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Apenas nacían, los revisaba, y si eran varones estaban sentenciados a muerte. Los arrancaba de los brazos de la madre y se adentraba en el monte. Al rato regresaba al rancho, sin el bebé. El silencio lo decía todo. La mujer pasaba su estado de puerperio, y poco a poco se disipaba el duelo por la pérdida del hijo, pero quedaban las secuelas psicológicas.

La escena de esta tortuosa historia ocurrió en una intrincada comunidad de Telpaneca, llamada Apagüipe, donde el hombre mantenía a “sus mujeres” aisladas de la civilización, porque no permitía contacto social con gente extraña a su grupo.

El horrible drama fue descubierto por médicos cubanos y nicaragüenses que anduvieron en toda Nicaragua realizando un diagnóstico para saber cuántas personas tienen discapacidad.

Cuando el hombre constataba que sus vástagos eran del sexo femenino, no rechazaba a las bebés, más bien se afanaba por asegurarles sus alimentos, pero el destino de las niñas sería tortuoso una vez que llegaran a la adolescencia.

¿Qué hacía con los tiernos?
Lázaro Lazo, quien desde hace nueve años da refugio a una parte de las mujeres abusadas por el hombre, en una pequeña finca, relató que una de las víctimas, a quien llamaremos “Dorotea”, le ha ido develando poco a poco el horror que vivieron ella y su hermana junto a “Hermidio”, de 44 años.

“Ella cuenta que les cortaba (con un machete) la cabeza en el patio de la casa (a los bebés) y los enterraba en una zacatera, debajo de un palo de guácimo”, relató el testigo de oídas.

Desde que los galenos cubanos y nicaragüenses de la Brigada “Todos con Vos” descubrieron el caso, el número de niños asesinados ha ido variando. Primero dijeron que los fallecidos eran dos, aparentemente gemelos, a quienes “su padre” les segó la vida cuando sólo tenían un mes de nacidos, pero luego señalaron que esos no eran los únicos, sino que las autoridades presumen que son seis los niños asesinados.

Hasta el momento, la Policía ha exhumado los restos de dos bebés en los alrededores de la casa donde vivían las víctimas y su victimario. Los cuerpos fueron enviados al Instituto de Medicina Legal, IML, para determinar mediante pruebas de ADN si tenían parentesco con “Hermidio” y la causa de su fallecimiento.

El Ministerio Público presentará el resultado de la pericia como medio de prueba de cargo contra “Hermidio”, en el juicio oral y público programado para mediados de enero de este nuevo año, en el Juzgado de Distrito para lo Penal de Madriz, con sede en Somoto. El hombre está acusado por violación agravada y parricidio múltiple.

Faltan por desenterrar cuatro bebés
Un agente policial de Telpaneca que participó en la exhumación de los dos primeros bebés, dijo a END que los cuerpos estaban en bolsas plásticas, y tenían una pequeña cruz rústica sobrepuesta en la región del pecho.

La Policía espera la llegada de un equipo del IML para buscar a los otros cuatro difuntitos, porque no se sabe dónde están sepultados. Los primeros dos fueron desenterrados, según una fuente policial, en el lugar donde el imputado dijo que los había decapitado y enterrado.

El comienzo de la pesadilla
La misma fuente reveló que las mujeres víctimas sufren trauma psicológico severo, aunque no le han querido contar a ningún extraño todo el drama que vivieron.

Son personas demasiadas tímidas, que crecieron en aislamiento, en extrema pobreza y sin ninguna instrucción. “Hermidio” las acostumbró a esconderse y a no tener contacto social con extraños.

Sólo Lázaro y su esposa conocen detalles de la monstruosa historia, debido a la confianza que han cultivado con las víctimas en estos años, sobre todo con “Dorotea”, quien de vez en cuando “suelta” algunas frases relacionadas con los dramáticos sucesos que vivió.

Ella ha relatado que su hermano las quería convertir --a ella y a su hermana-- en sus mujeres, desde que estaba vivo su padre, don J. M., quien reprendía con frecuencia a “Hermidio” por sus desviaciones, pero una vez que el anciano falleció, no hubo obstáculo, “quedó a sus anchas”, comenta Lázaro Lazo.

“Dorotea” dijo que para obligarla a tener sexo, su hermano la intimidaba colocándole la punta de un machete en las costillas.

También a sus hijas
Las violadas dieron a luz a dos mujercitas, quienes actualmente tienen 16 y 18 años. También nació un varón, pero su padre lo mató.

Otra de las hermanas abusadas, a quien llamaremos “Santos”, trajo al mundo otro varoncito, pero éste tuvo más suerte, porque se quedó en este mundo. Tiene unos 11 años. Fue adoptado por una familia vecina, y padece el síndrome de Down.

Personas de Telpaneca cuentan que este niño fue la primera pista para que los médicos comenzaran a desentrañar la incestuosa relación de “Hermidio” con sus parientes. Los galenos averiguaron por qué el menor fue entregado en adopción.

