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Milagros Ramona Paguaga Tinoco, de 31 años, murió de forma instantánea la noche de viernes último, tras recibir dos impactos de bala, uno en la espalda con salida en el pecho y el otro en la parte posterior de la cabeza, a manera de “tiro de gracia”.

Los disparos de una pistola de 38 milímetros fueron asestados por su compañero de vida, Arnulfo Esaú Grádiz Osorio, de 45 años, quien segundos después de segar la vida a la dama, se puso el arma en la cabeza y se disparó. Su muerte, de acuerdo con los especialistas forenses, también fue instantánea.

La tragedia ocurrió, según investigadores policiales, a las 10:40 de la noche, dentro de una pequeña caseta ubicada en el conglomerado de negocios y oficinas de aduanas y migración de Las Manos.

Agentes policiales acantonados en el paso fronterizo, así como vecinos del lugar, escucharon las detonaciones de arma de fuego, ocurridas a puerta cerrada en el pequeño cuarto, por lo que llamaron a investigadores de Auxilio Judicial de Ocotal para que verificaran el hecho.

Había violencia intrafamiliar
Entre el vecindario de la frontera quedó flotando la pregunta: ¿Por qué hizo eso el finado Esaú? El hecho extraña, porque en horas de la tarde los vieron incluso departir tranquilos en uno de los cafetines del lugar. Sin embargo, a Esaú lo calificaban como un tipo extremadamente celoso.

La madre de la ahora occisa, Rubí Tinoco, dijo que su yerno maltrató a la joven durante los siete años que convivieron, y en una ocasión hasta lo mandó a echar preso por ese motivo. “Una vez mi hija vino a la casa con un moretón en un ojo. Nosotros (la familia) le suplicábamos que lo dejara, que ese hombre no le servía para nada”.

Su papá dijo que también la aconsejaba con el mismo fin, “pero difícil. Ella lo quería, porque luego la veía hablándole por teléfono”.

Era madre abnegada
Él se dedicada desde hace seis años al oficio de cambio de moneda, mientras la joven Milagros también laboraba independientemente en un negocio de venta de comidas.

Por esta tragedia quedan en la orfandad dos niñas y un niño, de 13, 12 y nueve años, respectivamente, procreados con una pareja anterior.

Doña Rubí mostró un álbum de fotos, donde Milagros sale acompañando a sus hijos en diversas actividades escolares de ellos en Ocotal.

“Ella era muy obligada con los niños. Por eso salía todos los días a tomar el bus con su canasta de tajadas fritas y verduras para irlas a vender a Las Manos, y darles lo que ellos necesitaban”, dijo, mientras el llanto del resto de la familia se escuchaba dentro de la casa, en el barrio “José Santos Duarte”, de la cabecera departamental, donde velaban su cuerpo.

La Comisaría de la Mujer, a cargo de la subcomisionada Carmen Rocha, realizó el sábado una reconstrucción de los hechos, y buscan pistas para determinar las causas que llevaron al cambista a ejecutar tan horrendo crimen.