Róger Olivas
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María Cristina Espinoza Rodríguez, de 43 años, quien era madre de tres varones y de una mujer, se acostó a las 8 de la noche del lunes 7 de septiembre en su vivienda, ubicada cerca del balneario de Pasocaballos, para levantarse temprano al día siguiente y abordar el autobús que la conduciría a Chinandega y luego a la ciudad metropolitana, pero la muerte frustró sus planes.

Ese siete de septiembre, su ex marido, Henry Antonio Garay Barahona, de 38 años, de oficio pescador, tras ocho días de separación llegó a la vivienda de Espinoza Rodríguez con el afán de reconciliarse, pero aparentemente ella se negó a regresar con él.

Pedro Pablo Reyes Espinoza, conocido cariñosamente como “Pepe”, segundo hijo de María Cristina, relató que junto a su esposa y a un hermano miraban televisión en la casa de su progenitora, quien le solicitó traer un abanico para sofocar el calor y se durmió temprano.

“Mi madre me solicitó que la acompañara por lo que dormí en su casa para ayudarle en la madrugada a trasladar los mariscos a la carretera, donde tomaría el autobús. Henry vino en son de paz, no trató mal a mi madre a quien le pidió que se reconciliaran, él se marchó con la promesa de regresar al siguiente día”, recordó el joven.

Mientras hace una pausa para regresar a la pesca, el muchacho afirmó que salió a orinar, revisó el cuarto, las puertas y no observó la presencia de ninguna persona extraña, y a eso de las diez de la noche creyó que su madre estaba dormida y decidió ir a descansar.

Tras varias horas de descanso, en la madrugada del ocho de septiembre, con el canto de gallos se levantó y como de costumbre llamó a su mamá para que se levantara, pero extrañamente ésta no le respondió.

La estranguló

“La busqué en la cama y no estaba, las puertas estaban cerradas, solo la de cocina estaba abierta. Me imaginé que mi madre estaba en el inodoro. Le silbé y no me contestó, por lo que me impacienté y desde un árbol de almendro observé a Henry colgado con un mecate de la rama de un árbol de mamón”, describió “Pepe”.

Agregó que cerca de la puerta de una pequeña casa se encontraba tirada su madre, quien todavía tenía signos vitales, pero murió mientras la sostenía en sus brazos.

Los hijos de Espinoza Rodríguez y sus vecinos no salían del asombro por lo ocurrido, y lo único que tenían claro era que Garay se había suicidado porque tenía una soga en el cuello.

El forense Róger Pereira Umaña determinó que la comerciante de mariscos fue estrangulada por su ex cónyuge aparentemente en un arrebato de celos.

Pedro Pablo concluye que su ex padrastro entró al estrecho dormitorio, sacó a doña María Cristina a un patio, ahí la dama forcejeó, pero no resistió la fuerza de Garay, quien el día de los hechos no había ingerido bebidas alcohólicas o sustancias alucinógenas.

“Me imagino que Henry estaba escondido esperándola debajo del baño, como es oscuro aprovechó para sacar a mi madre, a quien le tapó la boca para que no gritara porque yo estaba en la casa y saldría en su defensa”, añadió el joven pescador.

Un chisme detonó la tragedia

Manifestó que su progenitora estaba enojada con Henry Garay porque la madre de éste, quien trabaja en El Salvador, comentó que su hijo le estaba construyendo una vivienda a Espinoza Rodríguez, pero esto era totalmente falso.

“Mi madre dijo en vida que hizo su vivienda y compró sus bienes con su propio esfuerzo, porque su ex marido sólo ganaba para mantenerse y alimentar a sus tres hijos, incluido un menor.

Mi mamá le dijo a Garay que parecía que su progenitora no deseaba que estuvieran juntos, “porque vos estás claro que no me has ayudado a colocar un bloque en mi casa”. Esas palabras originaron una discusión entre ellos y disgusto”, expresó Reyes Espinoza.

A pesar de esa desavenencia, la pareja estaba en proceso de reconciliación, explicó el hijo de la víctima.

Recordó que en una ocasión Henry Garay golpeó a su madre, quien no procreó hijos con él.

