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“¿Mamá me querés?, sí mi amor… ¿por qué me lo preguntás?, por nada, ¿qué te pasa? ¿tenés novio? No, estoy muy pequeña para eso… ¿Y cuando seas grande vas a tener uno? No, no, no me gusta porque violan”. Ese fue el diálogo que a través del lenguaje de señas tuvo una niña sordomuda que llamaremos “Karina”, de once años, con su mamá, a quien sin querer le reveló su calvario.

Tres años pasaron para que “Karina” rompiera el silencio y denunciara a su supuesto agresor: un joven que también padece de deficiencia auditiva, y que cuando ocurrieron los hechos tenía 15 años, pero ahora tiene 18.

“Karina” y su presunto violador eran estudiantes de la Escuela Especial “Melania Lacayo”, de Masaya.

El martirio que la menor aparentemente sufrió empezó desde cuando ella tenía ocho años, pero como supuestamente estaba amenazada, “sus manos callaron”.

“Si hablas te mato y mato a tu papá y a tu mamá con una pistola que tengo”, aparentemente le decía el victimario a su víctima, mediante el lenguaje de señas.

Pero como entre cielo y tierra no hay nada oculto, el caso salió a luz pública y la sorpresa fue mayúscula, porque además de “Karina”, hay otras tres niñas más que aseguran haber sido abusadas por la vía anal por el mismo agresor, supuestamente.

“Busqué a las demás madres de las niñas, para alertarlas, pero en el fondo tenía la esperanza que fuera una mentira, no podía creer el daño que le hicieron a mi hija, sin embargo, todo era verdad, las demás niñas confirmaron que fue el alumno mayor de la sección, el que las perjudicó”, dijo entre lágrimas la madre de la primera niña que denunció, a quien llamaremos “Mayra”.

Lo que dice la denuncia
Según la denuncia que rola en el expediente policial número C-0011-2010-00872, las menores eran tomadas por la fuerza una a una y llevadas al baño que está dentro del aula de clase, en el momento que la maestra salía del salón.

“En una ocasión agarró a la fuerza del brazo a mi hija de 12 años y la violó dos veces, la profesora que en ese tiempo impartía el segundo grado, los encontró en el baño y el agresor le rogó que no le dijera a la directora, ésta llegó y únicamente lo regañó, pero no nos informó a los padres de familia de la gravedad del caso, pese a que a diario llegábamos a dejar a las niñas”, manifestó indignada “Esther”, la madre de otra de las niñas a la cual identificamos con este seudónimo para proteger a su hija.

La denunciante se quejó de la actitud de la directora del Centro escolar, Leda Abdalah Quintero, quien según ella ocultó el hecho para ahorrarse las críticas o tal vez un llamado de atención de sus superiores.

“Se fijan que por eso es malo el sexo y las relaciones sexuales, no le digan a sus mamás porque les van a pegar y las van a regañar”, fue lo que presuntamente les dijo hace tres años la directora a las niñas el día en que una docente descubrió lo que estaba pasando.

Directora habla en la Policía
Sin embargo, en la declaración que Abdalah Quintero rindió ante las autoridades policiales que la entrevistaron como parte de las diligencias investigativas, dijo que no conocía el caso.

“Nunca observé ningún comportamiento que pudiera indicar que estaba ocurriendo algún tipo de violencia sexual, ni tengo información alguna que me hayan referido las docente en relación al hecho que se investiga”, agregó.

“En ese año, ahora atando cabos, las cuatro niñas se pusieron rebeldes, no querían asistir a clases, no se querían bañar y hasta incluso querían asistir a clase vestidas de pantalón, talvez como una manera de protegerse, porque el uniforme es de falda y una vez le pegué a mi hija porque quería llevarse el pantalón que le quedara más apretado, sin saber lo que pasaba en la escuela”, recordó “Esther”.

Al parecer las cuatro menores no eran las únicas que sufrían los abusos del alumno mayor, también los demás compañeritos de edades comprendidas entre los 11 y 12 años que observaban cuando las niñas eran mancilladas en el baño, estaban sometidos bajo amenazas de golpes.

“Agarraba a los varoncitos y los levantaba del pescuezo, los ponía contra la pared amenazándolos que si decían algo a sus padres de lo que vieron, les pegaba”, aseveró “Martha”, otras de las madres perjudicadas.

