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Barría el patio de su casa a las 6:20 de la mañana del viernes cuando su sobrina, María Romelia Montoya Moreno, antes de dirigirse a su trabajo le preguntó: ¿cómo amaneció tía?, y la señora Virginia del Carmen Moreno, respondió “bien”.

Lo que doña Virginia nunca pensó fue que éstas serían sus últimas palabras con su sobrina, quien momentos después pereció bajo las llantas de un bus, mientras ella y su esposo se trasladaban en motocicleta, sobre la carretera Managua-Ticuantepe, a la altura del kilómetro 14.

Un conductor de mototaxis llevó la amarga noticia hasta la casa de Moreno. Entonces ella tiró su escoba y se negaba a pensar en lo peor, hasta que llegó al lugar supo que el mensajero no se equivocó. “Ella era muy amorosa con sus hijas”, lamentó Moreno quien sentada en una silla de madera, contó que el esposo de su sobrina, el suboficial José Dolores Martínez, tenía tan sólo seis meses de haber comprado la moto, un vehículo que se ha convertido en la tumba para muchas personas en los últimos meses.

“Me cuida a las niñas”

Ayer, horas antes del entierro, al oír estas palabras la madre de Montoya, Ana María Moreno, de 52 años rompió en llanto y la hermana de Montoya, María Justina Montoya, de 31 la tomó de la cabeza y empezó a consolarla.

Recuerdan que la joven, luego de comprometerse con el oficial de Policía, vinieron los hijos, y su mamá le ayudaba a criar a las dos pequeñas: Mileydi Alejandra Martínez de cinco años e Isabel Martínez, de tres, mientras Montoya trabajaba de supervisora de caja, en un King Dogs, en la Universidad Americana, UAM.

Con los ojos humedecidos por el llanto, la madre contó que Montoya, antes de irse al trabajo, le decía: ¡mamá me cuida a las niñas! Y a su regreso, a eso de las nueve de la noche, cuando ya sus hijas dormían, preguntaba cómo se portaban. Estas, al mínimo reconocimiento de su voz, se despertaban.

Incluso, su hermana María Justina Montoya, recordó con esa voz frágil que antecede al llanto, que “una semana antes me pidió un queque porque una de las niñas cumplía años”. Al hablar de este detalle no pudo contener las lágrimas y se sentó en una silla a la par del ataúd.

“Yo pido que se haga justicia. Aquí vinieron dando 2 mil córdobas. Eso no vale la vida de mi hermana, no sé si será culpable”, dijo refiriéndose al busero Mixel Augusto Rosales, que conducía el automotor que pasó sobre la pareja que viajaba en la moto, “eso no vale la vida de mi hermana”, añadió.

Isabel Martínez, de tres años que quedó sin su mamá no se despegaba del ataúd y preguntaba a cada rato que si su mamá dormía en la caja.

Esposo en cuidado intensivo

Del esposo de la occisa sólo informaron que está grave en el Hospital Roberto Calderón y perdió una pierna. Algo que los familiares no confirmaron fue si era cierto que intentó suicidarse al ver muerta a su pareja.

Curiosamente la muerte la separó de sus familiares, pero no estará lejos, ya que el cementerio donde enterraron a Montoya ayer a las 4 de la tarde, está frente a su casa.