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“Ni que llore lágrimas de sangre lo voy a perdonar”, le dijo con resentimiento doña Leyla Peck a su hijo, Marvin Latino Peck, alias “El Cholo Espino”, cuando lo vio preso ayer en los juzgados.

La atribulada madre tomó la decisión de llevar hasta los tribunales de justicia al segundo de sus vástagos, luego de casi una década de sufrimientos por su mal comportamiento.

“El Cholo Espino” dejó las aulas de estudio cuando cursaba el primer año de secundaria para hundirse en el oscuro mundo de la drogadicción y las pandillas, relató la atribulada madre.

Aunque parezca irónico, Leyla Peck asegura que durante las tres semanas que tiene su “oveja negra” de estar preso, ha podido dormir tranquila.

“Claro que como madre me duele saber que está en la cárcel, pero tengo que hacerlo sentir porque ha sido mucho el daño que me ha hecho”, afirmó Peck.

En la acusación radicada en el Juzgado Décimo Penal de Audiencia, a cargo del doctor Carlos Xavier Solís, la Fiscalía le imputa a “El Cholo Espino” la presunta autoría del delito de lesiones psicológicas graves en perjuicio de su progenitora.

Se creía hombrecito

El juez Solís programó el juicio para el mal hijo para el próximo 4 de marzo.

Peck reveló que cuando su hijo alcanzó la mayoría de edad se enroló en la pandilla “Los Pizinga”, en el barrio Monseñor Lezcano.

“Al cumplir los 18 años se metió a las pandillas y comenzó a robar en mi casa y en el vecindario, razón por el cual en varias ocasiones ha estado preso en la Cárcel Modelo”, narró la sufrida madre.

Leyla Peck explicó que su hijo no la golpeó en todos estos años porque no lo permitió al armarse de garrotes y amenazarlo con lanzarle agua hirviente si lo hacíaz.

Durante la audiencia inicial, “El Cholo Espino” le pidió al juez que lo mandara a un centro de rehabilitación para narcodependientes, sin embargo, al sitio que lo envió el judicial fue al penal de Tipitapa.

Leyla Peck señaló que en muchas ocasiones llevó a esos centros de rehabilitación a su hijo, pero él nunca dejó su adicción a la droga.