En una ocasión, una de las víctimas se aferró con fuerza de la silla para no ser arrastrada por el victimario al baño y como no logró llevársela, la tomó del pie y la lanzó hacía atrás con todo y silla, y le decía con señas: “otra vez te voy a violar”.

Le negaron la matricula al violador
Ante las quejas de los padres de familia que pensaban que sus hijos sólo eran sometidos a maltrato físico, la directora Abdalah Quintero no matriculó en este año 2010 en el centro escolar al victimario.

“Ve profe, mejor ni lo hubiéramos ayudado, porque el papá dijo que lo iba a matricular en Managua y total lo terminó matriculando en la Rafaela Herrera (Colegio ubicado en la Villa Bosco Monge, Masaya), supuestamente le comentó la directora a una de las docentes que la Policía quiere entrevistar como testigo.

Desde que los padres de familia vieron que un mayor iba a estudiar en el centro, le manifestaron a la directora que no estaban de acuerdo que éste estudiara con los niños y niñas, pero Abdalah Quintero les señaló que “él entró tarde (a la educación escolar) y ese es el grado que le corresponde”.

Según las denunciantes, los maestros tenían pavor de decir lo que estaba ocurriendo en el centro escolar, y tampoco comentaban las injusticias que ocurrían dentro del bus del recorrido.

“Pedimos justicia, porque sigue la misma directora en el colegio, callando el delito solamente para evitar el escándalo”, dijeron las madres.

También exigen que sean sancionados los docentes que tuvieron conocimiento del caso y callaron.

Las madres enviaron una carta a Sonia María Vilchez, delegada departamental del Ministerio de Educación, Mined, informándole del caso y pidiéndole que interpongan sus buenos oficios para que sus hijas no pierdan el año escolar, porque desde octubre, cuando se descubrió todo, las menores no asisten a la escuela.

“Nosotros no confiamos en la delegada de Masaya, porque es amiga de la directora y llegó a defenderla, cuando se presentó la Policía a investigar el caso en el Centro Escolar”, dijo “Mayra”.

Otro moclín
Según los quejosos, en 2007 que iniciaron los abusos sexuales contra las menores, lo mismo ocurría en otro salón de clase.

“Mi hija me dijo que también pasaba en la otra aula, donde la niñas son mayores, de entre 15 y 18 años. Hasta corrieron a la profesora que defendió a las niñas de los supuestos abusos de un profesor de educación física”, manifestó “Esther”.

Para que la directora respondiera a los señalamientos de las madres de familia, END trató de entrevistar a Leda Abdalah Quintero en el colegio “Melania Lacayo”, pero Zayda García, quien se identificó como afanadora del centro de estudio, pero que en realidad es la niñera del recorrido escolar, dijo: “La directora manda a decir que no está autorizada para hablar sobre ningún tema, y que en todo caso vayan al Ministerio de Educación”.

Tampoco la delegada del Mined en Masaya habló del caso. Su secretaria, María Teresa López, salió a decir que la licenciada Martha Martínez no estaba en su oficina, porque se encontraba “en capacitación toda la semana”.

Autoridades investigan
La incapacidad para escuchar y hablar que tienen las víctimas y el denunciado, no impiden a las autoridades policiales y fiscales investigar el caso.

“Para las investigaciones que realizamos, hemos pedido apoyo a la Asociación de Sordos de Nicaragua para que nos provean de intérpretes y a más tardar el día lunes, el denunciado se presentará ante la Fiscalía”, dijo el comisionado mayor Domingo Navas, jefe de la Policía Nacional de Masaya.

Según las autoridades Policiales de Masaya, los delitos sexuales han ido en aumento en lo que va del año, porque casi alcanzan las cifras que se registraron el año anterior.

Comparativo de 2009 2010
Violación 83 76
Estupro 30 20
Abusos deshonestos 54 50
Los factores que han influido para que este tipo de delitos vayan en aumento son “la pérdida de valores, la existencia de niños en situación de riesgo, el estrés económico, la promiscuidad, el hacinamientos, y todo el factor social que influye para que los adultos se aprovechen de los menores”, señaló Sara Flores Téllez, sicóloga de la Comisaría de la Mujer de la Policía de Masaya.