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En lo que va del año, siete vigilantes han muerto en circunstancias violentas: cuatro de las víctimas eran de Managua, una de Masaya y dos de Sébaco. El móvil de la mayoría de los asesinatos fue el mismo: el robo de las armas de fuego.

Una de las últimas víctimas fue el vigilante David Antonio Bustamante, de 55 años, quien pereció debido a la brutal golpiza que recibió a manos de varios delincuentes que hasta ahora no han sido identificados.

Josefa Navarrete aún no se recupera por la muerte de su marido, quien por necesidad tuvo que conseguir empleo como vigilante, pero nunca se imaginó que ese oficio le costaría la vida y que dejaría hundida a su familia en la total crisis económica.

El crimen se produjo el 14 de enero de este año en los terrenos de la gasolinera “Shell Armol”, en Ciudad Sandino, establecimiento que la víctima cuidaba desde hacía siete meses.

Vigilante vigilado
Navarrete comentó que su marido jamás había trabajado como vigilante. Su oficio era operador de máquinas industriales en una zona franca, pero debido al paso de los años, su edad se volvió un factor vital para mantenerse en su puesto, tanto así que lo despidieron.

“Como nunca hallaba trabajo, un vecino le consiguió una plaza como vigilante en una empresa ubicada por la alcaldía de Ciudad Sandino. Él me decía que quería cambiarse, porque le quedaba muy largo de la casa, decía que miraba cómo los pandilleros se apedreaban y se golpeaban entre sí, pero que con los vigilantes no se metían”, recordó Navarrete.

Asimismo, refirió que tiempo después le dijeron que en la Shell Armol necesitaban un vigilante y ahí vio su oportunidad de estar más cerca de la casa, pero no le fue bien, porque siempre llegaba contando que se sentía vigilado, escuchaba pasos en el monte y como a veces estaba solo, lo que hacía para espantar a los ladrones era disparar al aire.

El 14 de enero, Juan Orozco llegó a relevar a Bustamante y no lo encontró en el sitio habitual. Lo halló debajo de una cisterna amarrado de pies y manos con los cordones de sus zapatos. Tenía moretones en su rostro y cuerpo, y estaba inconciente. Un día después murió.

Navarrete comentó que las autoridades de la empresa de seguridad donde trabajaba su marido, por poco más de mil córdobas a la quincena, se han rehusado a pagarle la indemnización de 63 mil córdobas por la muerte de su esposo y que lo que ha recibido son humillaciones.

Ariel Membreño, responsable de Recursos Humanos de la gasolinera para la cual laboraba Bustamante, indicó que a quien le corresponde indemnizar a la viuda es al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS. “Nosotros ya cumplimos pagando la liquidación”, sostuvo vía telefónica.

Desafío investigativo
El jefe de la Dirección de Auxilio Judicial de la Policía en Ciudad Sandino, subcomisionado Carlos Espinoza, señaló que hasta la fecha no se ha logrado esclarecer el crimen de Bustamante.

El problema con este tipo de casos es que ocurren de noche, cuando no hay testigos, de forma tal que la única forma de esclarecerlos es mediante las pistas que quedan en la escena del crimen.

Cuando no hay testigos directos o pistas claras, resolver el crimen de un vigilante puede tomar tiempo y en muchos casos hasta quedan en la impunidad.

Espinoza explicó que el procedimiento policial establece tres meses para esclarecer un asesinato no resuelto, pero se puede prorrogar el tiempo por 180 días más. Si el crimen no se esclarece en ese periodo, no queda más que archivarlo.

Sobre el asesinato de David Antonio Bustamante, Espinoza señaló que van por buen camino, porque tras la detención de varias personas descubrieron que los asesinos pueden ser los miembros un grupo de delincuentes que habitan en los barrios costeros del lago de Managua, pero que operan en Ciudad Sandino.

El jefe policial explicó que cuando el asesinato de un vigilante está sin esclarecer, circulan las características de los sospechosos o las pistas más fuertes con las que cuentan, como las principales zonas en las que operan los criminales, para que el resto de guardas de seguridad tengan cuidado.

