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Alejado de las drogas, las pandillas y la vagancia habitual, Jorge es un joven de 17 años que ahora observa la vida con alegría y esperanza.

Jorge era uno de los “más aguerridos” a la hora de que en su barrio había un “bonche” o una riña protagonizada por su pandilla, la que, según sus progenitores, era una de las más temidas por la crueldad con que actuaban.

Jorge andaba en cuadrilla o en grupo para asaltar y conseguir dinero u objetos de valor, aunque también cometía ilícitos de forma individual.

Recuerda con amargura, como si quisiera borrar esa mancha sucia y oscura de su vida, que lo que conseguía lo gastaba en licor o drogas.

Al menos nueve veces estuvo retenido en la Policía, pero por su condición de menor de edad, recibía un trato diferente al de los adultos, aunque reconoce que los actos delincuenciales que cometía eran terribles.

Cansado de causar tanto mal a sus víctimas, a sus padres y a sus hermanos menores, a quienes les robaba sus pertenencias para venderlas y “pasárselas” por la nariz, Jorge decidió salirse de ese mundo que lo llenaba de zozobra a él y a su familia.

Fines de semana de zozobra

Sus padres recuerdan con dolor lo mucho que los hizo sufrir. “Casi no dormíamos, sobre todo los fines de semana, cuando salía a fiestas con sus amigos”, acotaron.

“Siempre estábamos con el alma en la boca, en zozobra, esperando que lo trajeran muerto, o que algún vecino dijera que lo habían llevado a la cárcel, y allí era el mayor problema para nosotros, que debíamos dar la cara”, aseguran.

Ellos recuerdan nunca haberle dado un mal ejemplo a su hijo, el único de ellos que por desgracia tomó el mal camino.

Ahora Jorge se convirtió en una persona de bien, “desgraciadamente, las malas influencias de personas que decían ser mis amigos, me guiaron por malos pasos”, recordó.

Sin embargo, reconoce que Gracias a Dios salió de la perdición y ahora trata de apoyar económicamente a sus padres, para resarcirles el daño que les causó, aunque ni él ni sus progenitores lo dicen claramente.

“Me “metía” en uno y mil líos”, señala Jorge, a la vez que analiza que cuando estaba en los problemas se ponía afligido, pero luego volvía a sus andanzas.

“Aunque yo no quería salir, mis amigos me insistían que lo hiciera”, justifica y reflexiona que cuando uno es menor de edad “ agarra vara”, léxico que utiliza para señalar que se dejó llevar o hizo cosas indebidas, porque otros lo incitaron a hacerlo.

El “milagro” llegó

“Fueron las malas “gavillas” las que dañaron a mi hijo”, interrumpe la madre, ratificando que los amigos fueron los que introdujeron a Jorge en problemas.

Pero la regeneración de Jorge es parte de los buenos resultados de los proyectos de capacitación técnica y espacios para formación escolar que ha promovido la Fundación Nuevos Horizontes, Funhori, en la ciudad de Estelí.

Con su mirada puesta en el horizonte, Jorge recuerda que hasta hace algunos años su vida no tenía sentido.

Sus padres señalan con orgullo que lejos de ser un “dolor de cabeza”, ahora su hijo es símbolo de esfuerzo, tenacidad y voluntad, elementos que combinados hacen que todo sea posible.

Jorge ahora trabaja como carpintero después de clases, y con lo que gana ayuda en el hogar, porque sus padres son obreros del tabaco con salario bajo y tienen dos hijos más.

Proyectos de Funhori
Los promotores de la Fundación Nuevos Horizontes trabajan con 200 adolescentes y jóvenes en situación de riesgo en distintos barrios de la zona periférica de la ciudad de Estelí sobre la convivencia pacífica y la erradicación de las manifestaciones de violencia social. También les enseñan a dejar los hábitos que dañan a sus familias.

Funhori ha dirigido al menos diez proyectos de reinserción social, estudio y capacitación técnica para jóvenes en riesgo de los barrios del distrito III de la ciudad de Estelí.

Dicha labor tiene 5 años consecutivos de venirse desarrollando con los jóvenes, que demandan educación formal y no formal.

La fundación ha atendido alrededor de 80 jóvenes en diferentes modalidades como recreación sana e impulso de deportes, sesiones de crecimiento personal, atención sicológica individual y grupal, educación formal y no formal, y organización de la comunidad de cara a la no violencia.

También han establecido coordinaciones con diferentes organizaciones que trabajan en el tema de la no violencia.

Con el proyecto de apoyo a la formación educativa de jóvenes ex miembros de grupos juveniles, como en el que estaba Jorge, dieron respuesta a una de las demandas de los “desmovilizados”: el empleo.


Segunda etapa
Cuando inició la segunda etapa de este proyecto, varios de los jóvenes que volvieron a estudiar tenían de 3 a 6 años de haberse retirado del sistema escolar, y una de las dificultades que enfrentaban es que por sus edades no podían estar en el nivel académico deseado, pero al final, gracias a la buena voluntad de los docentes, superaron el escollo.

De igual forma Funhori ha continuado apoyando a los jóvenes desmovilizados de dos grupos juveniles con medias becas, facilitándoles materiales didácticos y dándoles sesiones de motivación para que no deserten del sistema escolar.

Para garantizar el éxito, Funhori reforzó coordinaciones con la Dirección de Asuntos Juveniles de la Policía Nacional, con los jefes de sector de la comunidad, jóvenes ex miembros de grupos juveniles y líderes de barrios.

Sin embargo, los dirigentes de Funhori advirtieron que si los padres de familias y la comunidad no se involucran en éstas iniciativas, la violencia entre jóvenes seguirá afectando a todos.

La fundación informó que consolidó su plan de educación aumentando el número de jóvenes en capacitación: de 5 que tenían en 2004 pasaron a 25 en 2008.

Ocho jóvenes se capacitaron en los talleres de mecánica para motor de diesel y gasolina, además la fundación brindó atención psicológica a nivel individual y grupal a 35 jóvenes.

Logros

El 60 por ciento de los muchachos que captaron se convirtieron en agentes de su propio cambio y se integraron a la comunidad para rescatar más jóvenes.

El 40 por ciento de los padres refuerzan el trabajo de atención y formación de sus hijos, y se integran en los procesos de orientación sicológica de forma dinámica, revelaron con orgullo los personeros de la fundación.

No es de extrañar entonces que con todo esto, la fundación haya logrado la desmovilización de dos grupos de jóvenes violentos: “Los Truchas” y “Los Planteños”, recientemente “dados de baja” del registro policial.

También disminuyeron los conflictos de violencia entre otros grupos de jóvenes que perjudicaban a la comunidad a nivel económico y social.

Este año Funhori impulsa un nuevo proyecto de formación técnica para jóvenes en riesgo.

“Es una nueva oportunidad para algunos jóvenes que estaban integrados en el grupo meta y que por diferentes razones no continuaron”, señaló un funcionario de la organización.

El proyecto es una respuesta de inclusión para aquellos jóvenes que quieren continuar estudiando en las diferentes modalidades que ofrece la formación técnica.

Veintidós jóvenes serán capacitados en electricidad, belleza, mecánica y computación, pero a la vez tendrán charlas de orientación sicológica y motivación, para que los que han decidido seguir con el bachillerato, cumplan su sueño.

Estos proyectos han sido financiados por solidaridad socialista (Sol- Soc) y la Asociación “Gaspar García Liviana” por un monto de 135,000 dólares.