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La niña Margine Herrera, de 16 meses, quien lucha por sobrevivir en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital “Fernando Vélez Paiz”, conectada a un ventilador artificial, es la última de las víctima de quienes parecen ser descendiente del rey judío, impuesto por los romanos, Herodes, quien siempre profesó un odio particular contra los niños.

Las otras dos víctimas son una niña de 10 años y una adolescente de 16 años quien pese a su edad es como una bebé, porque padece de parálisis cerebral infantil, PCI, enfermedad que la mantiene en estado vegetal desde su nacimiento.

Viuda alegre
El más reciente caso comenzó con una historia de “amor”, en julio del año 2007, cuando Inés del Carmen Herrera Díaz quedó viuda del padre de sus tres hijos, pues éste se suicidó por razones aún desconocidas entres los habitantes de Niquinohomo, que para ese tiempo estaba que se “quemaba” con las fiestas patronales en honor a Santa Ana.

Pese al dolor que se supone la embargaba, la joven viuda de 21 años, en pleno luto, se fue a la pachanga para dar rienda suelta a su pasión por los chinamos o “chelineros”, ubicados en Niquinohomo.

Fue en ese ambiente fiestero donde Herrera conoció a Elio José Aburto Leiva, de 19 años, quien es ahora el principal sospechoso de haber golpeado cruelmente a su pequeña hija de 16 meses.

Elio Aburto Leiva, quien está preso en el comando policial de Masatepe, asegura que esa misma noche Inés del Carmen Herrera aceptó ser su pareja y sostuvieron relaciones íntimas con la joven madre que sobrevive de la venta ambulante de cajetas. Ahora, la circunstancia en que Leiva conoció a Herrera es utilizada por la familia del primero para descalificar a la joven viuda con el apelativo de “chinamera”. “Sí, ella (Herrera) es una mujer chinamera que dejaba a sus hijos abandonados para irse a bailar en las fiestas de los pueblos”, aseguró María de Jesús Leiva Canda, madre de Elio Aburto Leiva.

Doña María de Jesús Leiva, como toda madre, asegura que su hijo es inocente de los cargos que le imputan y describe a su nuera como una mujer violenta y desaseada.

Según Leiva, en una ocasión ella descubrió a su nuera estrangulando a su hijo, y también la acusa de ser desaseada en el cuido de los tres niños que procreó con su primer marido, el suicida.

Dictamen médico lo delata
Elio Aburto Leiva, quien jura hasta la saciedad no ser el causante de las graves lesiones que tienen al borde de la muerte a la pequeña Margine, insiste en decir que fue un perro el que botó de la silla a la menor.

“Cuando el perro de la finca botó a la niña de la silla, yo estaba dándole de comer a las gallinas”, asegura Aburto, quien dice que no está consciente de los graves cargos en su contra.

Los resultados del dictamen médico legal emitido por la forense Darling Potoy Muñoz revelan que los moretones que presenta la niña en el pómulo izquierdo, espalda y región parietal corresponden a golpes con un objeto contundente.

“El objeto contundente puede ser un tubo, un garrote o bien que la niña fue golpeada contra una pared”, explicó la fiscal auxiliar Gioconda Gutiérrez.

El jefe de la Policía en Masatepe, capitán Francisco Valdez, dijo que las investigaciones revelan que Leiva es un hombre de comportamiento violento, pero las pesquisas continúan. “La mamá de la niña nos ha dicho que ella no lo había denunciado porque la mantenía atemorizada”, manifestó el jefe policial.

Según el relato de la mamá de Margine Herrera, cuando ella trató de huir con sus tres hijos de la finca que cuidaban en la comarca de Mata de Guayabo, Aburto la botó del caballo en que iba y la tomó del pelo.

“En otra ocasión casi la decapita, porque le tiró un machetazo en dirección a la cabeza, pero cortó de un tajo una mata de chagüite”, agregó el capitán Valdez, citando el testimonio de Leiva.


Asombro en Mata de Guayabo
La tragedia de Margine Herrera ocurrió en la comarca Mata de Guayabo, ubicada a cinco kilómetros al sur de Masatepe, donde los lugareños expresan su asombro por lo sucedido con la niña, pero reconocen que Elio José Aburto es un hombre violento.

“Él (Elio Aburto) era amigo de mis hijos y hasta me decía suegra, por una hija de 21 años que tengo, pero le dije a mis chavalos que cortaran esa amistad porque una vez miraron que estaba golpeando a su mujer (Inés Herrera) en los matorrales, a la orilla del camino”, relató Lucía Fuentes, vecina de la finca que cuidaba la joven pareja.

Fuentes también reveló que Inés Herrera, quien aparentemente es una bailarina empedernida, en algunas ocasiones dejaba a oscuras y enllavados a sus tres pequeños hijos para irse de pachanga con su segundo marido.

Ana María Calero, otra lugareña de la comarca en mención, señaló que Aburto por celos no dejaba que Inés Herrera tuviera amistad con las otras mujeres de la localidad.

“Por los celos ese hombre no le permitía a la mamá de los niños ir a la venta, y por eso todos los días la niña de cinco años pasaba a la venta, a hacer las compras”, manifestó Calero, quien al igual que todos los habitantes de Mata de Guayabo no sabe qué fin va a tener este caso, aunque la fiscal Gioconda Gutiérrez confía en que presentará todas las pruebas necesarias para demostrar la culpabilidad del sospechoso.

La fiscal Gutiérrez expresó que por el momento sólo cuentan con pruebas indiciarias, pero aseguró que con el transcurrir de los días obtendrán más pruebas para incriminar al supuesto verdugo de la niña Margine Herrera.

Los otros dos casos
Mientras tanto, en Boaco y Managua sigue el drama de las dos niñas que fueron violadas y embarazadas por parientes en su propia casa.

En el caso de Boaco, el sujeto de iniciales P. R..A. J, de 17 años, se declaró culpable de la violación de su prima de 16 años, la que pese a ser una adolescente, vive sumida en un estado vegetal, por padecer de parálisis craneal infantil.

La jefa de la Comisaría de la Niñez y la Mujer, en Boaco, inspectora Virginia Ortiz, dijo que en este caso el victimario confesó haber abusado en dos ocasiones de la menor discapacitada.

El verdugo de la adolescente vegetal relató que se aprovechaba de la víctima cuando ella quedaba sola, porque la abuelita de ambos andaba trayendo agua de un pozo que está como a 200 varas de la casa. Según el último dictamen de los galenos del hospital de Boaco, la menor deberá ser trasladada a Managua, donde se le practicará una cesárea.

En el caso de la niña de 10 años, conocida como la “otra Rosita”, quien fue violada y también embarazada por su padrastro, en una comunidad de San Miguelito, Río San Juan, el autor es buscado por la Policía en la frontera con Costa Rica. Mientras tanto, la menor supuestamente permanece en poder del Ministerio de la Familia, en Managua, donde también recibe atención médica.

Tragedias como éstas se podrían evitar si en las familias a los varones desde niños se les enseñara a tener respeto por la dignidad de las damas, y sobre todo dar el ejemplo, sin importar la edad o condición social, es nuestra reflexión al conocer tan desgarradoras historias.