“Los hijos de mi madre deberíamos estar resentidos con la familia de Henry, porque él le quito la vida, pero todo se lo dejamos a Dios, no buscaremos problemas con los hijos de Garay, queremos que nuestra progenitora descanse en paz”, afirmó “Pepe”.

Era una mujer maltratada

Claudia María Espinoza confesó que su madre vivió un tiempo con Henry Garay en la casa de él, pero éste la golpeaba constantemente y le dejaba moretones, pero la dama siempre decía “que se había golpeado”.

Explicó que con las ganancias de su trabajo su madre compró el terreno para edificar su casa, y pese a que todos sus hijos sabían del suplicio que su madre vivía, no intervinieron porque ella no estaba de acuerdo con eso.

“Si ella quería vivir así, ni modo, era adulta para pensar lo bueno y lo malo”, expresó Claudia María Espinoza.

Declaró que su progenitora hacía préstamos en una financiera de Chinandega para mantener su negocio y le iba excelente, no así a su ex padrastro, quien según ella “era un mantenido”, pero nunca esperó que la relación de su madre tuviera un desenlace tan trágico.

“Realmente fue un acto de cobardía el que cometió Henry, porque a una mujer no se le debe tocar, no comprendo porqué actuó de esa manera”, dijo Claudia María.

Familiares de Garay refutan

Mariela Garay Bolaños, madre de Henry Garay, explicó que como trabaja en El Salvador desde hace varios años, desconocía los problemas de la pareja, pero siempre aconsejó a su hijo, cumpliendo fielmente su rol como progenitora.

“La ultima vez que lo vi, ocho días antes de morir, mi hijo me dijo que deseaba separarse de su señora porque había ciertos problemas, no me especificó de qué tipo eran, supuestamente él viajó a Chinandega horas antes de morir, desconozco a qué. Me duele demasiado el deceso de mi hijo, estoy abatida”, afirmó la señora.

Mientras contempla una foto de su hijo a la par de una imagen de la virgen Dolorosa, confesó a que pesar de la pobreza crió bien a sus dos hijos, quienes a su vez asumieron con responsabilidad la crianza de sus nietos.

La mujer recordó que su ex nuera vivió en la casa de su hijo, pero luego insistió para que le construyeran su propia vivienda y se trasladaron.

“Mi hijo no era mantenido, era trabajador. La última vez que nos vimos estaba muy triste, algo lo atormentaba, pero no me dijo nada, algunas personas dicen que la pareja discutía, a lo mejor mi hijo se molestó porque ella no quería estar con él ni que la acompañara al mercado”, apuntó la madre de Garay.

Por su parte, Erling Antonio Garay indicó que la noche de la tragedia su padre lloró y se desesperó porque estaba enamorado y al no encontrar respuesta de parte de su ex compañera de vida, cometió el error.

Refirió que su progenitor fue responsable con sus tres hijos, les enseñó el arte de pescar, con el que hoy se ganan la vida honradamente en Pasocaballos.

Caso cerrado

El capitán Gerardo Méndez, jefe de la delegación policial de El Realejo, dijo que nunca recibieron denuncia alguna por maltrato físico de parte de María Cristina Espinoza Rodríguez, conocida por su honradez en ese municipio.

“Lo único que conocíamos era que esta pareja tenía rencillas personales, pero no había denuncia formal. Conocimos que ochos días antes del parricidio seguido de suicidio, Henry había llegado insistentemente a la vivienda de su ex cónyuge a pedirle perdón, pero no recibió respuesta positiva de parte de ella”, expresó el jefe policial.

El agente aseguró que de acuerdo con las investigaciones está plenamente demostrado que en horas de la madrugada del martes 8 de septiembre, Henry sacó del dormitorio a María Cristina, la mató por asfixia y después se suicidó.

El capitán Méndez manifestó que es la primera vez que ocurre un caso como éste en el sector de Pasocaballos, por lo que debe servir como ejemplo para las parejas, las que están llamadas a dialogar.

El jefe policial afirmó que la investigación quedó cerrada, pero en coordinación con la Promotoría Social del Ministerio de la Familia atienden psicológicamente a los familiares de los fallecidos