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Una tragicomedia protagonizaron Sara Cájina Pérez y su ex cónyuge, Rubén Pérez, durante la audiencia preliminar donde la Fiscalía acusó al hombre por violencia interfamiliar.

La singular historia de violencia doméstica “cambió de rumbo”, cuando la supuesta víctima pidió a viva voz al juez Séptimo Penal de Audiencia, Abelardo Alvir Ramos, que no siguiera con el proceso contra su cónyuge, porque en los cinco años que han convivido se han maltratado mutuamente.

“Yo lo lesioné hace 15 días y él no me denunció”, dijo la mujer, quien llegó al juzgado con una herida en la frente cubierta con cinta adhesiva, la cual le habría sido inferida por su compañero de vida cuando ella regresó de misa.

Sara Cajina se justificó ante el juez diciendo que cuando acusó a Pérez lo hizo “porque “los nervios me traicionaron y por presiones de mi familia”.

“Yo no estoy aquí por hombre, ni para salvarlo, pero no es justo que él esté preso, porque puede perder su trabajo y tiene dos hijos que mantener”, afirmó Sara Cajina.

Incluso, Cajina se declaró culpable por lo sucedido, porque según su criterio, si ella se hubiera ido a tiempo de la casa de Pérez, la violencia doméstica no hubiera proseguido. “Por eso yo me voy a ir a Costa Rica, donde mi mamá, y no volveré a la casa de él”, agregó.

Antes que Cajina tomara la palabra en calidad de víctima, la representante del Ministerio Público, Silvia Sánchez, dejó establecido que si ella decidía perdonar a su marido, su actitud no es vinculante para la Fiscalía.

A pesar del perdón público de Cajina, el juez Ramos dispuso que el acusado deberá comparecer a audiencia inicial el próximo 18 de febrero, y aunque ordenó que lo pusieran en libertad, le decretó medidas cautelares alternas a la prisión, entre ellas el pago de una caución económica de 500 córdobas.