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Beltrán Morales

 

Todos los días insurreccionan nuevos poetas, todos los días se edita un poemario; no todos los días Raúl Xavier García reúne un puñado de quince poemas y viene a convertirse, así, en el número uno de la “Colección Popular”. Raúl Xavier García, además, no es nada nuevo: cuenta con la edad de Nicaragua, que es casi como decir cuenta con la edad de Egipto. Milenios. Sólo por una formalidad legal sabemos que nació hace cuarenta años, en Granada. Cuarenta años es mucho tiempo. Es, si no miento, el tiempo que la Bestia ha ultrajado a sus vasallos. La muy formidable Bestia no está ausente de los poemas de García, aunque de manera tocante y no cortante: el círculo mágico de la poesía toca, sin cortar, el infernal círculo del poder; aquí los poemas aluden, sin desgarrar.

Cuarenta años es poco tiempo, pero basta para que una persona envejezca. “Nadie –dirá Ana Ilce– diría que hemos envejecido.” La fotografía que del poeta nos regala la contraportada es la de un joven de treinta años: ese fue mi amigo. Está visto, sin embargo, que nunca podemos llegar a conocer bien a la mayoría de nuestros amigos. Por eso mismo los poetas juegan con ventaja: porque se les puede conocer por sus frutos literarios.

Ni personalmente ni en fotos conozco a Luis Cardoza y Aragón. Conozco, trato de conocer, sus frutos: una poesía cuyo báculo es la luz y el sueño. (En cuanto a su vida, todo poeta podría reubicar aquello que Lope dijo: “Mi vida son mis libros”). Cardoza castiga a los versificadores, y él mismo (presumimos) no se excluiría de esa casilla: “Tú, que tienes tiempo, cuenta las sílabas /de tu poemita.”

A Raúl Xavier no lo castigaría. Raúl Xavier desecha moldes exterioristas o interioristas. Mesurado balance. A una valiosa fórmula –llave– (“lo oscuro sucesivo”) que encontraríamos escarbando en el ordenado alud marino que representa la inleída “Rapsodia para el mulo”, él opondría una fórmula contraria y también valiosa: “lo claro sucesivo”. “Claro”: los quince poemas de Raúl Xavier son hijos de la diafanidad más transparente y evidente; y no confunden claridad poética con la claridad periodísitica.

“Sucesivo”: los quince poemas se dejan leer como un solo poema; no hemos terminado de respirar cuando ya del primero nos hemos deslizado al segundo, al tercero, al cuarto; la sucesión de un oleaje plenamente atrapado…

Cada poema es una ola, una oleada de jirones compactos que, reunidos en el reventar de la borla de blancos encajes, están más allá del malogrado fogonazo epigramático. ¿De jirones? Van a enfrentarse con las tiras, con los harapos de la bandera nacional: y después dicen que la Guardia es buena… Nadie, aquí, ha combinado tan bien la musa cívica con la pureza de la más refinada vena lírica. Las de García son “frases de andadura noble” (así lo hubiera querido Pedro Salinas) y no alarmantes lecciones de ideología a domicilio (así lo hubiéramos querido muchos teóricos marginales a través de versos parecidos a la prosa).

En “Louanne” retoma la manera del “Cantar de los Cantares”, remozándola; introduce nombres de lugares (Líbano, Sumatra, Bilwaskarma, Caratasca, Tibet, Babilonia, Gobi) sin que estos nombres tiñan el poema: el contexto sencillo, fácil, conversable, borra cualquier sospecha de exotismo. Las referencias geográficas son apoyo y no médula, soporte y no esencia.

“La “Exhortación fraternal” podría ser una nueva versión, un punto de vista nuevo más bien, de aquel tema, ya famoso, de Nicolás Guillén:

“No sé por qué piensas tú /soldado, que te odio yo”. Pero en García lo que está subrayado es el aspecto de hermandad que ha de existir, como presupuesto ideal, entre la víctima y el victimario: “No lo apuntes con tu Garand, hermano”. Son dos poemas con más parentesco de afinidad que de consanguinidad.

Raúl Xavier García, lazarillo acompasado, guía; hace que reconsideremos viejos prejuicios acerca del amor, del “amor con a minúscula”. ¿La razón? El poeta no habla del amor: ama.

“Es mentira” que seamos extranjeros en nuestra propia tierra; “es mentira” que nuestra imagen corresponda a la del “Retrato de un desconocido”: “es mentira” que estemos condenados a pintar de por vida “El triunfo de la muerte”. Con Raúl Xavier García, ahora sí, ya le estamos viendo las casas al pueblo.

Si hubiera que preparar una antología de poesía nicaragüense en la que cada poeta estuviera representado por quince poemas, no vacilaría un segundo en incluir estos quince hermosos, fundamentales y fundadores poemas de Raúl Xavier García.

 

Noviembre, 1977