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Marina VillénEFE / Reportajes

La oxitocina es la hormona del cariño y la confianza, aquella que crea un vínculo de afecto y consolida las relaciones más estables y duraderas.

Ésta fomenta la unión entre las personas, la creación de lazos estrechos. Al mismo tiempo, está presente e influye en momentos tan importantes de nuestra vida como el proceso de enamoramiento, el acto sexual y la llegada al orgasmo, el parto, cuando se introduce por vía intravenosa para inducirlo, o la lactancia materna.

Al contrario de lo que se suele pensar, los sentimientos no se generan en el corazón, sino en el cerebro, y con la oxitocina se fortalecen sentimientos más duraderos y estables de amor y de compromiso, tanto entre la pareja como en el estrecho vínculo que surge entre la madre y el bebé.

Según un estudio llevado a cabo por un equipo de científicos de la Universidad de Pisa (Italia) en 2006, mientras que en los primeros momentos del enamoramiento abunda un elemento químico llamado neurotrofina, que provoca el deseo, con el paso del tiempo esa sustancia se desvanece y deja lugar a una hormona denominada oxitocina.

Hormonas influyentes
Las mariposas o ese especial cosquilleo en el estómago, los pequeños escalofríos de placer, el pulso disparado, el corazón que se sale del pecho,... todas estas sensaciones tienen una explicación muy racional.

El siquiatra José Miguel Gaona explicó que el amor, aunque no suene “especialmente romántico”, no deja de ser una conjunción de reacciones químicas, ligadas a otros estímulos como la alimentación, la actividad sexual o las aficiones similares”.

En ese tipo de reacciones químicas, que se dan en los momentos de enamoramiento y placenteros, intervienen la norepinefrina, la dopamina y la feniletilamina. Tienen además una función determinada, como es crear vínculos que permitan cuidar a la descendencia.

Asimismo, Joaquín Vea, profesor de Etología de la Universidad de Barcelona, declaró que “las endorfinas están presentes en mayor cantidad en el enamoramiento y que la oxitocina, que se produce después del orgasmo y cuando las madres amamantan a sus hijos, crea un vínculo de afecto”.

Según él, la relación entre hormonas y enamoramiento no es tan conocida. “No existe una relación clara entre el comportamiento y cómo los humanos vivimos esta respuesta emocional a nivel consciente”, es decir, sabemos que se eleva la producción de endorfinas, pero no lo que provoca ese aumento.

La ciencia, ¿creadora de amor?
La ciencia estudia los mecanismos biológicos del amor y el desamor, problemas que “en un futuro se podrán resolver por medio de la química”, aseguró el pasado mes de julio el médico y escritor Federico Ortiz Quezada.

El especialista indica en su obra “Amor y desamor” que “cuando dos personas se atraen sexualmente, una cascada de neurotransmisores recorre su cerebro y su cuerpo. Tales agentes son oxitocina, fenilenetilamina, adrenalina, noradrenalina, serotonina, dopamina, vasopresina, endorfina, así como las hormonas sexuales testosterona y estrógenos”.

Ortiz Quezada explicó que existe “toda una serie de hormonas relacionadas con el enamoramiento que se están investigando, las cuales contribuyen a que determinado tipo de animales sean fieles”.

Otorgó también como ejemplo de que la química puede contribuir a solucionar problemas vinculados con la sexualidad, el uso actual de fármacos para solucionar los problemas de disfunción eréctil y de la menopausia, entre éstos la disminución del deseo sexual, que es solucionado con testosterona.

¿Existirá un elixir del enamoramiento o del desamor? ¿Se podrá en un futuro estimular químicamente la atracción o simplemente eliminar ese sentimiento? El amor, la confianza y el cariño parecen tener mucha relación con las hormonas y son mucho más cerebrales e intelectuales de lo que imaginamos.