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Demetrio Antonio Castillo Romero, de 36 años, llegó en busca de justicia y de protección ante las autoridades del Distrito Cuatro de la Policía Nacional, pero lo que encontró fue una mala respuesta.

La denuncia que Castillo Romero quería interponer ante las autoridades policiales era que había sido golpeado por “error”, cuando aparentemente un vigilante del Mercado Oriental lo confundió con un delincuente y lo golpeó con un “amansa bolos” varias veces, provocándole varios “chichones” en la cabeza y en el cuerpo.

“Pero al llegar a la Policía me dijeron que el palo que caminan los vigilantes del mercado era de hule y por eso no recibían la denuncia, porque según ellos, no hay delito”, manifestó molesto el comerciante.

Mala suerte

Al parecer, la “racha de mala suerte” seguía a Castillo Romero y a su esposa, Noemí Blandón, de 35 años, porque al llegar por primera vez a la capital para vender camarones, se sorprendieron al ver que en el Mercado Oriental la libra de ese producto cuesta 30 córdobas, pero ellos, en Bluefields, la compraron en 80.

“Mire… hasta andamos permiso de venta de la Alcaldía de Bluefields y del Ministerio de Salud, para vender aquí, pero todo me ha salido mal”, manifestó resignado el comerciante, quien andaba en busca de unos zapatos más cómodos, porque los que traía puestos le ampollaron los pies.

La pareja había invertido mil córdobas sólo en el pasaje de los dos, con la esperanza de obtener mejores ganancias para la manutención de sus tres hijos, pero sólo vainas les pasaron.