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León Viejo es un vestigio histórico único en toda América Central. No sólo por su admirable estado de preservación sino por tratarse de una pionera urbe europea establecida en el Nuevo Mundo a principios del siglo XVI. Al ser abandonada tras 86 años de dramática existencia, sus ruinas quedarían soterradas. Por eso, a partir de su hallazgo arqueológico, ha constituido una especie de cápsula del tiempo representativa del proceso de sometimiento de las tierras conquistadas por los españoles.

El capitán Francisco Hernández de Córdoba, lugarteniente de Pedrarias Dávila —gobernador de Castilla del Oro (hoy Panamá)— la fundó a orillas del lago Xolotlán y a poco más de una legua del volcán Momotombo, en las inmediaciones del poblado indígena de Imabite. El acontecimiento tuvo lugar en noviembre de 1524. Su primer alcalde fue Sebastián de Benalcázar, posteriormente fundador de Quito, Calí y Popayán. Entre los primeros vecinos de León figuraba también al capitán Hernando de Soto, años más tarde descubridor de la Florida y del río Missisipí.

Hechos notables

La ciudad fue designada residencia del gobernador, así como sede episcopal y sede de la Caja Real. Sus primeros 33 vecinos españoles, incluyendo al clérigo Diego de Agüero, llegaron con Hernández de Córdoba; y su primer Concejo, de tres regidores, data de 1527. Para entonces ya había ocurrido el proceso y la ejecución de Hernández de Córdoba, quien se había rebelado contra Pedrarias, veterano en la Guerra Santa contra los moros. El fundador del asentamiento fue degollado en la plaza mayor en julio de 1526. Al año siguiente, Pedrarias se hizo cargo de la provincia; pero la abandonó pronto para ser residenciado por el nuevo gobernador de Castilla del Oro, dejando en su lugar a otro de sus lugartenientes: Martín de Estete. Pero en 1527 Diego López de Salcedo, gobernador de Honduras, se apropió de la provincia de Nicaragua, siendo recibido por el cabildo de León el 7 de mayo del mismo año.

Del 11 de abril de 1528 al 6 de mayo de 1531 gobernó la provincia Pedrarias Dávila. Aparte de impulsar las primeras construcciones de iglesias, conventos y viviendas, Pedrarias edificó la Casa Real de Fundición, donde se acumulaba el oro de rescate y, una vez fundido, se extraía el quinto real. Su gobierno se caracterizó por la crueldad con sus rivales políticos y, particularmente, hacia los indígenas. A 18 de ellos, victimarios de algunos españoles, ordenó descuartizar en la plaza mayor con perros amaestrados el 16 de junio de 1528.

Desde 1527 se había desatado una pandemia entre la población indígena, causando una gran mortandad precedida por dolores de costado y estomacales. Al reducirse la capacidad de trabajo de la población, devino una hambruna en 1528. Este mismo año los españoles iniciaron la exportación de indios esclavos —herrados en la cara y sin herrar— a Panamá y al Perú. El 26 de febrero de 1531 la iglesia mayor fue elevada a categoría de catedral y al año siguiente el concejo de la ciudad consideró necesaria la construcción de una fortaleza ante el peligro de alzamiento de los indios. Otra nueva pandemia brotó entre los indígenas, esta vez de sarampión, resultando tan letal como la anterior. Tras la muerte de Pedrarias, se permitió a los colones de Nicaragua que construyeran barcos para comercializar esclavos indígenas. En 1533 había de 15 a 20 carabelas en el puerto de El Realejo dedicadas exclusivamente a ese tráfico.

En noviembre de 1535 llegó con su esposa e hijos el nuevo gobernador, Rodrigo de Contreras. Además de introducir la carreta, Contreras excitaría a los vecinos a construir casas de tapia y tejas. Mientras tanto, en 1542 se consolidaba el poder real en el istmo centroamericano al establecerse la Audiencia de los Confines en la ciudad de Gracias a Dios. En consecuencia, las leyes nuevas —emitidas el 20 de noviembre del mismo año de 1542— prohibieron la esclavitud de los indios y crearon las reducciones de los mismos en pueblos, como acción clave para su control e indoctrinamiento. Los mercedarios y franciscanos se encargaron de las zonas del Pacífico de Nicaragua y Costa Rica, y de los territorios indígenas de matagalpas y chontales en la zona norte y central de la provincia.

En 1543 se dejaron sentir los cambios en León. Hubo un incendio en la Casa Real de Fundición, por lo que fue trasladada primero a la casa de Pedro de los Ríos —yerno de Contreras— y después a la del fundidor Antonio Rodríguez. El gobernador Contreras, yerno de Pedrarias Dávila, allanó el convento de La Merced e intentó incendiarlo. En 1544, la Audiencia de los Confines lo despojó de la gobernación y de los indios que tenía encomendados. De nada le sirvió su viaje a España para buscar apoyo, pues la Corona respaldó a la Audiencia. En 1545 fray Antonio de Valdivieso fue consagrado obispo y al llegar denunció hechos de corrupción en el gobierno de Contreras. Halló en León la fortaleza destruida y la catedral sin construir.

