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La Fundación Ortiz Gurdián tiene una vasta colección de arte internacional donde sobresale el arte latinoamericano y dentro de éste el centroamericano. El nuevo montaje del Centro Cultural, en León, ha dividido este legado en las cuatro casas que conforman esta institución; en esta oportunidad, la casa Derbyshire acoge un conjunto de obras de la colección pictórica de Latinoamérica, que reúne a creadores diversos, desde algunos ya considerados maestros en sus países, otros muy reconocidos nacional o internacionalmente y también propuestas de jóvenes y talentosos creadores.

La exposición está dividida temáticamente. En uno de los patios se muestra “Formas, color y vida” y en el otro “Mirando desde adentro”. Esta división está relacionada con dos sensibilidades distintas, la primera hacia la abstracción, algunas veces en los límites de la No Figuración y la segunda al interés por representar la figura humana a partir de aproximaciones personales.

En “Formas, color y vida” las propuestas son variadas. Entre los maestros del arte latinoamericano que participan en esta sección, está el peruano Fernando de Szyszlo, el guatemalteco Roberto González Goyri y el costarricense Manuel de la Cruz González. Estos nos llevan desde la relectura de las culturas precolombinas en “Interior” de Szyszlo o la hecha a las ruedas de las carretas tradicionales costarricenses en la laca abstracto-geométrica de González Luján, o nos conducen al lirismo simbólico de González Goyri en “Diálogo Imposible” y una obra sin título.

Algunos de los pintores presentes en la exposición sobresalen por la forma personal en que representan, dentro de la no figuración, la espacialidad, ya sea dentro de la tendencia abstracto geométrica o lírica. En la primera se puede mencionar la pintura-collage “Proyección del sol” de Leonel Vanegas de Nicaragua, obra que incorpora texturas reales y “Siempre te vas”, pintura de gran sutileza de Antonia Guzmán de Argentina. En la segunda tendencia se puede mencionar “El Retiro” de Mauricio Gómez Jaramillo de Colombia o “Penetración” de Ramiro Llona de Perú; Gómez empleando una pincelada corta con la que construye un espacio pictórico que se asemeja a un tejido y Llona como un excelente representante de la energía que caracteriza el expresionismo abstracto. Expresionista también por la fuerza del trazo y el color es Pérez Cellis de Argentina con la pintura “Corazón de las Américas”. Es importante mencionar aquí también la obra sin título del salvadoreño José Rodríguez, que sobresale por la valoración que éste otorga a la expresividad de la mancha y al relieve.

Algunas artistas evidencian su interés en plasmar el movimiento no solo a través de la fuerza de la pincelada, como hemos visto en los pintores anteriores, sino mediante la forma, como es el caso de la nicaragüense Ilse Ortiz de Manzanares en “Tiempo, vida, vuela”.

Entre los creadores más jóvenes, presentes en la exposición, podemos señalar a Fabricio Arrieta de Costa Rica y los salvadoreños Ronald Morán y José David Herrera. Las propuestas de los tres son muy diferentes, desde el cuestionamiento a partir de lo propiamente pictórico por parte de Arrieta; a la anulación de los objetos, y con esto de sus significados, en la obra “Bowl” de Morán en o la gestualidad de Herrera en “Las 23 líneas del tren hasta la música de tu boca”.

En esta primera sección se incluyeron también algunas obras figurativas, pero no obstante de caracter abstracto geométrico, estas son: la del maestro nicaragüense Alejandro Aróstegui “Ciudades del Pacífico de Nicaragua” y la del cubano Humberto Calzada “Homenaje a Wifredo Lam”; la primera un paisaje de carácter abstracto y la segunda un homenaje a la pintura de Lam a través de la inclusión de algunas de sus obras dentro de un espacio arquitectónico. También figurativa, pero de marcada geometrización, es la obra del nicaragüense Arnoldo Guillén: “Luna en el Montesacro”.

Por su lado, la exposición “Mirando desde adentro” presenta un conjunto de pinturas que tienen como eje central al ser humano. Éstas están divididas en dos grupos, el primero relacionado con el retrato y la figura humana, plasmada ya sea de forma contenida y reposada o agresiva; y el otro que presenta al ser humano de forma expresionista. Ambas visiones se contraponen en aras de brindar al espectador una lectura que lleve de mirar a ser mirado.

En relación con los retratos, éstos plantean diferentes formas de comunicación. “Cuestión de familia I y II”, del artista hondureño José Santos Arzú, evidencia la mirada protectora de los antepasados que se constituyen en una compañía constante. Opuesto a esta mirada protectora, es la inquietante del autorretrato del dominicano José García Cordero, quien además luce acompañado de un ser mountruoso, con lo que la interpretación se amplia hacia la representación de los conflictos internos de las personas; cabe decir que ambas pinturas sobresalen por el realismo en la representación de los rostros. Diametralmente diferente al autorretrato de García Cordero, es el “Autorretrato con bizcocho” de María Raquel Cochez de Panamá, que está ligado mas bien con un problema muy actual: los trastornos alimenticios.

