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Una especie de “auto toque de queda” se han impuesto los habitantes del balneario El Menco, donde hace dos semanas se produjo el macabro hallazgo del cadáver de una madre a quien le fue robado su bebé.

El sábado 9 de febrero se descubrió la dantesca escena del cuerpo de la mujer, lacerado por 15 cuchilladas. Ella fue identificada diez días después como Carmela Martínez Obando, de 20 años, también conocida como “La Macha”, porque heredó el sobrenombre de su padre, a quien apodan “El Macho”.

Desde ese día, los habitantes del balneario no duermen placenteramente.

Acostumbrados a la compañía nocturna del ruido que producen las olas del Lago de Nicaragua y las nubes de “chayules” --insectos que no pican-- los lugareños tienen un nuevo acompañante: el miedo.

“Aquí todos nos metemos en nuestras casas desde la seis de la tarde, por temor”, dijo el campesino que descubrió el cadáver de la joven asesinada.

El labriego aclaró que el temor “no es porque yo crea que me va a salir el espíritu de la difunta; sino porque los asesinos de Carmela Martínez Obando pueden volver a El Menco”.

Este temor es compartido por otros lugareños, pues piensan que los culpables de este delito pueden regresar al sitio para tratar de eliminar a potenciales testigos.

“En los 31 años que tengo de vivir en El Menco nunca antes habíamos visto crimen tan cruel como éste”, dijo otra pobladora, quien al igual que el labriego, por temor a los criminales, pidió que su nombre no fuera revelado.


Triángulo amoroso
Una vez descubierta la identidad de la joven asesinada salieron a relucir algunos entretelones de la dura vida de “La Macha”, originaria de la comunidad El Tepeyac, jurisdicción de Granada. Martínez desde muy temprana edad se vio envuelta en desgracias, pues ya a los nueve años había perdido a su mamá. Entre otros datos, su corta vida, que terminó de forma violenta, fue el centro de un triángulo amoroso formado por ella y dos primos, quienes a la vez eran sobrinos de María Victoria Estrada, alias “La Tiqui”. Esta última, y su pareja, Santos Espinoza Flores, son los sospechosos de haberla asesinado.

Esperanza Moraga, madre de Wilder Chamorro Moraga y por tanto suegra de la joven Martínez, reveló que luego de que su hijo se marchó a Costa Rica, a trabajar, su nuera comenzó una relación sentimental con Juan Carlos Mendoza Estrada.

La escabrosa relación entre “La Macha” y el primo hermano de su pareja fue descubierta por el constante ladrar de los perros cerca del cuarto donde ella dormía con su hija, y porque fingió ser víctima de acoso sexual por parte de Mendoza Estrada, según Esperanza Moraga.

Inquieta por el escándalo canino en los contornos del cuarto de la joven madre, Moraga un día preguntó a su nuera si sabía el por qué del extraño comportamiento de los canes. Ante la interrogante planteada, supuestamente Carmela Martínez contestó que no soportaba el constante acoso nocturno del primo de Wilder.

Esperanza Moraga, luego de escuchar la queja de su nuera, se dirigió a la casa de su pariente, Maritza Estrada, madre de Mendoza, para informarle sobre el supuesto asedio sexual y evitar una eventual tragedia familiar. Pero la que estaba fuera de noticias era ella, pues se sorprendió cuando le aclararon que Juan Carlos y Carmela Martínez, a escondidas, sostenían una relación de pareja.

Y no sólo eso. Amparo Mendoza Estrada aseguró que la primera pareja de Martínez fue su hermano, Carlos, y no Wilder Chamorro. “Ella (Carmela), primero fue pareja de mi hermano Carlos y luego que terminó (la relación) con él se juntó con Wilder”, afirmó Amparo Mendoza.


“La Macha” a rodar
Tras descubrirse la relación amorosa, muy disgustada la suegra sacó de la casa a Carmela y sin mayor alternativa a la joven no le quedó más que buscar posada entre los vecinos de la comarca Tepeyac.

