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Más de siete cisternas de la Dirección General de Bomberos, DGB, trabajaron por más de cuatro horas para sofocar un incendio que redujo a cenizas una bodega en la que reciclaban y compactaban papel.

El hecho se produjo ayer en los terrenos de la empresa de reciclaje Dasa, ubicada en el anexo al barrio Laureles Sur.

En el momento que comenzó el siniestro había más de 50 trabajadores en la bodega cargando un contenedor que anoche saldría rumbo a El Salvador.

Según Carlos Iván García, uno de los trabajadores, el siniestro comenzó en las afueras de la bodega.

“Tratamos de sofocar el fuego con extinguidores, pero como era papel, el viento hizo que las llamas se extienderan a la bodega y ya no pudimos controlarlo”, señaló.

26 mil libras de papel ardieron

En la bodega de 80 varas de largo por treinta de ancho, estaban guardadas 52 pacas de papel compactado cuyo peso por unidad es de 500 libras, por lo que se estima que ayer ardieron 26 mil libras. También se quemaron dos máquinas compactadoras que utilizaban para empacar el papel.

A pesar de que los bomberos actuaron oportunamente, el incendio se propagó debido a la falta de agua en el lugar: cada cisterna tenía que viajar más de un kilómetro para buscar el vital líquido y luego regresar a la bodega.

El comandante Miguel Alemán, jefe de la DGB, indicó que tuvieron que pedir ayuda a Enacal para que les facilitara dos pipas y a la Alcaldía para que les prestara dos palas mecánicas para remover el papel.

Acusa a bomberos

Dos horas después de haber comenzado el siniestro, llegó la maquinaria pesada a remover parte de las pacas de papel quemado, aunque en el interior de la bodega el fuego era imparable.

Ante esta situación los bomberos se mostraron preocupados, porque debido a las llamas la estructura de zinc de la bodega podía colapsar en cualquier momento, razón por la cual no podía ingresar a sofocar el fuego.

Por su parte, Alejandra Enríquez, sobrina de Diederich Meneses, dueño de la bodega donde también se acopia chatarra, acusó a los bomberos como supuestos responsables por la quema del local, porque según ella, llegaron tarde y no movieron todas sus unidades para sofocar las llamas.

“En todo el material perdimos unos seis mil dólares, sin contar la maquinaria, pero nosotros llamamos a los bomberos y apenas apareció una cisterna. A l ver que no lo podían controlar, llamaron a los otros”, añadió Enríquez.