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Casi a diario un noble boaqueño queda llorando tras ser despojado de su dinero o prendas de valor por la vía del engaño.

Si hay una estafa diaria como promedio, quiere decir que cada año no bisiesto, unos 365 boaqueños “caen” en las manos de los estafadores.

Las principales víctimas de los timadores son habitantes de las comarcas de Boaco, pero también los hay del casco urbano, donde inclusive hasta policías han caído en las “garras” de los timadores.

La mayoría de los “fichados” en los archivos policiales de Boaco son hombres y mujeres que están presos o son buscados por haber estafado a algún incauto de esta ciudad.

Muchos de los estafadores que aparecen en los archivos policiales son de Managua, Tipitapa, Las Banderas, Juigalpa, Matagalpa y hasta los hay de Siuna, señaló el subcomisionado Carlos Alonso, jefe de la Dirección de Auxilio Judicial de la Policía boaqueña.

Métodos

El subcomisionado Alonso explicó que los estafadores tienen diferentes métodos para hacer caer a sus víctimas, siendo los más comunes “el checazo” y “el pañuelazo”, pero también existen nuevos “procedimientos” como la llamada estafa del “maletazo”.

El “pañuelazo” y “el checazo” son modalidades de estafa parecidas en su ejecución, porque le hacen creer a las víctimas que recibirá recompensa monetaria por cambiar un cheque o por la venta de una prenda de oro.

Las estafas casi siempre son ejecutadas por dos sujetos o bien por un hombre y una mujer, explicó el jefe policial.

En los archivos policiales de Boaco están finchadas personas de toda edad, color, tamaño y raza, pero en la mayoría de los casos son forasteros que llegan a realizar sus fechorías a este departamento. Arriban en vehículos propios o rentados.

Las edades de los estafadores oscilan entre los 20 y 30 años, pero también hay timadores ancianos, como es el caso de un viejito de 70 años, quien ahora está preso en la cárcel del Sistema Penitenciario Nacional en el penal de Quisala, en Juigalpa, Chontales. Este anciano timó a su víctima con el truco del “pañuelazo”.

Estafadores no discriminan

Entre las víctimas también hay de todas las procedencias: obreros, campesinos, domésticas, estudiantes y policías.

Entre los policías boaqueños se recuerda el caso de un hombre, quien además de dar su dinero – mil córdobas- , entregó su teléfono celular, una pistola y hasta la motocicleta en la que se transportaba.

Pero quizás la forma más común de embaucar es “el checazo”, donde uno de los estafadores se le acerca al “cliente”, seleccionado previamente, para decirle que “por favor” le cambie un cheque de varios miles de córdobas y a cambio le dará una recompensa.

En lo que el primer timador convence a la víctima, se aparece el otro para “echarle segunda” diciendo: “ya te cambié el primer cheque, pero no te puedo cambiar el otro, porque voy de prisa”.

Acto seguido, en presencia de la siguiente víctima, el primer sujeto simula recibir el dinero del cheque supuestamente cambiado y hasta le entrega al segundo estafador la paga ofrecida por “el mandadito”.

Al ver esto la persona incauta acepta cambiar el cheque, pero antes entrega su dinero, prendas de oro y hasta teléfonos celulares, sin embargo, cuando llega a la ventanilla bancaria se percata de que el cheque no tiene fondos.

Cuando la víctima se da cuenta de que todo es un engaño, sale del banco desesperada en busca de quien le pidió que cambiara el cheque, pero para ese entonces el timador “ya voló”.

Víctima y policía

Mayra Urbina, suboficial de la Policía Nacional, forma parte del “ejército” de boaqueños estafados en los últimos años, porque hace más de cinco años la timaron.

“Salí del banco con un préstamo de siete mil córdobas, cuando un hombre me dijo que le cambiara un cheque en la sucursal del Banpro del barrio “La Tic Tac”, y aunque sé que ahí no existe nada, acepté, y cuando miré estaba en mi casa sin el dinero”, narró Urbina.

La suboficial recordó que le tomó dos años poder pagar el dinero que el estafador se le llevó mediante hipnosis.

El subcomisionado Carlos Alonso advirtió que diciembre es la época en que los timadores se desbordan como jauría.

También en la víspera de la Semana Santa, festividades patronales o bien los días de pago, los estafadores “se reproducen como moscas en época lluviosa”, puntualizó el jefe policial.

“Diciembre es la época del año en las que hay más denuncias por estafa, porque la gente anda más dinero por el pago del aguinaldo”, subrayó el jefe policial, quien hizo un llamado a la población para que estén atentos y no se dejen embaucar.

"El pañuelazo"

Otra de las modalidades de engaño utilizada por los estafadores en Boaco es “el pañuelazo”, que consiste en que a la víctima la convencen para que vaya a una institución bancaria a cambiar dólares por córdobas o a una agencia de lotería para reclamar un premio.

Los estafadores le entregan a la persona engañada el dinero o el billete de lotería envueltos en un pañuelo, pero cuando trata de cambiarlos, se percata que lo que lleva adentro del “motete” son trozos de papel periódico recortados en forma de billetes, explicó el subcomisionado Carlos Alonso.

A los que estafan con oro falso les ponen la misma trampa porque la supuesta prenda o barra de metal precioso le es entregada envuelta en una servilleta o pañuelo.

También existe el truco conocido como el “maletazo”, donde el primero que interviene se acerca a la víctima que va caminando y deja caer una maleta que supuestamente va cargada de dinero.

Avaricia

Acto seguido, el estafador le dice al ingenuo transeúnte que se repartan “el botín” que se han encontrado, una vez que éste cae en la celada aparece el segundo timador y dice que ese dinero es de él y que va a llamar a la Policía, pero si no quieren problemas, deben entregarle todo lo que portan.

Alonso aseguró que no todos los que son víctimas de los estafadores caen por ingenuos, también hay quienes caen por avaros.

El jefe policial recordó el caso de una joven del casco urbano de Boaco, a quien le dieron una piedra envuelta en un pañuelo haciéndole creer que se trataba de un trozo de oro.

La joven que les entregó a los estafadores más de mil córdobas, su teléfono celular y las prendas que lucía, se fue a su casa creyendo que ella había engañado a los delincuentes.

La mujer creyó que el “oro” envuelto en el pañuelo duplicaba el dinero y las prendas que les entregó a los maleantes, por eso se “escondió” en su casa varias horas a esperar que sus “víctimas” desistieran de buscarla.

Sin embargo, unas seis horas después, la estafada corrió a una joyería para que le compraran la prenda, pero al desatar los nudos del pañuelo se llevó la sorpresa de su vida, porque lo que encontró fue una piedra de río.

Don Mauricio Sánchez, joyero con 30 años de experiencia, dijo que son muchas las personas a las que ha visto llorar en las gradas de su negocio ubicado en Boaco, después de que han comprobado que la supuesta prenda de oro es de bronce o cobre.

“Las personas timadas descubren el engaño al probar el supuesto oro de la prenda con ácido nítrico. Si se pone verde es porque es bronce y si da negro, le dieron cobre o plata en vez de oro”, explicó Sánchez.