En 1546 el capitán Palomino, procedente del Perú, intentó apoderarse de la provincia; pero Contreras y sus hijos —con vecinos de la ciudad— acudieron a defender el puerto del Realejo. Contreras mantuvo una fuerza de 30 a 40 hombres en su casa durante cinco meses. También sustentó a otros 20 vecinos. En 1547 la catedral estaba a punto de concluirse, financiada por el obispo Valdivieso con la mitad de los diezmos. En 1548, en la jurisdicción de León, había 109 pueblos y parcialidades repartidos en 55 encomiendas, con una población tributaria de 5,714 indios. Los indios de las primeras encomiendas, en Nicoya y Nicaragua, pagaban en tributo y fuerza de trabajo.

En 1550 se alzó Hernando de Contreras, hijo del exgobernador Rodrigo de Contreras, asesinando el 26 de febrero de 1550 al obispo Valdivieso y robando la Caja Real. Hernando con su hermano Pedro y sus seguidores se embarcaron hacia Panamá, con ánimo de trasladarse al Perú en donde Hernando pretendía coronarse “Príncipe del Nuevo Mundo”. Saquearon Panamá, pero fueron derrotados en Nombre de Dios. Pedro desapareció y Hernando fue hallado muerto.

En 1551 las guerras civiles en el Perú alentaron la rebelión de Juan Gaitán y sus seguidores de Guatemala y Honduras. En León estaba desde 1550 Juan de Caballón como Fiscal de la Audiencia, nombrado Alcalde Mayor con funciones de Gobernador. Al recibir noticias de la cercanía de Gaitán, alejó a los buques del Realejo para que no cayeran en sus manos y preparó la plaza de León para ofrecer resistencia. El ataque fracasó y Gaitán fue apresado en el convento de La Merced, donde se había refugiado después de ser vencido.

En 1554 el vecino Momotombo produjo una erupción que lanzó grandes cantidades de ceniza sobre los techos y las calles. De entonces data esta completa: “Dios en su justicia / así nos ha visto / por haber matado / al señor obispo”. De 1570 a 1573 se repitieron fiebres y pestes desde Soconusco hasta Costa Rica. En 1576 y 1577 se dio la peste más grave ocurrida en Centroamérica. Causó gran mortandad en pueblos de indios, incluyendo los de Nicaragua.

En 1580 los oficiales reales, o funcionaros, no podían sustentarse de sus salarios y ni siquiera poseían casas decorosas para guardar la caja real. Además, se sufría una inflación: fuera de Nicaragua no valía siete reales el peso —equivalente a ocho— ni querían “recibir tal moneda fuera de dicha provincia”. Con todo, en 1584 los vecinos españoles aumentaron a 123, según unos, y hasta 150, según otros; ello implicaría que, contando a las familias y al personal de servicio, la población total de León Viejo habría llegado a unos 1,300 y 1,500 habitantes. La población indígena tributaria no creció sino que disminuyó, provocando desaliento entre los vecinos que veían reducirse sus encomiendas. Solo dos años después, en 1586, el desaliento de la población es muy claro, pues se informa que ya no se reconstruyen las casas que se caen y que los vecinos se van muriendo o se trasladan a Granada.

En 1594 continuaron los informes de casas derruidas que no se reparaban porque los vecinos no disponían de medios necesarios. Sin embargo, 120 vecinos poblaban León y poseían encomiendas de indios. La pesca en el lago, que era buena, contribuía a su alimentación. Pero el mismo año de 1594 un terremoto aterrorizó a la población provocando su éxodo, lo cual redujo las opciones económicas de la ciudad. En 1605 la diócesis no podía mantener más que un clérigo por la escasez de diezmos, derechos y limosnas. León se hallaba en sus últimos días.

Edificios y etapas constructivas

El primer convento, fundado en 1528, era “una pequeña choza de paja” construida por el mercedario Francisco de Bobadilla. El mismo año inició su periodo el gobernador Pedrarias Dávila, quien vivía en una posada, al igual que lo hiciera López de Salcedo, gobernador de Honduras. En cambio, Martín de Estete poseía una casa con cerca de tapias junto a la fortaleza recién construida. Ese mismo año, como se dijo, se inició la construcción de la “Casa de Fundición” para fundir el oro, plata y otros metales de la provincia. Las construcciones iniciales utilizaron materiales indígenas: horcones de madera, paredes de caña y barro, pisos de tierra. Destacaban la iglesia, las casas del gobernador y de otros calificados personajes.