La joven, quien desde los nueve años hasta los 14 vivió bajo el cuido de sus tíos paternos, en Granada, en la última etapa de su vida encontró posada en una finca bajo el cuidado de Ana Sánchez y su marido.

Sobre esto, Sánchez cuenta que como no podía dar posada en su lugar de trabajo, le pidió el favor a su mamá, Elisa Isabel Arias, en la comunidad La Escoba, jurisdicción de Diriomo.

Martínez llegó a la casa de doña Elisa a mediados de diciembre de 2007 y durante los dos primeros meses no acostumbraba salir, relató la generosa señora Sánchez.

Fue para los primeros días de febrero que Obando comenzó a tener amistad y salir con la pareja hoy sospechosa de haberla asesinado. “A esa pareja mi mamá nunca les ‘vio la cara’ porque sólo la pasaban llamando o dejando por el portón que está como a 200 metros de la casa”, relató Sánchez Arias. De la pareja lo único que sabe doña Elisa es que Carmela mucho decía que “La Tiqui”, es decir, María Victoria Estrada, y su marido, Santos Espinoza Flores, le daban dinero para ayudarle con la manutención de su niña, Esperanza Chamorro Obando.

Dos días antes de su desaparición “La Macha” se encontró con sus presuntos victimarios en el empalme de El Guanacaste, donde supuestamente éstos le dieron dinero para comprarle un andarivel a la bebé, relató la señora Elisa.

El sábado nueve de febrero, fecha de la desaparición, la joven madre dijo a doña Elisa que se vería con sus amigos en el empalme en mención, “porque irían de paseo y ‘La Tiqui’ le regalaría mil córdobas para celebrarle el cumpleaños a la niña”.

Ana Sánchez Arias, al igual que su mamá, Elisa Isabel Arias, expresaron que aunque desde la misma noche del nueve de febrero, cuando no regresó Carmela Obando Martínez, ellas se preocuparon, se enteraron de la noticia del hallazgo del cadáver de ésta hasta varios días después, por vivir en una zona rural.


Los Obando cautelosos
Mientras tanto, en la casa de la familia Obando Martínez se mostraron cautelosos ante la presencia de los periodistas y únicamente se obtuvo alguna repuesta de ellos, a “cucharadita”.

Ana Dominga Vargas Obando, hermana de Carmela del Socorro Obando, dijo saber muy poco sobre la vida de su ‘carnal’, porque ésta, tras la muerte de su mamá, cuando tenía nueve años, se fue a vivir donde sus tíos paternos, en Granada.

Seguidamente dijo que no tenía mayores detalles sobre la vida y las circunstancias que rodearon la muerte de su hermana, ya que supuestamente las autoridades policiales les recomendaron no hablar con los periodistas.

Mientras tanto, en casa de esta familia se vive un ambiente de temor porque creen que si dicen algo los parientes de Wilder Chamorro, padre de la niña de Carmela, podrían perjudicarlos de alguna manera, por ser vecinos.

“Ellos (los Chamorro Ortega) son más que nosotros y si hablamos algo pueden tomar represalias en contra nuestra”, aseguró otro miembro de la familia Obando.

En medio de la pena que los embarga, los miembros de la familia de Carmela Obando esperan que pronto concluyan las investigaciones para poder exhumar el cuerpo de la joven, que fue sepultada en el cementerio de Rivas, y darle cristiana sepultura en una tumba propia.

Los parientes de “La Macha” también esperan que una vez esclarecidos todos los entretelones del crimen puedan recuperar la tutela de la niña, que actualmente está en un albergue infantil en Granada, bajo el cuidado del Ministerio de la Familia.

Mientras tanto, el paradero de los sospechosos del crimen sigue siendo un misterio. Tanto sus familiares en El Tepeyac, Granada, como en el Reparto Schick, en Managua, dicen desconocer su paradero y algunos hasta niegan su parentesco con los señalados.