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Era la primera vez que Mario iría a divertirse a un lugar ubicado en El Malecón de Managua. Él estaba consciente de que esa zona es peligrosa, pero pensó que estaría seguro.

“Recuerdo que salí del Manuel Olivares, donde curso cuarto año de Secundaría. Un amigo que conocí jugando en una liga de fútbol, nos recomendó el lugar, después me enteré de que a él le robaron la moto en el alboroto”, relató.

Al llegar al sitio antes mencionado, el joven se sentó junto a sus amigos y esperó ser atendido. De repente, Mario sintió un golpe en la parte izquierda de la cabeza. Segundos más tarde, la sangre recorrió su rostro y otro “porrazo” lo hizo caer al piso, donde fue golpeado una vez más. Atónitos, sus amigos lo ayudaron, pero los vigilantes del local los superaban en número y furia.

“Solo recuerdo que Luis, no sé cómo, puso la moto sobre mí para que ya no me siguieran golpeando…Cuando desperté estaba en sala de emergencia del Hospital Antonio Lenín Fonseca”, aseguró Mario.

Mario es un joven de estatura baja, muy menudo, de tez morena lavada con el cabello negro y ondulado. Tiene 21 años. Dice que los guardas de seguridad del local podrían haberlo dominado sin necesidad de utilizar la fuerza bruta.

Sólo saben golpear

En el centro “recreativo” donde Mario recibió la golpiza y nadie quiso dar la cara para dar una explicación por lo ocurrido. Una mujer a la que los empleados señalaron como la dueña, dijo que no lo era cuando se le pidió una entrevista, además alegó que al joven lo golpearon fuera del establecimiento, cuando lo asaltaron.

¿Qué tipo de entrenamiento tienen los guardas que laboran en los bares, cantinas y similares de la capital? ¿Pueden neutralizar a un cliente sin hacerle daño? ¿Investigan antes de usar la fuerza contra un parroquiano? ¿Tienen autorización para portar armas o “amanzalocos”? ¿Es lícito lo que hacen?, cabe preguntarse.

“Nosotros --la Policía-- nos hemos reunido con los dueños de los bares para explicarle cuál es el procedimiento para la contratación de personal (de seguridad), pero son unos pocos los que han cumplido”, manifestó el capitán Orlando Arévalo, jefe de Seguridad Pública del Distrito Dos de Policía.

La mayoría de los hombres que laboran como vigilantes en los bares y restaurantes, son contratados de forma directa por los dueños de los negocios, y no tienen entrenamiento.

Parámetros

Doña Socorro Díaz, administradora del bar “La Playa”, ubicado en el Malecón de Managua, dijo que además de pedir el récord de Policía, ella solicita cartas de referencias de dos o tres personas y certificado de salud.

Díaz explicó que quienes tienen experiencia en el campo de la vigilancia son los que generalmente son contratados.

Agregó que ellos mantienen vigilancia dentro y fuera del local, así como en el parqueo, pero cuando se presenta un altercado, la única instrucción que tienen los vigilantes es inmovilizar al escandaloso mediante una “llave” y llamar inmediatamente a la Policía.

Elio Saravia Sánchez, propietario del bar y restaurante “Rincón Cubano”, también ubicado en El Malecón de Managua, reconoció que sus vigilantes sí están autorizados por él para portar una tonca, pero si hay necesidad de hacer uso de la fuerza, la recomendación “es no excederse, porque no voy a permitir que una persona sea golpeada hasta dejarla muerta”.

Dos muertos y una violada

Durante los últimos tres años, en El Malecón de Managua, --sitio considerado como un “punto rojo” por la Policía, porque hay 19 centros de diversión--, han acontecido dos homicidios y la violación de una joven, a quienes sus verdugos dejaron abandonada cerca del Ministerio del Trabajo, Mitrab.

Los problemas en los bares generalmente se presentan entre las 11 de la noche y las cuatro de la madrugada, cuando los clientes, “pasaditos de copas”, van de regreso a sus casas y pelean entre ellos o bien luchan con otros parroquianos en las afueras de los negocios.

Las autoridades señalaron que ningún vigilante está facultado para violentar la ley, de forma tal que cuando la infringen lesionando a un parroquiano o matándolo, en el peor de los casos, tienen que responder de manera personal ante la justicia, porque sólo la Policía tiene autoridad para sofocar disturbios por la fuerza y usar toncas, implemento popularmente conocido como “amanzalocos”.

Como un ejemplo de lo que ocurre cuando se infringe la ley, el capitán Arévalo mencionó que desde hace un año, el bar “La Playa de los Románticos”, donde murió un parroquiano víctima de una golpiza de los vigilantes, fue cerrado por orden de la Policía.

Historia de un fallecido

El domingo siete de junio del año pasado, doña Paulina Murillo Alvarado perdió a su hijo en la “Playa de los Románticos”.

Una parte de su vida murió con su hijo, Joel Francisco Solís Murillo, de 18 años, quien falleció a consecuencia de la golpiza que recibió.

Los amigos del infortunado y los testigos del hecho reconocieron a cinco guardas de seguridad de La Playa de los Románticos como los protagonistas de la golpiza. Por el crimen cuatro fueron condenados a 20 años de prisión.

“Era mi hijo mayor, el único varón, siempre andaba alegre, le gustaba jugar fútbol y béisbol. Me ayudaba con sus hermanas de 12 y 10 años, porque estudiaba los días sábados”, recordó doña Paulina.

El día que su hijo salió de la casa, ella creyó que iba adonde sus amigos que viven a cuatro cuadras. La última frase que recuerda de él es: “Ahí regreso”, pero fue en un ataúd.

El día del hecho, Joel Francisco fue al baño con su amigo Marlon. Ahí dos sujetos lo provocaron, el joven discutió con ellos, luego los provocadores fueron a ponerles quejas a los vigilantes. Cuando Joel Francisco salió del baño, los guardas de seguridad estaban golpeando a su acompañante, y como él trató de defenderlo, lo agredieron a tubazos.

Doña Paulina dice que la presión de sus amigos y vecinos hizo que los asesinos de su hijo no quedaran impunes.

“Los muchachos salen para divertirse, esperan encontrar seguridad en el lugar al que llegan, pero jamás se les cruza por la mente que van a encontrar la muerte, como pasó con mi hijo”, reflexionó.
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