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Por el peligro que representaban las viejas paredes del edificio de dos pisos conocido como “Las Torres Gemelas”, las autoridades de la Defensa Civil decretaron el lugar “no habitable”, porque incluso ponía en riesgo la vida de los transeúntes que pasaban por ahí.

Fue así que miembros de la Federación de Bomberos y voluntarios del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Carazo tumbaron parte del local que durante seis años funcionó como casa de citas, donde muchos varones, sobre todo del campo, llegaban a desahogar sus penas con mujeres que vendían sus caricias al mejor postor.

Ahora es un lugar árido. No quedó nada, pero los ciudadanos la recuerdan en las direcciones que dan: “de donde fueron Las Torres Gemelas, tantas cuadras al norte o al sur o frente”.

“Nos hacen falta. Sentimos nostalgia”, expresaron varias personas.

El viejo edificio fue habitado inicialmente por la familia de Don Fruto Arévalo. Don Diego Avellán, ahora fallecido, fue el último comprador del local, pero lo dejó en manos de su suegra, “Chonita”, quien a su vez lo heredó a su hija Karla Avellán Saballos, finalmente la compró el licenciado Douglas Leiva, fuerte productor.

Leiva vio la demolición del edificio para dar paso a un lugar que sea atractivo. Ahora es solo un terreno vacío localizado a media cuadra al noreste del parque central Román y Reyes.

El viejo edificio fue construido con taquezal, madera de níspero y genízaro, pero eso fue cuando en la zona había mucha madera, según platicó un jinotepino, que no quiso que le identificáramos con nombre y apellido,
El licenciado Euclides Cerda dijo que por haber sido un lugar histórico, hace mucha falta.

“Por su caída, varias personas se enfermaron”, señalaron algunos varones que frecuentaban “Las Torres Gemelas”.

Las trabajadoras sexuales ahora se reúnen en el propio parque central para buscar clientela.


(Colaboración especial)