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Juan Carlos Vílchez

 

Friedrich Rudolf Hans Schratzmännle Hohl nació el 21 de Junio de 1916 en Düren, (Renania-Westfalia), hijo del capitán y piloto de avión Rudolf Hohl y de su esposa Gustava. Su extraño cuarto nombre hace referencia al nombre de un cerro en los Vosgos, donde los alemanes perdieron una cruenta batalla contra los franceses y donde murió un amigo cercano de la familia.

Hohl fue el amigo entrañable del sociólogo Niklas Luhmann. Ambos se conocieron en Freiburg, en 1946, como estudiantes de derecho, cuando iniciaba la reconstrucción de los destrozos de la guerra. Hohl, quien era once años mayor, ya había sido oficial del ejército alemán, con irreversibles traumas causados en 1939, en el frente de Polonia.

Los daños alcanzaron el corazón, pulmones y columna vertebral, con tanta gravedad que fue declarado muerto y depositado en una bodega. Esta vivencia clave de la muerte tan cercana impregnará en lo sucesivo toda su vida y obra posterior. Sobrevive gracias a los cuidados especiales de una monja polaca.

En 1943 pierde un antebrazo en el frente de Italia, convirtiéndose en un inválido definitivo. Antes de finalizar la guerra se integra a grupos de resistencia antinazi, con conocidas familias opositoras al régimen, como los Bonhoeffer.

Además de sus estudios de derecho ambos amigos compartían su amor por la filosofía y el arte. El intercambio y debate intelectual y espiritual fue el motor de su activa y duradera relación. Hohl era el Alter Ego de Luhmann en el sentido de Cicerón: “verus amicus est tamquam alter ídem” (un amigo verdadero es –por así decirlo– nuestro otro yo).

En los años sesenta, torturado por los dolores, secuela de sus traumas de guerra, Friedrich Hohl tuvo que abandonar su carrera de docente de derecho y concentró sus esfuerzos, apoyado siempre por su amigo, en la escritura de poesía. Los consejos de este, de finalmente publicar sus poemas, no tuvieron sin embargo ningún efecto en Hohl. Su legado poético abarca 470 poemas escritos a mano, de los cuales 250 fueron transcritos a máquina en su forma definitiva.

Los poemas de Friedrich Hohl son testimonios del profundo conflicto de un intelectual alemán entre 1950-70, con la propia e irreconciliable historia. El escritor Paul Celan, quien era para Hohl la más importante referencia poética, se había precipitado al Sena en 1970. La mayoría de los de su generación, que habían sobrevivido a la muerte y a la experiencia del genocidio de los campos de concentración, quedaron profundamente marcados.

Sus poemas reflejan la identidad de su contrario, crecido en el caos de la guerra y en búsqueda de una realidad quizás más aprehensible y verdadera a través de la palabra. Este intensivo trabajo sobre el lenguaje era compartido con su amigo, quien paralelamente también estructuraba una excepcional teoría del lenguaje pero desde la sociología. Ambos intercambiaban sus últimas propuestas, teorías, diseños, manuscritos, nuevos conceptos, etc.

Según Luhmann, lo que le interesaba a Hohl era escribir en los límites de la poesía, pues los propios límites del cuerpo eran, desde mucho tiempo atrás, apenas resquebrajados desechos. La indiferencia hacia todo y hacia si mismo cruza transversalmente toda la actitud del poeta. La teoría sistémica creada por Luhmann fue el principal punto de contacto entre ambos, cuyo núcleo central, Hohl intentó introducir en el lenguaje poético, tratando de construir con éxito una forma de “Poesía Paralela”, que estuviera en la capacidad de trascender el lenguaje científico para expresarlo todo de otra manera. El 13 de junio de 1979 Hohl murió en una clínica de Freiburg. En su lápida los amigos inscribieron “Soplo de rosas, abiertos soles”, pensamiento inspirador de uno de sus ciclos poéticos, con el mismo título, que es resultado de la vivencia extrema de Hohl con la muerte, donde describe su viaje a través de un túnel, cuyo extremo se abre a la luz del sol y al vaho de las rosas.

Estas palabras, que contradicen todas las teorías racionales, son las únicas mías –decía Hohl– y son las que han motivado al Dr. Clemens Luhmann, hijo de Niklas Luhmann, a preguntarse por muchos años quién había sido ese misterioso personaje amigo-hermano de su padre y en consecuencia treinta años después de su muerte, a la identificación, clasificación, recopilación y publicación de una antología de la poesía de Friedrich Hohl, con el título “La poesía como pasión”, aparecida bajo el sello editorial “Wilhelm Fink, Munich, en 2012.

En esta primera traducción de la poesía de Hohl al español, cuya muestra ofrecemos como primicia a los lectores nicaragüenses, hemos tratado de respetar, en lo posible, la intencionalmente disgregada precisión de la sintaxis, versos atípicos, signos de puntuación sin normas, en fin, desestructuración de las formas poéticas, muchas veces incomprensibles, no sólo en alemán, sino también en cualquier lengua.

Los textos aquí presentados, así como el resto de su obra poética, surgen del dolor y la experiencia vital de una historia personal intensa y contradictoria, de una época extrema en acontecimientos sociales, políticos y emocionales, en el contexto de un conflicto íntimo entre racionalidad, cultura y sensibilidad humana.

Se trata de una poesía desagregada por el sufrimiento, rompiendo los límites de formas poéticas ya estructuradas, desdibujadas a través de un lenguaje denso pero maleable, conceptual pero flexible, para nuevamente recomponerse de manera racional en otro orden de nuestro cerebro; así, del mismo modo como observamos la pintura de Francis Bacon deformarse y luego integrarse en su totalidad, con una nueva dimensión, en otro nivel de nuestra percepción.

La poesía de Hohl no hace concesiones al lector, está escrita para reflexionar y profundizar en los esenciales abismos y grutas del ser y de la conducta humana, alejada de cualquier moda o corriente literaria. No es poesía filosófica o sociológica, sino más bien sufrimiento y asombro concentrado, para transmutarse en gotas de pura, transparente, efectiva racionalidad poética. O como algunos apuntan: una poesía de la más auténtica, depurada y dolorosa racionalidad.