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A sus diecinueve años, Humberto Pasos Díaz ––nacido en Granada el 4 de agosto de 1890–– inició su carrera política-militar participando con singular arrojo en la revuelta de 1909 y 1910, conocida por Revolución de la Costa.

Cargos públicos

Desde entonces, ocuparía cargos públicos durante la Restauración Conservadora (1910-1928), siendo el primer Cónsul General de Nicaragua en Nueva York. En 1916 fu nombrado Jefe Político de Managua y, posteriormente, Subsecretario de Relaciones Exteriores y Ministro de Gobernación, puesto que dejó en 1923 para continuar de Cónsul General, esta vez en San Francisco, California. Allí aprovecharía su tiempo: tras estudiar y graduarse en la Walter Varney Flying School, de San Mateo, regresó “a su patria ––se informaba en un diario de la época–– coronado con la gloria de ser el primer aviador nacional, habiendo dado innumerables muestras de su valor y pericia en los aires.

Primer vuelo

Managua-Bluefields

A Corinto había trasladado, en barco y desarmado, su aeroplano “Varney” para armarlo y volar hasta Managua, donde fue aclamado por su feliz aterrizaje. Sin embargo, el presidente Bartolomé Martínez decidió esconder e inutilizar su aeroplano; pero Pasos Díaz lo encontró y reparó. Ya iniciada la guerra civil de 1926, con el piloto mecánico Mr. Raymond P. Ruttledge, realizaría el primer vuelo de Managua a Bluefields ––en su aeroplano “Golondrina”, marca Shallow–– el 1ro. de julio de ese año, aterrizando en la Isla del Venado. Un mes después estaba de regreso, por la misma vía, en la capital.

De allí saldría el 2 de octubre hacia Ciudad Rama, nombrado Comandante en Jefe de los Ejércitos del Litoral Atlántico. Pero muy pronto, en una emboscada de los revolucionarios liberales, fallecería de 36 años. Sobrino de Adolfo Díaz Recinos (hermano de su madre Emilia), Pasos Díaz se desempeñaba de nuevo como Ministro de Gobernación y, además, como delegado del Ejecutivo en la Costa. Hasta allí se había dirigido a defender el conservatismo del que era, según Emiliano Chamorro, una de “sus jóvenes y más brillantes esperanzas”.

Detalles de su muerte

Explorando el caño Fruta de Pan, sobre el Río Escondido, en la gasolina “León del Mar”, el general conservador ––con unos pocos subalternos–– fue atacado por un oculto retén enemigo de veinticinco hombres y una máquina Thompson. En la refriega, “una bala de máquina le penetró en la sien izquierda, muriendo una hora después”, según informe oficial. Eran las diez de la mañana del 4 de noviembre de 1926.

Esta tragedia conmocionó a todos sus amigos y correligionarios. Uno de ellos, Adolfo Calero Orozco, envió desde Managua el siguiente telegrama al Secretario del ilustre desaparecido en El Rama: “Aquí todos estamos consternados por la irreparable pérdida. Que la tierra sea leve para Humberto, y Dios le haya señalado un sitio entre los valientes y los nobles, como él lo mereció”. El Ejecutivo, además de prescribir luto por nueve días a los funcionarios y empleados, acordó tributar honores de Presidente de la República al cadáver.

Honras fúnebres

Este salió del Rama el 5 de noviembre a Bluefields, donde se veló en el Palacio Municipal; de ahí pasaría el 8 a la Barra del Colorado en la gasolina “Linda S”, acompañado de su hermano el ingeniero José Pasos Díaz y custodiado por seis oficiales del “Rochester”, barco de guerra norteamericano. El vapor Victoria lo recibió en el Raudal del Toro para conducirlo a San Carlos y Granada.

En esta ciudad, en Masaya y sobre todo en Managua ––adonde se enterraría solemnemente–– recibió notables honras fúnebres. Se prodigaron los discursos. Uno de los párrafos del pronunciado en Granada por el médico Germán Arellano Sequeira decía: “De su ilustre abuelo materno, el general don Carmen Díaz, poeta y soldado, heredó el general Humberto Pasos Díaz su talento y valor, su generosidad e hidalguía; mas también su alma de poeta, la cual hizo que Humberto se convirtiera en aviador para aproximarse, en su eterna aproximación de lo bello, a las regiones del cielo”.

Ecos de la prensa escrita

La prensa escrita no se quedó atrás. Su fulmínea muerte fue comentada ampliamente y reconocida su personalidad en los periódicos La Información y El Correo del Caribe, de Bluefields; en El Diario Nicaragüense y El Correo, de Granada; y en La Gaceta, El Comercio, El Diarito, El Independiente y La Prensa, de Managua. En este diario, su director Gabry Rivas externó que Pasos Díaz había sido “segado por la Parca, que produjo las hueste vampirezas, armadas por el Calígula de México, Plutarco Elías Cales”.

Finalmente, no quisiera olvidar que Manolo Cuadra, en Masaya ––al pasar el cadáver por esa ciudad–– pronunció uno de los discursos laudatorios y que las ofrendas líricas publicadas fueron cinco. La más importante, suscrita por el profesor Marco Antonio Ortega E. (abuelo de Daniel y Humberto) se tituló “La gloria del héroe”. Pasos Díaz (primo hermano de Adolfo Díaz Solórzano, padre de los Díaz Lacayo) había contraído matrimonio el 14 de agosto de 1911 y no procrearon hijos.