Moisés Centeno
  •   LAS MINAS, RAAN  |
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Ariel Altamirano Castro, de 20 años, no pudo conocer a su primogénito, porque viejos enemigos de su familia se lo impidieron al emboscarlo en las afueras de Rosita, en el Caribe Norte.

La víctima murió de forma inmediata al recibir tres impactos de bala en distintas partes del cuerpo --la pierna, el tórax y la espalda-- cuando, con varios miembros de su familia, pasaba frente al lugar conocido como “Bambinita”.

Los disparos que segaron la vida del joven fueron hechos por los criminales desde un matorral, y el primer balazo fue en una de sus piernas.

Altamirano, ya herido, con la ayuda de sus familiares, se arrastró varios metros con el propósito de salir de la emboscada, pero fue impactado dos veces más, en el tórax y en la espalda. Su cuerpo quedó sobre un charco de sangre en la carretera.

Un primo de la víctima que lo acompañaba al momento de ser ultimado, respondió al ataque y logró herir a uno de los criminales.

“Al parecer, el primo ‘pegó’ a uno de los asesinos, ya que se asegura que hay manchas de sangre en el lugar donde éstos perpetraron la emboscada, incluso se dice que también vieron sangre sobre un camino por el que los criminales huyeron”, comentó un lugareño.

La víctima estaba emparentada con la familia Navarrete de Rosita, y según la Policía de la zona, ésta tiene viejas rencillas con otra familia de apellido Matamoros.

Ambas estirpes profundizan su animadversión con la violencia extrema, al punto de que este año se han causado tres muertes y ha habido un homicidio frustrado.

La Policía presume que este hecho sangriento pueda estar vinculado a las diferencias que tienen estas dos familias, originadas por discordias y egos que en su momento tuvo un miembro de los Navarrete --que huyó de la zona-- con otro de los Matamoros, a quien hace poco tiempo mataron a tiros.