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Vivir en un vecindario donde dos pandillas se disputan el territorio le costó la vida al taxista Eduardo Salgado Solís, de 51 años, quien pereció de un impacto de bala de arma artesanal en el abdomen la tarde de ayer.

El infortunado habitantes en el barrio Cristo del Rosario descansaba en las afueras de su casa, cuando un sujeto conocido con los motes de “Betito” y “El Piojo” desde una señal de alto ubicada a unos 25 metros de la vivienda de Salgado detonó el arma.

La bala pegó en el tubo de una cancha de baloncesto y luego rebotó hasta impactar a la victima, mientras los balines quedaron incrustados en el marco de la puerta de la vivienda.

María Concepción Salgado, hija de la víctima, señaló que su padre salió al porche de la casa a eso de las seis de la tarde, mientras tenía en brazos a su nieta. “Me acababa de meter con la niña, cuando miré que mi papá entró a la casa y me dijo “ay hija me dieron”.

“Él se tocó -el abdomen- donde le salía la sangre, después cayó y mi esposo lo trasladó al hospital pero falleció”, relató la apesarada María Concepción Salgado.

La hija del obrero del volante destacó que los médicos del hospital “Lenín Fonseca” hicieron lo posible por salvarle la vida a su padre, pero tuvo dos paros cardiacos que resultaron fulminantes.

“El Piojo” principal sospechoso
Salgado también señaló que en el barrio “Cristo del Rosario” hay una continua disputa entre dos pandillas conocidas como “Los Piojos” y “Los Canarios”, que anteriormente eran un solo grupo conocido como “Los del Valle” pero se separaron y ahora viven en continuo enfrentamiento.

Junto a “El Piojo” también se menciona como sospechoso al sujeto conocido como “La Rata”, quienes están prófugos de la justicia.

“La Policía nos recomendó que no lo veláramos en esta casa, porque se juntarían todas las pandillas y que ya no habría uno sino varios muertos, no pensamos seguir – con la acusación- porque si los agarran van a estar tres días presos y después los dejan libres”, comentó María Concepción Salgado.

El legendario barrio Cristo del Rosario se ha vuelto un vecindario peligroso, porque sus habitantes nunca saben a que hora va comenzar la balacera y quedaran en medio del fuego cruzado.