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La primera vez que leí un poema de Guillermo Rothschuh Tablada (27de mayo de 1926), fue el mes de junio del año 2009, como resultado de mis investigaciones en los archivos del Centro Escolar Pablo Hurtado. Mis ojos se desorbitaron al concebir que estaba frente a una de las figuras más importantes de Chontales. Además, descubrí una nueva faceta en su vida pedagógica, él escribió con su puño los himnos de los dos centros estatales de mayor prestigio en el departamento: el INCH–CEPH, así como el himno de la extinta Academia de Ciencias y Letras.

Como caso ejemplar el himno del CEPH fue musicalizado por Julio Max Blanco, director de una famosa orquesta nicaragüense que deleitaba refinadas fiestas y tertulias; músico de fama nacional.

El colosal trabajo del poeta Rothschuh Tablada lo conocí cuando estaba a punto de graduarme de maestro normalista; me asombré al ir descubriendo –a mi manera–, cada dato y detalle sobre su vida literaria de tiempo completo.

Una peculiaridad entre Guillermo y Eduardo Avilés Ramírez –le dernier grand chroniqueur– es qué los dos han sido extirpados de los libros de educación primaria y secundaria, olvidados, aun siendo de conocimiento público la calidad de sus obras pulcras que se renuevan perennemente al paso de los días.

Don Guillermo acaba de cumplir 87 años de batallar por una mejor educación en este país; fue fundador de los liceos agrícolas de Chinandega, Matagalpa y Chontales; igualmente de la Escuela de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua.

Como testimonio de su grandeza pedagógica tenemos a los dos centros de educación en Chontales que en su época florecieron con notoriedad nacional, y los 53 años de carrera literaria, ya que su primer libro: Poemas chontaleños, lo publicó en 1960, luego prosiguieron las obras que enriquecieron las bibliotecas y el acervo cultural del país: Escritos pedagógicos (1968), Santiago, el Cid y el Quijote: Tres caballeros

de España (1971), Whitman, Neruda y Darío (1973),Veinte elegías al cedro (1974), Cinco pioneros y una provincia (1976), Quinteto a Don José Lezama Lima (1978), entre otras obras que rescatan la chontaleñidad.

El trabajo pionero de este Juigalpino debe ser divulgado, para que no se disuelva en esta ciudad de las objeciones. Guillermo: te diste a Chontales y Chontales no te ha correspondido. Espero que todavía lo haga.