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Un perro, cuyo nombre sólo su amo sabía, es el único testigo ocular de las circunstancias en que murió Edwin Romero, de 38 años, cuyo cadáver aparentemente su fiel can ya comenzaba a devorar.

El cuerpo sin vida de la víctima fue descubierto por su suegra Esperanza Rivera, quien llegó a visitarlo, y encontró al perro cuidando del cadáver de Romero.

Versiones extraoficiales indican que por algunas señas que tiene el occiso, al parecer, el can había comenzado a devorar una de las extremidades inferiores de su amo.

Se informó que Edwin Romero probablemente falleció a eso de las 11 de la noche del sábado.

Aunque el cuerpo de la víctima no presentaba señales de violencia, en la casa que habitaba Romero, en el barrio Laureles Norte, la Policía encontró muchas manchas de sangre, reveló una fuente vinculada a las investigaciones.

Romero tenía varias semanas de andar tomando licor, supuestamente decepcionado porque su pareja, Jakeline Niño Rivera, se había marchado de la casa por la adicción alcohólica de éste.

Los vecinos de Romero relataron que el pasado viernes lo vieron por última vez con vida en compañía de un hombre joven de tez blanca.

“A la casa de él” --de Edwin Romero-- “últimamente estaban viniendo muchos hombres de mal aspecto, y el callejón se había vuelto peligroso, porque hasta robos había”, afirmó una mujer que sólo dijo llamarse Rosa.

Al cierre de la presente edición, el forense del Instituto de Medicina Legal estaba practicando la autopsia para determinar si hubo o no mano criminal en la muerte de Romero conocido como “El Pelón”.

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