Pero la cadena de violaciones no paró con sus hermanas, porque el aberrado esperó que la hija mayor de “Dorotea”, “Rosa”, llegara a la adolescencia para también convertirla en su mujer. La embarazó, y supuestamente dio a luz a los gemelos, que a los dos meses de nacidos fueron ejecutados por su padre. De la otra hija menor, “Flor”, en la comarca sólo se dice que también fue abusada.

“Dorotea” lo odia y “Santos” lo ama
Según don Lázaro, “Dorotea” odia a su hermano por la horrible vida a la que la esclavizó después que muriera su padre. Cuando se refiere a él, sólo atina a decir: “Hombre malo, vuela cabeza”.

La mujer no quiere saber nada de su hermano, y pide “que lo maten, que lo maten…”, al recordar a sus retoños, a quienes por instinto materno arrullaba con cariño, pese a que sabía que eran frutos del mal.

Según don Lázaro, “Dorotea” odia a su victimario, porque hace unos nueve años la corrió del rancho junto a su hija menor, para quedarse con la mayor y convertirla en su pareja, lo que finalmente ocurrió. La joven procreó los gemelos que fueron decapitados.

La otra hermana, “Santos”, quien también vivió conyugalmente con “Hermidio”, según las autoridades policiales, defiende a su victimario y no quiere que esté preso. Desde que “estalló el escándalo”, la mujer desapareció.

Según la fuente policial, es la más extrovertida de las violadas, habla más, pero en defensa de él. La Policía la ha buscado por todas las vecindades de Telpaneca para que contribuya a esclarecer la muerte de los menores y a desenredar el hilo de la agria historia, pero no la encuentran.

El caso se denunció a tiempo, pero las autoridades no creyeron
Distintos organismos que defienden los derechos humanos han querido hablar con las víctimas de este abominable delito, quienes están en la finca de don Lázaro Lazo, pero hasta hoy todos los intentos han sido infructuosos, porque ellas se cohíben ante gente que no conocen.

No saben lo que es relacionarse socialmente con sus semejantes. Incluso, para las especialistas de la Comisaría de la Mujer de la Policía madricense, ha sido uno de los casos más difíciles para atenderlo psicológicamente, porque “no les sacan” palabras a las mujeres.

Según don Lázaro, hace unos siete años, mientras tramitaba papeles en la Policía de Telpaneca, denunció a las autoridades “las irregularidades” de la vida familiar de “Hermidio”, pero desestimaron su versión, y el tiempo fue el mejor aliado del abusador, quien siguió impunemente conviviendo como pareja con sus hermanas e hijas.

El pequeño productor --que reside en la comarca El Tamarindo-- acordó con su esposa darles acogida en su casa a “Dorotea” y a su prole, porque anduvieron mucho tiempo deambulando por las comarcas vecinas, sin casa, sin protección y sin alimentos.

“Aquí ayudan en los oficios domésticos menores, y el humanitario matrimonio no recibe apoyo de ningún organismo público o privado para mantenerlas”, comentó uno de nuestros informantes.

“Hermidio” era un hombre escurridizo
Según don Lázaro Lazo, para llegar adonde “Hermidio” tenía su rancho, hay que caminar varias horas a pie por un camino muy intrincado y montoso, porque está ubicado sobre una serranía. El hombre cree que después de la captura, la casa donde vivía el abusador quedó en abandono y ruinas.

Caracteriza a “Hermidio” como una persona rústica, bruta y de mucha torpeza en su actuar, que huye al contacto con otras personas.

Las pocas veces que salía de su casa, el victimario caminaba por el monte para evitar el camino, donde podía encontrarse con otras personas. Si escuchaba pasos o murmullos, se escondía en los matorrales. “Llegaba a una venta, compraba, y rápido regresaba”, anota don Lázaro. Para el sustento de la familia, “Hermidio” cultivaba granos básicos en su parcela.

Después que “Dorotea” y su hija menor fueron expulsadas por quien ya es llamado “El Monstruo de Apagüipe”, ella le pidió a don Lázaro que le ayudara a rescatar a su otra hija, “Rosa”.

“Entonces me fui con mi esposa, y ella --la mamá--, llevé un rifle 22, porque me dije: “Ni modo, si la autoridad no hace justicia… pues yo sí la voy a ir a traer, porque es un abuso lo que estaba haciendo él con las chavalas”, recuerda don Lázaro.

Añade que, por fortuna, cuando llegaron, “Hermidio” no se encontraba en el rancho, pero por si “las moscas”, se quedó vigilante en las afueras de la casa, mientras “Dorotea” y su esposa rescataban a “Rosa”, sin incidentes. Pero desde que las vio refugiadas en la casa de don Lázaro, libres de desmanes, “El Monstruo de Apagüipe” se declaró enemigo de su vecino.