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“La ley de salud de los republicanos me pondría en silla en ruedas”, así de tajante fue Carol Hardaway, una vecina de 63 años del estado de Maryland (EE. UU.), a quien le diagnosticaron esclerosis múltiple en 1990. Durante la mayoría de su vida, explicó Hardaway ante el Comité de Política del Caucus demócrata del Senado estadounidense, su patología degenerativa estuvo controlada y no necesitó de cobertura médica.

Pero a medida que su enfermedad empeoró, y tras sufrir dos ataques al corazón, solicitó varias veces cobertura médica a las aseguradoras en Texas, entonces, su estado de residencia, quienes se la denegaron una y otra vez por sus condiciones preexistentes.

Hardaway insistió en que la aprobación de la ley sanitaria que impulsó el expresidente Barack Obama en 2010 le cambió la vida, pero la decisión de otorgar a los estados la posibilidad de no expandir las ayudas en 2013- opción a la que Texas se acogió-, la obligó a mudarse a Maryland para poder continuar teniendo acceso a la sanidad. Madre soltera y 
con escasos recursos económicos, precisamente por sus condiciones físicas, Hardaway se convirtió en uno de los 14 millones de estadounidenses que obtuvieron seguro médico gracias a esa expansión amparada por la ley popularmente conocida como Obamacare. “Como saben, la esclerosis múltiple es una enfermedad neurodegenerativa que debilita. No hay cura.

Para mí ha supuesto reducción de la movilidad, fatiga, espasmos dolorosos (...). La ley de salud de los republicanos me pondría en una silla de ruedas”, insistió ante los senadores demócratas. La mujer se refirió así a los recortes de subvenciones planteados en la propuesta conservadora aprobada la semana pasada en la Cámara de Representantes.

Ante los legisladores también contó su historia Michael Dunkley, procedente de Virginia, quien con 64 años se dedica tiempo completo a cuidar de su esposa, quien sufre -como Hardaway- esclerosis múltiple en estado avanzado. En 2013, poco después de haber sido despedido de su trabajo, Dunkley fue diagnosticado con linfoma agresivo en fase 4, pero su cobertura de seguro expiraba a final de año al haber perdido su empleo.

Según relató, Dunkley pudo solicitar su seguro en el mercado abierto gracias a Obamacare pese a sus enfermedades, de manera inmediata, y no tuvo que hacer frente a los más de 35,000 dólares imposibles de pagar para él que costaba el tratamiento de quimioterapia. “En febrero de 2014, el Día de San Valentín, mi oncólogo me dijo que estaba en un 100% de remisión (...) de un cáncer que había cubierto mis pulmones, mi estómago, mi garganta”, explicó ante los senadores. Dunkley insistió en que “la protección del paciente” que alberga Obamacare, y que ahora los republicanos eliminarían del sistema, le salvó la vida, ya que las aseguradoras no le hubieran proporcionado un seguro de salud en su situación “con un cáncer masivo”.

“Creo que la única manera de avanzar es con un sistema único de pago, el que básicamente tiene toda nación avanzada en el mundo. Uno que permita a las personas enfermas seguir con sus vidas”, aseveró.

Acabar con el sistema de salud impulsado por Obama (2009-2017), que proporcionó cobertura sanitaria a más de 30 millones de estadounidenses desde que entró en vigor y redujo las bancarrotas por motivos de salud a más de la mitad en el país, es uno de los objetivos principales del nuevo presidente, Donald Trump.

La semana pasada, los republicanos de la Cámara Baja aprobaron un texto legislativo para derogar y sustituir la ley actual, con condiciones que le quitarían el seguro a más de 24 millones de personas en una década, 14 millones en el primer año.

 Además, los ultraconservadores lograron incluir en la legislación una disposición para retirar la protección al paciente con enfermedades previas, que incluyen patologías de lo más básicas, por lo que las aseguradoras podrían negarse a cubrir a los enfermos o exigirles pagos desorbitados.

No obstante, el proyecto de ley está ahora en manos del Senado, donde la mayoría republicana es mucho más estrecha y se espera que los demócratas y algunos de los conservadores más moderados se opongan a ella de forma frontal.