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Pablo Antonio Leiva indicó que Omar Alberto Prado Rodríguez es una persona a la cual no se le puede imputar delito, porque está desquiciado, lo que se manifiesta en su obsesión por el lavado de manos, la limpieza y la compulsiva compra de jabón.

No obstante, el juicio para Prado arrancó este lunes en el Juzgado Octavo Penal de Juicios de Managua, a cargo del doctor Tomás Eduardo Cortés, quien decidirá la suerte del acusado por el parricidio de su hijo de nueve años, Jaboc Prado Martínez.

El acusado renunció a su derecho de tener un juicio con jurado y además se acogió a su derecho a guardar silencio durante el proceso.

La primera persona en ser llamada a declarar en el juicio fue el forense Silvio Mora, quien confirmó que el menor al momento de la autopsia presentaba espuma en las fosas nasales, lo que revela que primero lo asfixiaron y luego recibió dos disparos en la cabeza.

El forense señaló que no fue posible determinar la distancia a la que le dispararon al niño, porque la persona que lo hizo usó una camisa como silenciador, pero no encontró dentro de las heridas fibras que confirmaran dicha versión, por lo que el especialista señaló que basó esta hipótesis en la información que le remitió la Policía.

Una sola arma

Mora señaló al abogado del acusado que aunque los dos orificios de bala tenían diferentes tamaños en la piel de la cabeza del niño, en el cráneo eran iguales, lo que descarta la hipótesis de la existencia de dos armas y calibres distintos.

Mariela Fabiola Martínez explicó al juez que ella se separó del padre de su hijo un 14 de febrero de 2006, después de seis años de convivencia, porque fue una relación llena de violencia, humillaciones y maltrato verbal.

Explicó que ella le prestaba el niño al acusado porque el menor lloraba por ver a su abuelito Carlos Agustín Prado, y el día del crimen lo mandó a su casa junto a su hijo Alexander Zamora, de 15 años, porque Omar Alberto le había prometido un regalo de cumpleaños.

El menor de 15 años dejó entrever en su declaración que Omar Alberto lo sedó, porque después que le dio de comer a él y a su hermanito, sintió sueño y se quedó dormido en una hamaca en el porche de la vivienda, y cuando despertó y golpeó la puerta para irse a dormir donde siempre lo hacía junto su hermano, el acusado lo mandó a dormir a un sofá dentro de su cuarto, pero no lo logró porque presentía algo malo.

Y sus sentimientos no lo engañaron, pues dentro de la bolsa de su pantalón encontró la carta que supuestamente el parricida le mandó a su madre diciéndole que “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”, nadie te ha mandado a parir más hijos, te aprovechastes de mí: tenías que pedir (dinero) para uno y no para cuatro, pero ya no vas a tener motivos por el niño”.

Padre desobligado

La madre del menor explicó al juez Tomás Eduardo que ella nunca le exigió nada a Omar Alberto, porque quienes le ayudaban al menor eran su abuelo, su abuela y las tías.

Durante el juicio, el abogado insistió en preguntarle a doña Mariela si Omar Alberto invertía todo su salario en la compra de jabón y si tenía un comportamiento compulsivo en cuanto a la limpieza. La mujer sólo confirmó que este constantemente se lavaba las manos y lavaba los portones cada vez que entraba y salía.

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