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“Déjate llevar por el niño que fuiste”

 

(José Saramago)

 

Existe un mundo mágico

y real al mismo tiempo;

una época de mi recuerdo,

el espíritu donde viví mi infancia

en una vieja hacienda

llamada Santa Úrsula.

 

Al subir sus escalones, yo no sé

si el tiempo pasa

o si soy yo un habitante eterno de mi infancia,

el niño oteando en el reino del mar

salido de un libro abierto de aventuras.

 

Páginas que ojeaba feliz el viento de abril,

y el búho en el anochecer;

faunos y duendes habitan el camino

donde yo tropiezo conmigo mismo.

 

Hoy observo desde la atalaya de la vieja casa

en el umbral de la puerta,

la ciudad dormida en sus tejados

y en sus cúpulas cristianas… los años lejanos,

el ubérrimo bosque imaginario

con el aroma de un sueño antiguo.

 

Yo decretaba con un toque a las dormilonas…

En las sendas lluviosas se despertaban las acuarelas

y yo deletreaba curioso con las mayúsculas de primavera

saliéndose del prisma, la silaba de sangre:

filantrópica, encarnada, coreando onírica en mi sien.

Yo soy el niño observando en el umbral…

 

Leonel Lacayo Maliaño