•  |
  •  |
  • END

¿Jacobo Ismael Aguirre es un psicópata? Esta pregunta martiriza día y noche a los familiares de Johana Tercero Díaz, de 35 años, cuya osamenta fue encontrada hace dos semanas en la letrina de la vivienda que compartía con su marido, en el barrio La Primavera.

Los psicópatas son individuos depravados moralmente, son depredadores infrenables e imposibles de tratar, su violencia es planeada, decidida y carente de emociones. Para ellos las reglas sociales no valen nada.

La atemorizada familia Tercero asegura que 15 días antes del crimen de Johana Tercero, Jacobo Ismael Aguirre recibió en su casa, en San Gregorio, Carazo, la visita de los enmascarados.

En ese encuentro, los hombres que se cubrían los rostros con pasamontañas, presuntamente recibieron de Aguirre fotografías y direcciones de la familia de Johana Tercero.

Los enmascarados andaban en una camioneta blanca, doble cabina, vidrios polarizados, según lo que dijo el joven a su familia materna.

“Aunque él – Jacobo Ismael Aguirre- está preso, nosotros sentimos miedo de que nos vengan a matar”, expresó Martha Tercero Díaz, hermana de la víctima
Los parientes de Johana Tercero temen que Jacobo Ismael Aguirre se valga de su experiencia militar para vengarse de ellos, y principalmente de su hijo de 16 años, por haber sido quien lo delató.

Aguirre, en los años 80, fue soldado en las filas del Ejército, lo que le permitió acumular experiencia militar que podría utilizar contra quienes lo incriminan por dos muertes y una violación agravada.

El principio del fin

El fin de la relación entre Jacobo Ismael y Johana Tercero comenzó después de 13 años de convivencia marital, cuando la hija del segundo matrimonio de la dama cumplió 15 años.

Jacobo Ismael Aguirre conoció a su hijastra cuando ésta tenía dos años, pero eso no impidió que supuestamente se aprovechase sexualmente de ella, cuando la madre salía a trabajar como mesera.

De la violación nació un niño que ahora tiene dos años, y aunque Johana Tercero reaccionó indignada ante el bochornoso hecho y denunció a Aguirre ante la Policía, la captura nunca se concretizó, relató doña María Díaz Granados.

Error garrafal

Casi un año después del escándalo surgido por la violación y embarazo de su hijastra, Jacobo Ismael Aguirre apareció por el barrio “La Primavera”, y para sorpresa de todos fue perdonado por Johana Tercero, quien aceptó que éste retornara al hogar.

Aunque Aguirre no volvió a “molestar” a su hijastra, aparentemente aprovechó el tiempo para planear lo peor, según las consideraciones hechas por los familiares de la víctima.

“Haber aceptado que él – Jacobo Ismael Aguirre- regresara a la casa, fue un error que cometió mi hija”, reconoció apesarada María Díaz, quien considera que si Johana Tercero hubiera seguido impulsando la denuncia que presentó contra su marido, hubiese evitado más desgracias.

¿Eliminó al hijastro?

Entre la fecha en que Aguirre regresó a la casa y la desaparición de Johana Tercero, transcurrieron 17 meses, tiempo en el cual también se produjo la misteriosa muerte de Eduardo Antonio Tercero Manzanares, quien apareció muerto la madrugada del 27 de abril del año 2008, sobre la Carretera Panamericana Norte, cerca de los semáforos de donde fue El Dancing.

Aunque oficialmente la muerte del segundo de los hijos de Johana Tercero está registrada como consecuencia de un accidente de tránsito, para sus tíos y abuela materna, se trató de un homicidio aparentemente provocado por Jacobo Aguirre.

La familia doliente tiene dos hipótesis: la primera es que Aguirre lo mató y luego puso el cadáver en la carretera para simular que había muerto a consecuencia de un accidente de tránsito.

La segunda tesis es que el joven iba huyendo de la furia de su padrastro y cruzó la vía internacional de forma imprudente, siendo atropellado por un vehículo cuyo conductor se dio a la fuga.

El cadáver de Eduardo Antonio Tercero fue reconocido hasta tres meses después en la morgue del Instituto de Medicina Legal, IML, porque su familia suponía que estaba donde sus pariente paternos, en Ciudad Darío, explicó María Díaz.

Llegó lo peor

Nueve meses después de la muerte del hijo de Johana Tercero se produjo su desaparición. Hace dos semanas hallaron un esqueleto que se supone es el de ella.

Con voz entrecortada, la acongojada madre recordó que el 4 de enero de 2009 su hija estuvo por última vez en la casa de la familia y de rodillas le pidió perdón a su padre, por si alguna vez se había portado mal. Johana Tercero desapareció un día después.

“Ella parece que presentía que ese hombre – Jacobo Ismael Aguirre- la iba a matar, porque me dijo que quería hablar conmigo, pero ese día nunca llegó”, relató Gioconda Tercero, hermana de la mujer asesinada.

Buscada por tierra y cielo

Las hermanas de Johana Tercero aseguran que a raíz de la desaparición de su consanguínea, se dieron a la tarea de buscarla en todos los hospitales, Estaciones de Policía y en la morgue del Instituto de Medicina Legal.

Durante los primeros 15 días de la infructuosa búsqueda de Tercero, Jacobo Ismael se sumó a la misma, pero lo hizo porque sus cuñadas, quienes siempre sospecharon de él, le reclamaron.

“La buscamos en varias ciudades del interior del país, muchas veces viajando sólo con el pasaje del autobús, mientras esto ocurría, Jacobo Ismael Aguirre desapareció de la casa de La Primavera llevándose consigo a su hijo del mismo nombre”, recordó doña María Díaz.

Gioconda Tercero dijo que durante los primeros días posteriores a la desaparición de su hermana, ella visitó la casa y notó que había tierra removida y un tumulto cerca de la letrina. Se sintió tentada de escarbar, pero no lo hizo por recomendación de su difunto padre. Si lo hubiese hecho, habría descubierto el crimen que hoy les causa dolor.

EL NUEVO DIARIO trató de obtener la versión del acusado sobre los crímenes que le achacan sus ex cuñadas, pero el día de la audiencia inicial con características de preliminar, Mario Borge, defensor de Jacobo Aguirre, le impidió hablar con los periodistas.

¿Quién habitará la casa?
Dos semanas después del hallazgo de la osamenta en la casa que habitaba Johana Tercero, la humilde vivienda permanece desabitada y con las puertas en “pampas”, pero pese a eso, los delincuentes no se han atrevido a ingresar y robar lo pocos objetos que hay en el inmueble.

Desde lejos se observa dentro de la pequeña casa un ropero rústico, una silla, un colchón y un cuadro colgante con la imagen de la Sangre de Cristo, mientras en el patio todavía hay huellas de la excavación que los bomberos y la Policía hicieron para extraer la osamenta.

Doña María Díaz dijo que la familia tiene planeado alquilar la casa de su difunta hija o bien, que sea habitada por otro de la parentela, aunque reconoció que difícilmente alguien desearía vivir en la misma, por lo sucedido.

“Nosotros queremos alquilar o vender la casa, pero sabemos que quizás nadie la quiera, porque en ese sitio fue donde mataron y enterraron a mi hija”, agregó la señora Díaz.

Una vecina de la mujer asesinada dijo que a pesar de que los días y las noches posteriores al hallazgo de la osamenta han transcurrido de forma normal, ella prefiere no salir en la noche al patio de su casa, por temor a llevarse un susto.