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Tres personas perdieron la vida de manera violenta en distintas comunidades rurales de Nueva Guinea durante el fin de semana, confirmaron las autoridades policiales.

Las victimas fueron Julio César Amador Pérez, de 70 años; Marcelino Méndez Vallejos, de 74, y Pedro Pablo Marín de 31, indicó el comisionado Ramón Castillo, jefe de la Policía en Nueva Guinea.

El robo, disputa por propiedades, y una supuesta confusión fueron los móviles de los tres crímenes acontecidos el fin de semana en ese municipio alejado de la capital.
Garroteada mortal

Al amanecer del sábado, en el campo de béisbol de la Colonia Naciones Unidas, 30 kilómetros al este de Nueva Guinea,  fue encontrado sin vida Julio César Amador.
El septuagenario murió a consecuencia de las lesiones que le causaron los garrotazos recibidos a manos de dos sujetos de los cuales uno está preso.

José Santo Cano Serrano, de 28 años, es el reo quien confesó su participación en el crimen, dijo el comisionado Ramón Castillo. Cano dijo que él sólo participó en sacarle de la bolsa del pantalón los 350 córdobas que portaba la víctima, agregó el jefe policial.

Por una manzana de tierra
Durante el violento fin de semana en Nueva Guinea, Marcelino Méndez Vallejos pereció de manera inmediata al recibir dos balazos en el tórax.

De acuerdo con las investigaciones hechas por la Policía, el autor del crimen fue Salvador Jaime Hurtado, con quien la víctima tenía problemas por “pelear” un cuarto de manzana de tierra.

Este homicidio tuvo como escenario la comarca Palmitán, 45 kilómetros al norte de la cabecera municipal. Hurtado, quien se dio a la fuga tras cometer el crimen, todavía no ha sido capturado por la Policía.

La tercera víctima
Otro que murió bajo el fuego de las balas en Nueva Guinea fue Pedro Pablo Marín, quien durante una fiesta se “camiseó”, cuando bailaba con una dama haciéndoles creer a los presente que era  para sacarse una pistola de la cintura.

Esto provocó que Marco Polanco creyera que Marín dispararía contra él, por lo que  desenfundó su arma y le disparó en la yugular. La víctima murió ocho horas después en el hospital de la localidad.

Polanco trató de huir de la escena del crimen, pero varios policías voluntarios y otros que participaban en el “bailongo” lograron detenerlo y lo entregaron a las autoridades, concluyó el comisionado, Ramón Castillo.