•   ESTELÍ y MATAGALPA  |
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Los familiares del esteliano Carlos Rodolfo Espinoza Arcia, muerto a tiros  en Estados Unidos el 28 de enero,  están exigiendo castigo para los oficiales de la  Policía de Maryland, que según ellos, “orquestaron una campaña” para hacer aparecer como asaltante de bancos al fallecido.


Los doliente señalaron que Espinoza Arcia no llegó a asaltar banco alguno, sino a hacer gestiones, porque ahí tenía ahorros, porque trabajaba honradamente, lo que le permitió adquirir una moto, computadoras y objetos que desaparecieron de la casa que rentaba allá, denunció María del Carmen Espinoza. Sólo les entregaron una impresora láser y dos pantalones y una camisa.


Francisca Arcia advirtió que tocará distintas puertas tanto en Nicaragua como en Estados Unidos para que los que mataron a su hijo y divulgaron en video lo ocurrido sean castigados,  aunque tienen el consuelo de saber que los policías que le dispararon están restrictos en sus unidades y son objeto de investigación.

En Nicaragua,  María del Carmen Espinoza y otros familiares del infortunado, sostuvieron reuniones con diputados de la Comisión de Paz, Defensa, Gobernación y Derechos Humanos de la Asamblea Nacional, quienes les prometieron acompañamiento para que todo se aclare.

Demanda captura
También Valentina Cortedano Montenegro está pidiendo justicia por su hijo asesinado en el municipio de Waslala, donde  el autor del crimen se moviliza como si nada hubiera pasado,  pese a la  orden de captura que Jerónimo Vargas, juez primero de Distrito Penal de Audiencia de Matagalpa, emitió contra el sospechoso.


Cortedano visitó al comisionado mayor José Ramón Calderón, jefe de la Policía de Matagalpa, para pedir justicia, y la  Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, donde le manifestaron que no puede ser posible que a esta fecha las autoridades no hayan capturado al homicida.


Juan Evangelista Rivera Cortedano fue asesinado el 11 de diciembre pasado,  de tres impactos de bala que le propinó por la espalda René Castro Valenzuela,  de 32 años, con quien discutió a la salida del bar “El Roco”, ubicado en Matagalpa.
El crimen se originó por un teléfono celular valorado en 300 dólares que doña Valentina  le había enviado de regalo a su hijo,  desde Estados Unidos, donde ella laboraba.