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  • EFE

Londres suele presumir de un influyente centro financiero y un gran legado artístico, pero tiende a ocultar que esa riqueza emana del antiguo comercio de esclavos, una incómoda verdad histórica que el museo londinense de Docklands revela ahora sin tapujos.

En un cara a cara con ciertos demonios de su pasado, Londres hace este año acto de conciencia y, con varios siglos de retraso, ha pedido perdón por su papel en el tráfico transatlántico de esclavos, uno de los capítulos más bochornosos del colonialismo europeo.

El pasado agosto, el alcalde de la capital, el laborista Ken Livingstone, no pudo contener las lágrimas al ofrecer sus "disculpas" por la participación de la ciudad en ese "crimen monstruoso".