En 1529 la iglesia era considerada la mejor de “estas partes”, aunque pobre en campanas y ornamentos. También había ya dos conventos: el de Santo domingo y el de Nuestra Señora de La Merced. En 1530 Pedrarias habitaba una casa con dos puertas y un portón a la calle, varios cuartos en el interior, un rancho espacioso y corral para caballos. Seguramente, fue cercada de tapias para defenderla del fuego. Las casas tenían cercas de tapia por la misma razón. Se estaba construyendo la iglesia y el convento de La Merced, con paredes de tapia y argamasa de talpuja. En 1533 la fortaleza estaba en muy mal estado y en 1535 completamente derruida. En 1539 el convento de La Merced se estaba reedificando con piedra, ladrillo y teja; y en 1542 ya tenía tres naves, arcos, rafas (pilastras) y esquinas, todo de ladrillos. Su techo era de tejas y las paredes de tapia. Se destacó Juan Meco —futuro alarife de Lima— como maestro constructor y Álvaro Zamora como carpintero.

Tres etapas constructivas se distinguieron claramente: 1524-1530: etapa primitiva (materiales indígenas); 1530-1534: etapa fundamental (tapia: tipo de material “al uso de España”: tierra y mortero compactado); y 1535-1550: etapa definitiva (casas de ladrillos y tejas).

Hacia 1545 la ciudad había logrado su más alto desarrollo constructivo, con casas bastante uniformes, pozos adobados y carnicerías bien abastecidas. El arqueólogo español Antonio Bonet Correa asegura que el plano lo conformaban 111 cuadras (el plano original de Lima fue de 117 cuadras) y 9x10 calles de 10 a 11 varas de ancho. La Plaza Mayor estaba ubicada hacia el centro, entre 4 manzanas al Norte, 6 al Sur, 4 al Oeste y 5 al Este (hacia el lago). Con base a las limpiezas y excavaciones de 1967 y 1968, fue elaborado un plano de la ciudad que indica un núcleo urbano de unos 1,000x500 metros en el que se observa un centro rectangular, ocupado por una plaza mayor de modestas proporciones y hacia el Este de ella, dando las espaldas al lago, se erigía la catedral, bautizada con el nombre de Santa María de Gracia. Al norte de la misma plaza, se levantaron las casas de gobierno.

Población

En 1545 León era considerado por sus habitantes el tercer centro urbano en importancia después de Guatemala y San Salvador, pero también “un pueblo pequeño donde todo se sabe fácilmente”. Su población la componían funcionarios reales (de la gobernación y del cabildo), religiosos, guardias y criados, artesanos, plateros, cirujanos, encargados de las minas y encomenderos. En 1548 había 59 encomenderos residentes que recibían tributos de 90 pueblos de indios.

Luis de la Rocha —regidor en 1527— poseía 5 pueblos con 310 indios (promedio de 62 indios por pueblo); Benito Díaz —otro regidor— en 1530, 7 pueblos con 300 indios (promedio de 43 indios por pueblo); Iseo de Santiago, viuda de Mateo Lezcano —alcalde en 1529— 235 indios; y Hernán Nieto, 3 pueblos con 290 indios (promedio de 97 indios por pueblo).

Otros registros del mismo año de 1548 indican que en toda la jurisdicción de León había 109 pueblos y parcialidades repartidos en 55 encomiendas, con una población tributaria de 5,714 indios. Un tercer dato de 1548 confirma que había efectivamente 59 encomenderos en León y que las encomiendas “en cabeza de S. M.” (el Rey) eran 19.

En 1578 se registraban 62 vecinos españoles, de los cuales 27 eran encomenderos. En 1584 indica un total de 150 vecinos con 97 pueblos y 5,150 tributarios. En el año del terremoto de 1594 aún se encontraban 120 vecinos en la ciudad. Pero en 1603 solo quedaban diez casas en la ciudad, de manera que su abandono era inminente.

El 11 de enero de 1610 se dio la más violenta erupción del Momotombo. Entonces el obispo Pedro de Villarreal alentó a la población para trasladarse —portando el Santísimo Sacramento, insignias reales y campanas— a otro sitio con más disponibilidad de recursos: agua, tierras aptas para la agricultura, proximidad al mar y suficiente mano de obra indígena. El 16 de enero se clava el estandarte violeta de las armas de Castilla, cerca de un frondoso árbol de guásimo, en el nuevo asentamiento, próximo al pueblo indígena de Sutiava. El 17 es celebrada la primera misa y el 19 se traza el plano por orden del capitán y alférez mayor Pedro Munguía de Mendiola, quien también es el alcalde ordinario de la ciudad destruida. La Gobernación de Guatemala autorizó la decisión del traslado el mismo año y el 9 de abril de 1619 lo haría el rey de España.