Valorando propiamente lo pictórico, característico del arte moderno, es la obra sin título del pintor cubano-hondureño Gelasio Jiménez, donde se representa un hombre de mar, que parece mirar directamente al espectador. Como imagen genérica, de apariencia atemporal, que a diferencia del personaje de Jiménez, parece mirar desde dentro de sí, está la mixografía “Hombre” de Rufino Tamayo, figura evanescente característica del estilo de este Maestro mexicano. También de apariencia ancestral son las hieráticas figuras de mujeres negras del costarricense Leonel González, que desde el corredor de su vivienda caribeña parecen mirar fuera de la obra. Es importante mencionar también aquí la pintura del nicaragüense Roger Pérez de la Rocha titulada “Alumbramiento”, trabajo con fuerza en el empaste que presenta a dos mujeres y un niño, que, pese a lo dulce que podría parecer el tema, es una obra de tendencia expresionista por el abocetamiento de las figuras y el uso reducido del color (ocres y negro en contraste con el blanco).

La lucha que se establece con uno mismo, o con una sociedad considerada injusta, está presente a través del dejo doloroso y violento de los trabajos más expresionistas. Podemos señalar aquí las pinturas del hondureño Byron Mejía “Reposando en el vacío I y II” en donde los personajes, o mas bien sus osamentas o casi sombras, evidencian soledad y abandono. Al igual que Mejía con un carácter eminentemente de denuncia social, se pueden señalar las pinturas del guatemalteco Francisco Auyón, correspondientes a la “Serie de Vasos”, en donde unos atormentados personajes no parecen encontrar salida. El hondureño Armando Lara, pintor de amplia trayectoria, está bien representado con la pintura “Enigma subyacente” que puede ser vista también desde la óptica de la angustia de aquellos seres que no tienen dominio sobre su propia vida. Otro hondureño, Ezequiel Padilla Ayestes, en la obra “Mujeres”, plantea, gracias a la fuerza expresiva del trazo, al movimiento de las figuras y a la intensidad del color, la agresividad manifiesta en el ser humano, lo hace a través de un grupo de mujeres que se enfrentan entre sí.

Los conflictos humanos, en el plano amoroso, también están presentes, en este caso en la obra “Tu amor me enloquece” de la panameña Olga Sinclair, donde el abrazo amoroso se torna en lucha cuerpo a cuerpo, como una forma de medir el poder.

Otras propuestas de esta Nueva Figuración, que toma fuerza a partir de la década del setenta, son las del venezolano Edgar Sánchez con la pintura “Pieles Gestaciones” y Hugo Palma de Nicaragua con “Proyecto 2003 - Acto segundo Vagas figuras del sueño”. Los personajes de Sánchez lucen atemporales como figuras de ensueño, mientras que las de Palma, por el cromatismo, en donde predominan los ocres, y la tendencia hacia la geometrización están mas relacionadas con lo telúrico, con lo ancestral. Por su lado, con un lenguaje posmoderno, César Menéndez de El Salvador, con su “Elegía del tiempo”, plantea a partir de imágenes fragmentarias un espacio metafísico. Muy lejano a la figuración de las últimas pinturas mencionadas, es el trabajo sin título, de carácter mas gráfico, de Rolando Xicará de Guatemala, que representa la sombra de un cuerpo femenino, de dejo erótico, dentro de un ambiente íntimo. Lo femenino tiene protagonismo también en la obra “Solo para socios” de Fernando Toledo de Panamá, a diferencia de la pintura de Xicará, en el trabajo de Toledo, mujer y naturaleza se mimetizan.

Para finalizar es fundamental agregar que la exposición recibe al público, en la entrada, con la obra de dos pintoras nicaragüenses, Claudia Fuentes de Lacayo y Rosario Ortiz de Chamorro, la primera con cuatro trabajos abstractos que forman parte de una sola propuesta: “Glifos” y la segunda, que se muestra interesada en la naturaleza, con una pintura que representa la orquidea “Catleya Roja”. De esta forma los dos patios de la Casa Derbyshire se convierten en escenario de esta muestra artística diversa de pintura de nuestro continente, de las últimas tres décadas, y permiten al público conocer el interés de la Fundación Ortiz Gurdián por preservar el patrimonio pictórico de Latinoamérica.

 

* Curadora, Historiadora de Arte. Catedrática de la Facultad de Arte de la Universidad de Costa Rica, UCR.