Tres de cada cinco se duermen
Por su parte, el subcomisionado José Gutiérrez, jefe de la Dirección de Auxilio Judicial del Distrito Cuatro, reveló que debido al incremento de delitos en contra de los vigilantes, la Policía ha estado haciendo patrullaje en las zonas de mayor incidencia delictiva.

“Nos hemos encontrado que tres de cada cinco guardas están dormidos y al preguntarles por qué, nos señalan que con un ojo descansan y con el otro vigilan”, agregó Gutiérrez.

El problema según Gutiérrez es que los turnos son muy extensos, por lo que recomendó a las empresas de seguridad rotar a sus vigilantes cada cuatro horas y no cada ocho o 24 horas, como lo hacen, porque el cuerpo espontáneamente pide descanso después de las nueve de la noche.

Gutiérrez apuntó que los delincuentes buscan armarse principalmente despojando a los vigilantes, porque al encontrarlos sentados o dormidos e indefensos, “ven en ellos su mejor oportunidad”.

“Al despertar, estos son frontales en sus reclamos y es en el forcejeo que los matan,” añadió el subcomisionado Gutiérrez.

Aunque la Policía Nacional ha firmado varios acuerdos con las empresas de seguridad, los vigilantes se encuentran indefensos antes cualquier ataque de delincuentes.

Mercado ilegal
Datos recientes publicados por el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, Ieepp, revelan que cada mes hay 38 robos de armas.

En 2008 se reportaron 386 armas robadas a vigilantes, mientras que en 2009 esta cifra se elevó en 119 casos, es decir, llegó a las 505 casos.

La mayoría de las armas van a parar al mercado ilegal, adonde llegan otros delincuentes a abastecerse.

El estudio del Ieepp establecía inicialmente que las armas eran robadas por delincuentes que se hacían pasar por vigilantes, y eso era una debilidad de las empresas, porque contrataban personas sin cerciorarse de su historial policial, pero actualmente los robos son perpetrados por auténticos criminales, quienes al ver que su víctima se opone al atraco, la asesinan y le quitan el arma para luego usarlas en enfrentamientos con otros grupos delictivos o para hacer atracos.

Valga decir que el vigilante siempre se opone al robo de su arma de reglamento, aunque exponga su vida, porque las empresas de seguridad les cobran todo lo que se pierda durante su turno. Son muy pocas las que tienen el respaldo de un seguro contra robos.

También son muy pocas las que tienen un seguro de vida para todos sus vigilantes, quienes al morir en el cumplimiento de sus funciones, en la mayoría de los casos, dejan a sus hijos y viudas en el desamparo.

Las últimas víctimas
A José Cristóbal López Solórzano, de 65 años, lo mataron de un balazo en la barbilla la madrugada del domingo pasado frente al Colegio Colombia, en la colonia del mismo nombre, en Managua. Extrañamente a este señor no le robaron el arma, por lo que la Policía sostiene que el móvil era otro.

Otro vigilante asesinado fue Ricardo José Zelaya Acevedo, de 24 años, quien cuidaba el casino Scorpio, sitio donde fue estrangulado por sus victimarios, quienes además de robarle más de 50 mil córdobas, se llevaron la pistola del guarda, la que nueve días más tarde fue encontrada en manos de dos sagaces delincuentes. Este es el único crimen de los siete registrados en este año, que está esclarecido. El autor está preso esperando juicio.

Para la misma época en que Zelaya fue ejecutado, otro vigilante fue ultimado de dos balazos cuando cuidaba la ferretería “El Buen Fierro”, ubicada en la Colonia Cristhian Pérez. Lo único que faltaba en el negocio era la escopeta del infortunado.

Casi un mes después fue encontrado muerto de un disparo en el pecho, el vigilante Rodrigo Salomón Silva, quien se ganaba la vida cuidando un residencial en Veracruz, Nindirí, Masaya. El único objeto robado fue la escopeta calibre 12.

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