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Los días pasan, pero el dolor y sufrimiento en Doña Josefa Ruiz permanecen inalterables por la muerte violenta de su hijo, Ottoniel Enrique Ruiz, “Totto”, quien pereció junto a cuatro personas más el pasado 9 de abril, en un horrible accidente de tránsito ocurrido en el kilómetro cinco y medio de Carretera Sur.

Lo que es peor es que la mujer no tiene ni un pedazo de pan que llevarse a la boca, porque el único sostén del hogar era su hijo.

Ottoniel Ruiz mantenía a su padrastro, a quien amaba como un padre biológico, a su sobrino y a su madre, quien ni siquiera cuenta con el consuelo de saber que va a recibir dinero del seguro de responsabilidad civil por daños a terceros, porque legalmente aún no se ha determinado quién es el responsable del accidente. .

Lágrimas amargas ruedan por el rostro arrugado de la mujer de 54 años, quien debido al luto y las noches de desvelo, representa más edad de la que en realidad tiene.

Sin noticia de otros tres hijos
Doña Josefa tuvo cuatro hijos, pero de los tres mayores no sabe nada, porque debido a la pobreza, desde hace dos años se fueron ilegalmente a los Estados Unidos. El único recuerdo que le dejaron es un nieto que tiene 16 años y que ahora sufre por la falta de su padre y de su tío Ottoniel.

“No sé si llegaron (a Estados Unidos) o les pasó algo en el camino. Nadie me sabe dar razón de ellos, sólo me acuerdo el día que los vi salir y ya no regresaron. Lo mismo me pasó con Ottoniel”, agregó.

También recuerda que desde los 14 años, Ottoniel dejó los estudios y sus juegos infantiles para internarse en el Mercado Oriental, donde diariamente “trataba de ganarse la vida”.

Al principio iba junto a su madre, pero tras dos episodios de parálisis facial y del aumento constante de su presión arterial, la mujer dejó de ir al mercado para dedicarse a los quehaceres del hogar.

“Él creció en el mercado: un día vendía cosméticos, otro día bisutería o andaba de mandadero, pero nunca dejaba de traernos dinero para la comida y para que no nos faltara nada en la medida de lo posible ni a mí, ni a su sobrino, a quien le pagaba el colegio”, prosiguió Ruiz.

“Totto” siempre llegaba a su casa a las seis de la tarde, saludaba a todos y le preguntaba a su madre si había cocinado. Cuando le decía que no por falta de dinero, él le entregaba 50 córdobas a su progenitora, luego mandaba a su sobrino a comprar frijoles, huevos y en ocasiones especiales, carne, para que no se acostaran con el estómago vacío.

A pesar de la pobreza que prevalecía en la casa de los Ruiz, la pasaban bien, pero todo cambió el nueve de abril, cuando Ottoniel se despidió muy temprano de su madre. Al caer la tarde, llamó por teléfono diciendo que iba ir a divertirse.

A las cuatro y media de la mañana del diez de abril, una vecina que trabaja en el bar “La Playa de los Románticos”, le dio la fatídica noticia de la muerte de Ottoniel Ruiz. Como en toda tragedia, hubo un momento de negación que culminó cuando la familia reconoció el cuerpo en el Instituto de Medicina Legal.

Ancianitos endeudados
Con la muerte de “Totto”, la familia se endeudó por los gastos del funeral. Aunque la Alcaldía les regaló el féretro, doña Josefa tuvo que prestarle tres mil córdobas a un vecino para comprar un terreno de tercera clase en el cementerio Milagro de Dios, que queda lejos del barrio Rubén Darío, donde habitaba Ottoniel Ruiz.

Por si eso fuese poco, el fallecido dejó una deuda con Caruna de mil dólares y al momento de su violento deceso, la víctima no había dado ni una sola cuota.

“El beneficiado fue mi hijo, pero como la dueña del terreno (que sirve de garantía) soy yo, me lo cedió a mí. Por eso (los de Caruna) me han dicho que no me pueden condonar la deuda y que la debo pagar en dos años, de lo contrario se va a hacer más de 22 mil córdobas”, expresó Ruiz.

El material de construcción que Ottoniel Ruiz adquirió mediante el préstamo, solo sirvió para construir las paredes de la casita.

El padrastro de “Totto” es un ancianito de 70 años que sale todos los días en busca de trabajo como albañil, pero por su edad adonde va le cierran las puertas. Aunque quiere ayudar a saldar la deuda que dejó su hijastro, no puede.

“Ya le dije a mi abuelita que voy a dejar de estudiar y me voy a ir a trabajar para que tengamos que comer”, señala Guillermo Alfonso Ruiz, pero doña Josefa no quiere que su nieto abandone el colegio, porque está en el último de año de secundaria.

“El mayor sueño de Ottoniel era que su sobrino se graduara. No sé cómo le voy a hacer, pero tengo que salir adelante. Es cierto que somos pobres, pero el accidente nos dejó más pobres”, refirió.

“Estamos viviendo de la caridad de los vecinos, mi esposo no deja de llorar, tenemos una deuda bien grande, solo tenemos media casa construida, el día de la lluvia nos inundamos y ya no hallo qué hacer, pero Dios nos va a sacar adelante y “Totto” nos debe cuidar, porque era una angelito prestado”, concluyó Ruiz.

El seguro es inseguro
El seguro obligatorio de responsabilidad civil por daños a terceros sirve para que el conductor que ha provocado un accidente pueda responder por las lesiones corporales, muertos y daños materiales que ocasionó hasta por un monto de cinco mil dólares.

La familia del fallecido Ottoniel Ruiz espera que se haga justicia para que el responsable del accidente donde perecieron cinco personas, pague por la tragedia que provocó.

Los acusados son el gay Dimer Gutiérrez Navarrete, apodado “La Carol”, y Augusto Martínez Ramírez, conductor del camión placas M 127505 contra el cual se estrelló el taxi en el que viajaban las cinco víctimas.

En el hipotético caso de que el camionero fuese declarado culpable en juicio, la aseguradora tendría que indemnizar a los familiares de las víctimas mortales, pero si eso no ocurre y se determina que el responsable es el homosexual, por cruzar la vía imprudentemente y obligar al camionero a realizar una maniobra sobre la carretera, nadie recibiría dinero alguno, porque él no tiene seguro alguno porque ni siquiera es conductor.

La fiscal auxiliar Silvia Sánchez destacó que el camionero tenía dos días de haber recibido su licencia de conducir, pero la abogada Carolina Cajina aclaró que su representado tiene 20 años de experiencia.

Sánchez señaló que en el expediente del caso no rolan pólizas de seguro sobre la licencia del camionero ni tampoco del camión. El único que tenía seguro obligatorio de responsabilidad civil era el chofer del taxi, pero como él sólo fue una víctima mortal del que provocó la tragedia, su familia no recibirá nada.

Las aseguradoras no pagan seguro alguno hasta que una autoridad judicial determina quién es el culpable, de tal manera que mientras no haya sentencia, los familiares de los fallecidos no tienen esperanzas.