Róger Olivas
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Eso que algunos llaman destino o “que nadie se va de este mundo sin pagar por lo que hizo”, es lo que pudo haberle ocurrido a dos individuos que condenados a largos años de prisión por narcotraficantes, fueron excarcelados por la inverosímil justicia nicaragüense, pero no lograron disfrutar su libertad: ambos perecieron violentamente.

El primero de ellos fue el hondureño Arnold Enrique Ponce Díaz, de 38 años. Éste pereció en circunstancias todavía no esclarecidas, pues se conoce únicamente que sujetos no identificados lo asesinaron de nueve balazos.

Conocido con el alias de “La Serpiente”, Ponce fue capturado por efectivos policiales de Chinandega durante el operativo “Agateyte”, la noche del jueves 26 de abril de 2007, en la localidad El Tempisque, jurisdicción del municipio de Puerto Morazán, que dejó la incautación de 676 paquetes de droga, equivalentes a 750 kilos de cocaína.

El catracho estaba condenado a cuatro años de prisión por coautoría en transporte ilegal de droga, y fue liberado insólitamente por orden del juez de ejecución de sentencia y vigilancia penitenciaria de Chinandega, Juan de Dios González Quintana.

Autoridades penitenciarias aseguraron en ese entonces, que Ponce Díaz no aceptó el tratamiento reeducativo, y lo calificaron como un interno de difícil manejo carcelario.

Lo mataron en bar

EL NUEVO DIARIO conoció que desde el domingo último, Ponce Díaz, comenzó a ingerir licor y siguió la farra en un bar ubicado en la décima calle, cuarta avenida del barrio Paz Barahona, en San Pedro Sula.

Se supo que a las tres de la madrugada del martes último, Arnold Enrique, quien seguía trabajando para el narcotráfico, fue acribillado de nueve balazos en diversas partes del cuerpo, en una evidente pasada de cuentas. El cadáver fue sepultado a las diez de la mañana del miércoles en Cofradía, departamento de Cortés, Honduras.

El “7 Plagas” también falleció

Saturnino Urbina Arévalo, de 55 años, conocido como “El 7 Plagas”, es el otro muerto. Él había sido condenado a diez años de cárcel, en Chinandega, por el delito de tráfico de estupefacientes. En octubre de 2008 recobró su libertad gracias al juez Juan de Dios González Quintana.

Falleció en un accidente a las 6:30 de la tarde del dos de enero de 2011, sobre la carretera que une Rivas con la comunidad indígena de Veracruz.

Según la Policía, Urbina Arévalo conducía en estado de ebriedad y a exceso de velocidad una moto Yamaha placa RI 1706, y al pasar por el sector de San Jacinto, la llanta delantera pasó sobre una piedra de 25 centímetros de ancho. Esto provocó que el motociclista perdiera el control y se estrellara contra un árbol de laurel.