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En menos de una semana tres vigilantes han perecido de manera trágica a manos de delincuentes. La última víctima fue Jairo Javier Chávez Garay, de 30 años, quien era conocido de cariño como “El Topo”, y fue encontrado muerto en las afueras de la ferretería que resguardaba.

El cuerpo del infortunado se encontraba boca abajo en medio de un gran charco de sangre en las afueras de la ferretería el “Buen Fierro”, en la Colonia Cristhian Pérez.

Nadie se había percatado del crimen hasta que un grupo de ciudadanos que hacen ejercicio cerca de la zona en horas de la madrugada, vieron la dantesca escena.

Oficiales del Distrito IV de Policía se presentaron al lugar para hacer las debidas averiguaciones, y constataron que a Chávez le hacía falta el revólver calibre 38 y un radio que le había asignado la empresa de vigilancia Viprosa, para la cual laboraba desde hace ocho meses.

Los especialistas del Instituto de Medicina Legal determinaron que la víctima tenía dos orificios de bala, porque la misma penetró por el costado izquierdo del cuello y salió por la parte superior de la espalda.

Cambio mortal

En el barrio Larreynaga, vecinos y amigos de “El Topo” no creían que Chávez estaba muerto. “Mejor no hubiese dejado el trabajo en la vulcanización. Ahí estaba bien con su papá, pero como quería probar algo nuevo, se hizo CPF y no dilató”, comentaban.

Amada Ligia Pérez expresó que Chávez tenía año y medio de alquilar un cuarto en su casa, de donde salía desde temprano y regresaba en horas de la mañana del día siguiente.

“Nos estábamos preguntando por qué no había venido del trabajo y al ratito me avisaron que lo habían matado, su papá llegó a verlo, pero ya no había nada que hacer: la herida fue grave”, agregó.

El primer vigilante asesinado esta semana fue Ricardo José Zelaya Acevedo, de 24 años, quien fue estrangulado con un alambre en el casino Scorpio, mientras que el señor David Antonio Bustamante fue amordazado, amarrado y brutalmente golpeado por sujetos que le robaron su escopeta.