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LAS MINAS, RAAN
Una vez más el descuido familiar es la principal causa de tragedias desgarradoras: dos niños perecieron completamente carbonizados, al incendiarse su humilde vivienda.

Oneyda y Jeremías Calero Ochoa, de siete y cuatro años, respectivamente, son los hermanitos que lamentablemente murieron en el siniestro, ocurrido entre las seis y media y las siete de la noche del sábado último, en la comunidad mestiza de Minesota Arriba, unos veinte kilómetros al noreste de la ciudad de Rosita, en la Región Autónoma del Atlántico Norte.

Las pequeñas víctimas dormían en una cama confeccionada con tablas y sacos, y al parecer, cuando se enteraron de que se encontraban rodeados por enormes lenguas de fuego, que devoraban su humilde casa, se abrazaron para morir convertidos en una sola masa humana que se derretía en medio de cenizas y utensilios de cocina esparcidos en el lugar de la desdicha.

Como un coco con su cáscara, que es casi similar a la de un balón de fútbol americano, quedaron reducidos e irreconocibles los cuerpos de los desafortunados hermanitos.


Sólo a tres hijos llevaron
La niña Oneyda, que cursaría su primer grado este año, y su hermanito, fueron dejados solos y bajo llave por su padre, Juan Calero García, de 36 años, y por su madre, Flora Ochoa Picado, de 34, quienes cargaba a un bebé de quince meses, en compañía de otros dos menores, uno de once y otro de diez años, cuando se dirigían a participar de oraciones en un culto evangélico, que celebraban a media hora de camino de su casa.

Todo hace indicar que el fogón quedó encendido dentro de la vivienda, dando origen a la fatalidad. Probablemente la alta temperatura del fogón de leña produjo llamas y éstas pudieron extenderse a los secos rejones que se encontraban cerca.

El abuelo paternal de los infortunados hermanitos, Daniel Calero Sánchez, de 65 años, que es el vecino más cercano, fue el primero en darse cuenta del incendio, pero dijo que cuando llegó ya era demasiado tarde para sofocarlo o rescatar a sus nietos, porque el fuego cubrió toda la casa y no había lugar que dejaran las llamas para penetrar. En las comunidades mestizas las casas vecinas distan a unos 150 metros, por lo menos.

Los padres fueron avisados media hora después de la tragedia y cuando llegaron encontraron sólo una masa humana de sus vástagos. El progenitor de las víctimas, Juan Calero, informó el caso a la Policía hasta ayer martes, justificando la distancia, el luto y dolor por lo ocurrido.

Los hermanitos carbonizados fueron sepultados la mañana del domingo último, en la misma comunidad.

Mientras tanto, el jefe policial en el municipio de Rosita, teniente José Alex Chacón, aseguró a EL NUEVO DIARIO que investigarán las circunstancias de lo ocurrido, para determinar si lo reportado fue un accidente o hay mano criminal.

En Las Minas, siete menores han muerto calcinados y todos fueron dejados solos por sus madres o padres en las casas, con una candela, con un candil o con un fogón encendido, como el último caso.