le aclaró que no tenía nada.

Pasaron varios días antes de que el anciano se recuperara de la noticia y le solicitara a una de sus hijas que lo llevara a la casa de su ex nuera, Lidia Acevedo, quien le dio posada, lo escuchó e hizo un préstamo para pagarle a la abogada que ahora les lleva el caso.

Solano Amorety recordó que primero solicitó un segundo testimonio de la escritura verdadera, luego investigó y descubrió que la escritura número seis no estaba reportada ante la Corte Suprema de Justicia, Poder del Estado, que cada año le pide a los abogados y notarios públicos un reporte pormenorizado de todos los actos celebrados mediante la presentación de sus libros de protocolo.

Igualmente la abogada descubrió en el Registro Público de la Propiedad Inmueble y Mercantil de Masaya, que la propiedad que don Francisco adquirió aún está a nombre de sus antiguos dueños: Ceferino y Juana Cerda Bustos.

“Por eso la primera acción nuestra fue legalizar e inscribir la propiedad a favor de don Francisco, antes de que éste muera, y aunque el proceso aún no ha finalizado, ya está bastante adelantado”, puntualizó.

Como segunda acción, don Francisco firmará un acta notarial dirigida a la Policía, para que al momento de su deceso, su cuerpo no sea trasladado a ninguna otra parte que no sea la casa de su ex nuera, Lidia Acevedo, en el barrio “Daniel Enrique Chavarría”, donde deberá ser velado.

Laúltima voluntad

Igualmente, el longevo pide que se respete su decisión de donarle a su ex nuera “las tierras de la discordia”, para que las venda, “porque ella gasta mucho”, reconoció el anciano.

“También voy a hacer la bóveda para echar ahí los restecitos de la Santos y que me entierren junto a ella”, dijo balbuceante el longevo, a quien se le nubla la mirada al recordar a quien fue su compañera de vida.

Doña Santos falleció hace diez años a consecuencia de un tumor y fue enterrada en el Cementerio Periférico, en un terreno prestado, pero los dueños del mismo, ya les solicitaron a los familiares de don Francisco, que busquen dónde poner los restos de la anciana.

Don Francisco se frota las manos, cuando se le pregunta qué va a hacer cuando tenga el dinero de la venta de las tierras. Su idea es comprar una sepultura para él y su finada esposa.

El abuelo casi centenario recuerda con claridad el día que decidió que sus restos deben descansar junto a los de su esposa: llegó a la tumba de “La Santos” para conversar con ella y limpiar su sepultura, pero en un descuido resbaló por un pequeño terraplén y casi cae sobre la tumba. Si no hubiese sido porque se aferró a la cruz, hoy no estaría vivo, explica.

Por eso hoy está convencido de que es hora de alistarse para la muerte. A diferencia de otras personas y familias, la de don Francisco nunca adquirió ningún seguro para gastos funerarios, por lo que su sueño es poder legalizar a su nombre las tierras de la discordia para su posterior venta.

EL NUEVO DIARIO se personó en el barrio Memorial Sandino, para ubicar al hijo que don Francisco Solano Mendoza denunció, pero en la dirección que fue reportada en la Policía, nadie conoce al aludido. Sin embargo, en su momento negó el despojo que le achacan y atribuyó la denuncia de su padre a su edad y senilidad.

Datos sobre la tercera edad en Nicaragua

Datos recientes dados a conocer por la Red de Adultos y Adultos Mayores de Nicaragua revelan que en Nicaragua hay más de medio millón de personas en la tercera edad, pero sólo el diez por ciento de ellos, es decir unos 50 mil, tienen Seguro Social. “Eso significa, de acuerdo con sus estimaciones, que más de 450 mil no tienen “nada de nada. Andan allí viviendo a como pueden, sin pensiones ni medicinas”, reconoció ante END el representante de la Red, Donald Castillo. Los que tienen seguro tienen derecho a ser atendidos en las previsionales que el Seguro Social ha dispuesto para los viejitos jubilados, quienes además saben que cuando mueran, por los menos sus familiares pueden ir a gestionar dinero para gastos funerarios. Ese no es el caso del personaje de nuestra historia, don Francisco Mendoza, de 97 años. Para ayudar a los adultos mayores que no tienen nada, la Red está propugnando por la aprobación de la Ley del Adulto Mayor, la cual podría estar aprobada para el primero de octubre de este año.